Refinanciar no es endeudarse: la defensa oficial frente a las críticas por el swap y la deuda

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • El Presidente defendió el uso de un nuevo préstamo para cancelar parte del swap con Estados Unidos.
  • El oficialismo sostiene que refinanciar vencimientos no implica aumentar la deuda pública.
  • El argumento central es la ausencia de déficit fiscal y la caída del peso de la deuda sobre el PBI.
  • El Banco Central registró una baja del swap y un alza equivalente en obligaciones con organismos internacionales.
  • No se informaron detalles sobre la entidad prestamista ni las condiciones del financiamiento.
  • El debate refleja la disputa de fondo sobre la sostenibilidad y la normalización financiera de la Argentina.

El presidente Javier Milei volvió a intervenir en el debate económico para respaldar la estrategia financiera de su Gobierno, en medio de cuestionamientos por el uso de un nuevo préstamo para cancelar parte del swap con Estados Unidos. A través de sus redes sociales, el mandatario compartió el análisis de un economista que relativizó el impacto de la operatoria y rechazó que implique un aumento del endeudamiento. El mensaje presidencial apuntó, una vez más, contra quienes desde mediados de 2025 advertían sobre un presunto riesgo de default.

El eje de la discusión gira en torno a una práctica habitual en los Estados con acceso regular a los mercados financieros: el refinanciamiento de vencimientos de deuda. Según el especialista citado por el Presidente, existe en la Argentina una confusión extendida que equipara cualquier operación de este tipo con un incremento del pasivo público. En realidad, sostuvo, los gobiernos solventes no amortizan íntegramente su deuda, sino que la renuevan de manera permanente, pagando intereses y postergando el capital.

Bajo esa lógica, refinanciar no implica endeudarse más, sino reorganizar plazos. El argumento cobra fuerza, según el análisis, cuando se observa la situación fiscal actual: sin déficit presupuestario, el Estado no necesita emitir nueva deuda para cubrir gastos corrientes. Por el contrario, el peso del endeudamiento sobre el Producto Bruto Interno habría mostrado una tendencia descendente a lo largo de la presidencia de Milei, como resultado del ajuste fiscal y del crecimiento nominal de la economía.

Las declaraciones se conocieron en simultáneo con un movimiento contable registrado en el balance semanal del Banco Central correspondiente a fines de diciembre de 2025. Allí se observó una caída de unos 2.500 millones de dólares en el rubro “Otros pasivos”, vinculado al swap de monedas con el Tesoro estadounidense, y un incremento equivalente en “Obligaciones con organismos internacionales”. La lectura fue clara: el Gobierno devolvió los fondos utilizados del swap y tomó un nuevo préstamo por el mismo monto para hacerlo sin afectar el nivel de reservas.

La operación generó interpretaciones encontradas. Para el oficialismo, se trató de una maniobra técnica que no altera el stock total de deuda ni compromete la solvencia del Banco Central. Para los críticos, en cambio, el recambio de pasivos es una señal de dependencia financiera que merece ser observada con cautela. Desde la autoridad monetaria confirmaron la operatoria, aunque evitaron detallar la entidad que aportó los dólares y las condiciones del financiamiento, más allá de descartar la participación del Fondo Monetario Internacional.

En el mercado financiero circuló la versión de que los fondos podrían haber provenido de un organismo internacional que agrupa a bancos centrales y actúa como prestamista de última instancia en determinadas circunstancias. El antecedente inmediato refuerza esa hipótesis: a comienzos de 2024, el Banco Central había cancelado una deuda superior a los 3.100 millones de dólares con esa institución, mediante una serie de pagos escalonados realizados entre fines de 2023 y el primer trimestre del año siguiente.

El trasfondo del debate excede la operatoria puntual. Milei busca consolidar un relato de normalización financiera, en el que la Argentina deje atrás la lógica de la emergencia y se acerque a los estándares de los países con acceso pleno al crédito. En ese marco, la insistencia en que no hay déficit y en que la deuda se vuelve más manejable es central para sostener la credibilidad del programa económico.

Al mismo tiempo, el Presidente endurece su discurso frente a economistas y analistas que alertan sobre riesgos futuros. Para el oficialismo, esas advertencias no solo fueron prematuras, sino que quedaron desmentidas por los hechos. La discusión, sin embargo, sigue abierta: mientras el Gobierno celebra la caída relativa del endeudamiento, el mercado observa con atención la calidad del financiamiento, sus costos y la capacidad de sostener el equilibrio fiscal en el tiempo.

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