Milei excluye a Villarruel del aumento salarial y profundiza la tensión en la cúpula del poder

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • Milei firmará un decreto que otorga aumentos salariales a la estructura política del Ejecutivo
  • El Presidente y la vicepresidenta quedan excluidos del incremento por tratarse de cargos electivos
  • En el caso de Villarruel, la decisión refuerza la lectura de un conflicto político con la Casa Rosada
  • La vicepresidenta ya había reclamado públicamente por el congelamiento de su salario
  • El Senado también expresó malestar por partidas presupuestarias asignadas en el Presupuesto 2026
  • La relación entre Milei y Villarruel atraviesa una etapa de tensión que se consolida con este episodio

El presidente Javier Milei resolvió excluir a la vicepresidenta Victoria Villarruel del aumento salarial que alcanzará al resto de los funcionarios del Poder Ejecutivo, una decisión que combina argumentos institucionales con un trasfondo político cada vez más visible. La medida, confirmada por fuentes oficiales, se formalizará mediante un decreto que el mandatario firmará en las próximas horas y que contempla incrementos para ministros, secretarios, subsecretarios, directores y coordinadores de la administración nacional.

Desde el entorno presidencial explicaron que el criterio adoptado apunta a establecer una diferenciación entre los cargos electivos y el resto de la estructura política. “Son los únicos dos electos por la gente. El resto son equipos técnicos convocados para mejorar el Gobierno”, señalaron voceros con acceso directo a la decisión. Bajo ese argumento, tanto el Presidente como la vicepresidenta quedarán excluidos del aumento. Sin embargo, en el caso de Villarruel, la resolución adquiere una lectura adicional: se inscribe en una relación deteriorada con la Casa Rosada, marcada por desencuentros políticos y gestos de distancia mutua.

El decreto que instrumentará el incremento salarial busca recomponer los ingresos de la plana mayor del Ejecutivo, tras meses de congelamiento y ajustes internos. Milei, en paralelo, ordenó mantener congelado su propio salario de manera “indefinida”, según reveló el jefe de Gabinete y vocero presidencial, Manuel Adorni, durante una conferencia de prensa. En esa oportunidad, Adorni evitó precisar que la misma situación se aplicaría a la vicepresidenta, un dato que luego fue confirmado por fuentes oficiales y que terminó de instalar el tema en la agenda política.

La exclusión de Villarruel no se limita al plano salarial. En las últimas semanas, la vicepresidenta también quedó alcanzada por la previsión cero asignada en el proyecto de Presupuesto 2026 para Bienes de Uso del Senado. Aunque desde Balcarce 50 aseguraron que se trataba de un error técnico que sería corregido, en la Cámara Alta descartaron esa explicación y dejaron trascender su malestar por lo que consideran una señal política clara.

A comienzos de enero del año pasado, Villarruel ya había hecho público su reclamo al señalar que tenía el sueldo congelado desde hacía un año y que no contaba con la autorización correspondiente para percibir “un sueldo digno acorde a su función”. Aquella queja, formulada en un contexto de tensiones internas, quedó ahora reforzada con la exclusión formal del aumento dispuesto para el resto del Gabinete.

El vínculo entre Milei y Villarruel atraviesa una etapa de frialdad sostenida. Desde el inicio de la gestión, las diferencias políticas y de estilo se hicieron evidentes, pero en los últimos meses los gestos se volvieron más explícitos. La vicepresidenta, además de presidir el Senado, intentó construir un perfil propio en temas sensibles para el oficialismo, lo que generó incomodidad en el núcleo duro del Gobierno. En ese marco, la decisión sobre los salarios es leída por distintos actores como un nuevo capítulo de una disputa que ya no se oculta.

Para el Ejecutivo, la medida busca reforzar una narrativa de austeridad y coherencia con el discurso de ajuste, diferenciando a los cargos electivos del resto de la administración. Para el entorno de Villarruel, en cambio, el gesto confirma un aislamiento político que se traduce en decisiones concretas. Así, el congelamiento salarial y las partidas presupuestarias se convierten en símbolos de una relación institucional cada vez más tensa.

El episodio deja en evidencia que, más allá de las explicaciones formales, la convivencia en la cúpula del poder sigue atravesada por diferencias que el Gobierno no logra disimular. Mientras el oficialismo avanza con definiciones internas y ajustes, el vínculo con el Senado y con su máxima autoridad permanece condicionado por un conflicto que, lejos de resolverse, parece profundizarse con cada decisión.

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