La hipertensión, una epidemia silenciosa que el mundo aún no logra controlar

SALUD Agencia de Noticias del Interior
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  • La hipertensión afecta a 1400 millones de personas en el mundo, pero solo una de cada cinco la tiene controlada.
  • La brecha de acceso a medicamentos es marcada entre países ricos y de ingresos bajos y medianos.
  • Las enfermedades cardiovasculares asociadas generan millones de muertes prevenibles cada año.
  • El impacto económico global alcanza billones de dólares y presiona a los sistemas de salud.
  • Persisten obstáculos estructurales en prevención, diagnóstico y tratamiento sostenido.
  • Experiencias exitosas muestran que integrar la hipertensión en la cobertura universal salva vidas.

La hipertensión arterial volvió a ocupar un lugar central en la agenda sanitaria global tras la publicación del segundo informe mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El documento traza un panorama tan contundente como preocupante: en 2024, unas 1400 millones de personas en todo el planeta vivían con presión arterial elevada, pero solo una de cada cinco lograba mantenerla bajo control mediante medicamentos o cambios sostenidos en los factores de riesgo. La magnitud del problema confirma que se trata de una epidemia silenciosa que avanza con mayor fuerza allí donde los sistemas de salud son más frágiles.

El informe fue presentado en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas y contó con el apoyo de organizaciones dedicadas a la salud pública global. Allí se expone una brecha persistente entre países de ingresos altos y aquellos de ingresos bajos y medianos. Mientras que en los primeros el acceso a medicamentos esenciales está ampliamente garantizado, en los segundos apenas el 28% cuenta con disponibilidad generalizada de los fármacos recomendados por la OMS en farmacias o centros de atención primaria. Esta desigualdad condiciona de manera directa las posibilidades de prevención y tratamiento.

La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular, además de estar asociada a la insuficiencia renal crónica y a distintos tipos de demencia. Aunque puede prevenirse y tratarse de forma efectiva, la falta de políticas integrales y de acceso oportuno a la atención provoca que millones de personas mueran cada año de manera prematura. Según las estimaciones del informe, entre 2011 y 2025 las enfermedades cardiovasculares generarán en los países de ingresos bajos y medianos un costo cercano a los 2,7 billones de dólares, equivalente a alrededor del 2% de su producto bruto interno combinado.

Desde la OMS advirtieron que el impacto humano es tan alarmante como evitable. Cada hora, más de mil personas mueren en el mundo por infartos o accidentes cerebrovasculares vinculados a la hipertensión. Sin embargo, existe consenso en que estas muertes podrían prevenirse en su mayoría con estrategias adecuadas, basadas en la atención primaria, el diagnóstico temprano y el tratamiento continuo. La clave, señalan los especialistas, radica en la voluntad política para integrar el control de la presión arterial en los sistemas de cobertura universal de salud.

El informe también identifica obstáculos estructurales que dificultan los avances. Entre ellos se destacan las débiles políticas de promoción de la salud, la escasa regulación sobre factores de riesgo como el consumo de sal, alcohol y tabaco, la falta de dispositivos validados para medir la presión, la ausencia de protocolos terapéuticos estandarizados y las deficiencias en la capacitación del personal de atención primaria. A esto se suman cadenas de suministro inestables, precios elevados de los medicamentos y sistemas de información insuficientes para monitorear el problema.

Pese a este panorama, el documento resalta experiencias exitosas que demuestran que es posible revertir la tendencia. Países como Bangladesh, Filipinas y la República de Corea lograron avances significativos al integrar la atención de la hipertensión en la cobertura universal, invertir en atención primaria y fortalecer el trabajo comunitario. En algunos casos, las tasas de control de la presión arterial superaron el 50%, un contraste marcado frente a los promedios globales.

La OMS concluye con un llamado urgente a los gobiernos para que prioricen el control de la hipertensión como política de Estado. Garantizar el acceso a medicamentos seguros y de bajo costo, reforzar la prevención y fortalecer los sistemas de salud no solo permitiría salvar millones de vidas, sino también reducir el enorme impacto económico y social de una enfermedad que, aunque silenciosa, deja huellas profundas en todo el mundo.

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