ITER: la apuesta por la energía del Sol en la Tierra

CIENCIA Agencia de Noticias del Interior
sol
  • La fusión nuclear es el mismo proceso que produce la energía del Sol y las estrellas.
  • ITER busca reproducir esa reacción en la Tierra mediante un reactor experimental.
  • La fusión es más segura que la fisión porque no depende de reacciones en cadena.
  • No genera residuos nucleares de larga duración ni emisiones contaminantes.
  • Un kilogramo de combustible de fusión equivale a millones de kilos de combustibles fósiles.
  • El desafío central es transformar la viabilidad teórica en una aplicación práctica a gran escala.

La humanidad lleva décadas buscando una fuente de energía que sea capaz de combinar tres cualidades que hoy parecen difíciles de reconciliar: abundancia, seguridad y bajo impacto ambiental. En ese camino, la fusión nuclear aparece como una de las promesas más ambiciosas de la ciencia contemporánea. El proyecto ITER, uno de los desarrollos científicos más complejos y costosos jamás emprendidos, intenta precisamente eso: reproducir en la Tierra el mismo proceso que alimenta al Sol y a las estrellas.

A diferencia de la fisión nuclear, utilizada en las centrales nucleares tradicionales, la fusión se basa en la unión de núcleos atómicos ligeros. Mientras que la fisión libera energía al romper núcleos pesados en fragmentos más pequeños, la fusión genera energía cuando núcleos livianos, como los del hidrógeno, se combinan para formar uno más pesado, el helio. Este proceso es el responsable de la inmensa cantidad de energía que emiten las estrellas y el motor que mantiene activo al Sol desde hace miles de millones de años.

En el interior solar, las temperaturas alcanzan unos 10 millones de grados. A ese nivel de calor, los átomos se mueven a velocidades extremas y los núcleos de hidrógeno logran vencer las fuerzas de repulsión eléctrica que normalmente los mantienen separados. Cuando se fusionan, parte de la masa original desaparece. Esa “pérdida” no se esfuma: se transforma en energía, tal como lo describe la célebre ecuación de Albert Einstein, E=mc². Aunque la cantidad de masa convertida sea mínima, al multiplicarse por la velocidad de la luz al cuadrado el resultado es una liberación energética colosal. Cada segundo, el Sol transforma cientos de millones de toneladas de hidrógeno en helio, sosteniendo así la vida en la Tierra.

ITER busca replicar ese fenómeno en un entorno controlado mediante un dispositivo llamado tokamak, donde el combustible se mantiene en estado de plasma a temperaturas extremas. La clave del proyecto no es solo demostrar que la fusión es posible, algo que la física ya ha probado en laboratorio, sino lograr que sea viable desde el punto de vista técnico y energético: producir más energía de la que se consume para iniciar y sostener la reacción.

Uno de los principales atractivos de la fusión nuclear es su perfil de seguridad. A diferencia de los reactores de fisión, no se basa en reacciones en cadena que puedan descontrolarse. Si se interrumpe el suministro de plasma, el proceso se detiene de inmediato. No hay riesgo de explosiones ni de accidentes catastróficos como los que marcaron la historia de la energía nuclear tradicional.

También se la considera una fuente limpia. La fusión no genera emisiones de gases de efecto invernadero y no produce residuos nucleares de larga vida. Solo algunas partes del reactor se activan levemente, y esos materiales podrían reutilizarse tras un período relativamente corto, del orden de un siglo. En un contexto de crisis climática y calentamiento global, estas características explican por qué muchos científicos y ambientalistas reclaman una mayor inversión en este tipo de desarrollos.

El potencial energético es otro de sus puntos fuertes. Un solo kilogramo de combustible de fusión podría generar la misma energía que unos 10 millones de kilogramos de combustibles fósiles. Además, los elementos necesarios —principalmente deuterio y tritio— son abundantes. Las reservas estimadas permitirían abastecer a la humanidad durante miles, e incluso millones de años.

El principal obstáculo sigue siendo el salto entre la teoría y la aplicación práctica. ITER no promete resultados inmediatos: su horizonte se mide en décadas. Sin embargo, sus impulsores destacan que el progreso en la física de plasmas ha sido constante durante los últimos 40 años, con un ritmo comparable al avance de los transistores o de los aceleradores de partículas. Para ellos, la fusión no es una quimera, sino una meta lejana pero alcanzable, que podría redefinir el futuro energético del planeta.

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto