
El riesgo invisible en casa: por qué conviene apagar los dispositivos electrónicos cuando no se usan
SALUD Agencia de Noticias del Interior

- La permanencia de dispositivos electrónicos encendidos puede liberar sustancias químicas tóxicas al ambiente doméstico.
- Los retardantes de llama presentes en estos aparatos se acumulan en el aire y en el polvo del hogar.
- La exposición prolongada a estos compuestos puede afectar la salud, especialmente en niños.
- Apagar y desenchufar los equipos reduce la emisión de estas sustancias y el riesgo asociado.
- Ventilar y limpiar adecuadamente la vivienda ayuda a mejorar la calidad del aire interior.
En muchos hogares, los aparatos electrónicos permanecen encendidos durante buena parte del día, aun cuando no están siendo utilizados. Televisores en modo reposo, computadoras que nunca se apagan del todo, routers funcionando las 24 horas y cargadores enchufados de manera permanente forman parte de una escena cotidiana. La discusión suele girar en torno al consumo eléctrico o al ruido, pero existe un motivo menos visible y potencialmente más preocupante para adoptar el hábito de apagarlos: el impacto que pueden tener sobre la salud.
La mayoría de los dispositivos electrónicos modernos contiene retardantes de llama, un grupo de sustancias químicas incorporadas en plásticos, cables y componentes internos para reducir el riesgo de incendio. Estos compuestos cumplen una función clave en términos de seguridad, pero no son inocuos. Con el uso prolongado y el aumento de temperatura que generan los equipos en funcionamiento, pueden liberarse al ambiente y terminar acumulándose en el aire y, especialmente, en el polvo doméstico.
Este fenómeno no se limita a los aparatos electrónicos. Sofás, cortinas, alfombras y juguetes electrónicos también pueden contener este tipo de sustancias. Sin embargo, los dispositivos que permanecen encendidos durante largas horas representan una fuente constante de emisión. El problema es que estas partículas no se perciben a simple vista y pueden inhalarse o ingerirse sin que el usuario lo advierta.
Diversas investigaciones científicas vienen alertando sobre los posibles efectos de la exposición prolongada a ciertos retardantes de llama. Algunos estudios los vinculan con alteraciones hormonales, problemas respiratorios y efectos adversos sobre el desarrollo neurológico, especialmente en niños. Si bien el nivel de riesgo depende de múltiples factores —como la ventilación del hogar, la cantidad de dispositivos y el tiempo de exposición—, el consenso es que reducir la presencia de estas sustancias en el ambiente doméstico resulta una medida prudente.
El polvo del hogar juega un rol central en esta dinámica. Las partículas químicas liberadas por los aparatos se adhieren a él y se depositan en superficies, pisos y muebles. En viviendas con poca ventilación o con una alta densidad de dispositivos electrónicos, la concentración puede ser mayor. Los niños pequeños, que suelen jugar en el suelo y llevarse objetos a la boca, están entre los grupos más vulnerables.
Apagar los dispositivos cuando no se usan aparece, en este contexto, como una acción simple y de bajo costo para reducir la exposición. No se trata solo de presionar el botón de apagado del control remoto: muchos equipos siguen emitiendo calor y funcionando parcialmente en modo stand by. Desenchufarlos o utilizar regletas con interruptor permite cortar por completo el suministro eléctrico y limitar la liberación de estas sustancias.
A esta práctica se suman otras recomendaciones complementarias. Ventilar los ambientes de manera regular, limpiar el polvo con paños húmedos en lugar de barrer en seco y evitar la acumulación innecesaria de aparatos encendidos contribuye a mejorar la calidad del aire interior. También es clave prestar atención al recambio de equipos muy antiguos, que suelen carecer de estándares más estrictos en el uso de materiales.
El avance tecnológico trajo comodidad y conectividad permanente, pero también nuevos desafíos para la salud cotidiana. La idea de que el hogar es un espacio libre de contaminación resulta cada vez más discutible cuando se analizan los compuestos químicos presentes en objetos de uso diario. En ese marco, pequeños cambios de hábito pueden marcar una diferencia.
Apagar los dispositivos electrónicos cuando no se utilizan no es solo una cuestión de ahorro energético o de silencio nocturno. Es, sobre todo, una forma de reducir un riesgo silencioso que se acumula sin hacer ruido. En tiempos donde la prevención gana terreno como política de salud, el control del entorno doméstico se vuelve un eslabón clave que empieza, muchas veces, con un simple gesto.






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