Los dentistas: vas por una carie y salís con implantes

PARA LEER EN PANTUFLAS Por José Ademan RODRÍGUEZ
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jose ademan Por José Ademan RODRÍGUEZ

Son pobres hombres los dentistas, de precaria cultura, desempeñando el papel de una entidad enemiga de lo humano, amenazadora para la estabilidad emocional y económica. "Emocional" porque encarnan el miedo eterno, los pavores atávicos como si representaran la intemporalidad del mal. 


Tras la mascarilla de cada dentista, el "cliente" ve al despiadado, terrorífico torturador de las edades medievales... ¡Sí! siniestro... o como un engendro prehumano comparable con la figura del sacerdote inquisidor o del brujo de antaño. 


Desde la noche de los tiempos, estos personajes de sombra han acompañado al hombre en su peregrinaje terreno, siempre igual: eternos, ajenos al progreso, mediocres, tenebrosos... Es inevitable: el pariente y el diente, aunque duelan, sufrirlos hasta la muerte. 
 


El Dr. Alfred Southwick, importante dentista de Búfalo, es recordado como el inventor de la silla eléctrica (1881), ya que encabezaba la comisión que recomendó este método de ejecución en el estado de Nueva York. En el siglo XVIII, el francés Pierre Fauchard, padre de la odontología, recomendaba a sus pacientes que se enjuagaran la boca con su propia orina para prevenir la caries. O la mean o la cagan... 


En los últimos tiempos, han experimentado una pequeña evolución y su ciencia ha registrado un mínimo avance, relacionado con los materiales que utilizan, que no han demostrado, en realidad, ser mejores que los que se usaban hace cien años. ¡Caso único! porque en la historia de la ciencia se ha progresado notablemente en Medicina, Biología Molecular, Física Nuclear, Ingeniería Genética... Y estas ciencias siempre se han denominado de igual forma. El caso que nos toca no es así; primero, se llamaron barberos, luego dentistas, odontólogos, estomatólogos... ¡Ésta ha sido la verdadera evolución de la profesión! 


 
Se ha comprobado científicamente, a través de excavaciones e investigaciones arqueológicas, que las incrustaciones que hacían los mayas en los dientes duraban mil años por lo menos, y algunas no se podían retirar del diente, sólo rompiéndolo. Ahora, una amalgama hecha a un "cliente" con las sofisticadas técnicas modernas dura meses, a veces semanas; se aflojan con un escarbadientes y se caen con un eructo. 


Cliente: -“¿A qué se debe doctor que se cayó el empaste de hace cuatro días?” 
Dentista: - “Es que hay que cepillarse bien, señora”. 
Cliente: - “Sí doctor, lo hago de arriba a abajo y tres veces como dijo usté”. 
Dentista: - “Entonces será el paso del tiempo, señora”... 


 
Eso sí: la apariencia, lo moderno; ahora al gabinete dental lo llaman box, y  el director técnico de fútbol Bilardo da "clínicas de fútbol". Todo cambiado. ¡El mundo está loco! 


 
Antes de las amalgamas lo que se usaba era el oro. Eran verdaderas tumbas putrefactas, sarcófagos de oro que encubrían restos de comida, fetidez y focos sépticos, tanto que en 1910 el Dr. William Hunter de Londres atacó a la odontología americana con este tema; les demostró que los dolores y problemas causados por estas prótesis de oro sólo se solucionaban retirando las coronas. ¡Ah! Y encima, al quitar al "cliente" esas prótesis se quedaban con el oro, que aparentemente arrojaban al cubo de la basura junto con el diente extraído, para después juntarlo al final de la jornada como un avaro revolviendo desperdicios. 


 
 
¡Claro! ¿Cómo no van a tener auge esto de los implantes? ¡Hay muchos desdentados!, porque han fracasado los métodos conservadores y preventivos; se ha involucionado. Esto de los implantes tampoco es nuevo. Una mandíbula encontrada en Honduras en 1931 presenta tres trozos de concha en el lugar natural de los incisivos inferiores; data del 600 d.C. y es el primer ejemplo de implante endoóseo en una persona viva. ¡Y los implantes valen un riñón! Por cierto, el capo de los riñones, el Dr. Antoni Puigvert, en un congreso aseguró: “En libros de medicina publicados hace más de cien años, he leído técnicas quirúrgicas y aplicaciones terapéuticas que hoy se consideran recién descubiertas”. Uno de los pocos inventos revolucionarios en la dentistería es el acrílico, sin llegar a la trascendencia del papel de water, que ese si se ha tornado imprescindible en la era moderna (más que nada en casos de urgencia).
 


Los “dentisteros” se creen poseedores de un lenguaje "excepcional": En vez de llamar panorámica a las radiografías más grandes, las llaman ortopantomografías. Pero yo digo ¿hay que ser pelotudo, no? Y se preguntan entre ellos si les llegó el mailing, en vez del correo, como si hubiesen dividido el átomo. A un adhesivo de mierda para hacer las obturaciones en blanco lo llaman Bond; a quitar el sarro, tartrectomía. Y claro, así asustan más al paciente que no entiende un carajo y lo ponen más nervioso aún, pues piensan que eso que suena tan raro le costará mucho más caro. Al finalizar, siempre le hablan al pobre paciente de las "técnicas" de cepillado, que consisten en poner una mierdecita de pasta en el cepillo y refregarse bien toda la boca luego de comer, que sería lo mismo si inventaran técnicas para limpiarse el culo luego de cagar.
 
 
 

Los Dentistas son los seres más egoístas que conozco, crípticos, elitistas; les place crear misterios... Sólo los clanes liderados por ellos tienen acceso al conocimiento. Hasta en Japón, Fuyuyori Tambano, descendiente del padre de la medicina japonesa, adquirió fama por extraer los dientes del emperador Hanazono; su hijo Keneyasu, primer dentista japonés nombrado oficialmente por la corte, mantuvo sus técnicas en secreto, transmitiéndolas solamente a miembros de su clan, de generación en generación. Igual sucedió con la endodoncia. 


En mi época de estudiante, la preparación técnica era absolutamente insuficiente; y de la ortodoncia, cuyo tratamiento es más caro, ¡ni hablemos! En Córdoba sólo hicimos dos o tres endodoncias en paciente; así que figurense: la experiencia práctica era inexistente, pero parece una obligación decir "¡Qué buena era nuestra facultad!". Todos lo dicen y de las facultades de todos los países. ¡Boludos! Todo lugar en donde transcurrió tu juventud (de dieciocho a veintitrés años) tiene que ser querible, igual que las madres para el tango, o Borges, sobre todo para los que no lo leyeron nunca. O porque todo tiempo pasado... 


 
A todo le ponen velo de misterio, impenetrable secreto de pastitas y chorritos... Y precisamente porque es fácil, lo aprendería todo el mundo. Esta profesión no es complicada; no ocurre así con un poeta, un artista, que para eso se nace... O futbolista, que hasta pueden terminar como periodistas deportivos, no explicándome nunca para qué las escuelas y facultades de periodismo si después viene un ex-futbolista y les copa el puesto, en escandaloso intrusismo que vulnera para mí las normativas, estatutos y preceptos de las asociaciones de periodistas, ante el silencio cómplice tanto de los que presiden estas entidades, como de sus miembros afiliados, que al fin y al cabo son los perjudicados, pues se les reducen las de por sí escasas fuentes de trabajo.  


Pongan ustedes a diez jóvenes a estudiar odontología o periodismo, con ferrea voluntad, y seguro que todos acabarán la carrera. Prepara a diez jóvenes para futbolistas profesionales y quizá sólo uno de los diez llegué a primera división. El secreto va de la mano del dinero. ¡Hasta la Coca-Cola tiene secreto de fabricación y el chocolate suizo! ¡Hasta las cocineras tienen secretos, fórmulas de guisos! Secretos de pocos para robar a muchos. Te enseñan lo justo para justificar la función docente y lo mínimo para que mañana no les estropeen el negocio.


 
Todo el mundo sabe las diferencias que establecen con pacientes de mutuales y Seguridad Pública (los pobres) y los de los consultorios o institutos privados (los pudientes). Son arrogantes, soberbios. Los profesionales de la dentistería sufren, en general, una hipertrofia de la vanidad, pues quizá están un poco frustrados como profesionales de la medicina (la Odontología es la hija pobre de la Medicina); y se autoconvencen de que la mayoría de sus actos tiene un gran fundamento científico, cuando, en realidad, depende de un mínimo de habilidad manual. 


 
Son déspotas, humillan al personal subalterno, someten a los que los rodean, y donde más acentúan su arrogancia es con el mecánico dental. Tal vez esa frustración les lleva al resentimiento; quienes menosprecian, en cualquier orden de la vida, son los que más han sufrido un desprecio que no pueden superar, y lo proyectan entonces contra el más propicio: a veces, auxiliares dentales son las que pagan el pato de sus broncas (no sus mujeres e hijos). En eso tienen mucha semejanza con los militares que se rigen por la ley del gallinero (el de arriba caga al de abajo): siempre hay alguien superior que somete a trato ultrajante al de menor graduación. A su vez, éstos, en última instancia, "poseen" soldados aptos para la humillación: el empujón, la burla sarcástica, trotar luego, apenas terminada la comida y así ponerlos al borde del infarto o descargar un problema personal extracuartelario.  
 


¡Cuántas veces el sacrificado mecánico les saca las castañas del fuego! No hay que sentirse ni más ni menos que nadie; todos somos importantes. Pero ante la figura devaluada del abnegado protésico, acentúa su papel el "doctor", cuando en realidad no son ni siquiera doctores, pues para doctorarse tienen que aprobar una tesis, y el 90% no lo ha hecho. 


En mi clínica, sólo una enfermera, de todos los que componemos el equipo, se ha doctorado en Biología, y además ha sido requerida de EEUU para su perfeccionamiento en genética; se llama "Pepona", alias Carmen Márquez. A las enfermeras que tuve las he educado en la delicada responsabilidad de ser el brazo derecho y el huevo izquierdo del “doctor”. Es en Córdoba (La Docta) donde se padece de “doctoritis” más que en ninguna parte del mundo. ¡Es penoso! A cualquier infeliz como yo le llaman doctor, creyendo que te enaltecen. “Te presento al doctor” dicen enfáticamente y sin disimulado orgullo. 


Y siguiendo las reglas del juego, se responde dando la mano: “Encantado. Doctor Rodríguez para lo que usted disponga”. Lo de dar la mano, nació en la Antigüedad; no es producto de la afinidad o la cordialidad, sino para demostrar que ninguno de los dos llevaba armas ocultas en la bocamanga. Hasta los presidentes del país, gobernadores o intendentes son casi todos “doctores”. Hemos escuchado la retahíla en diferentes momentos de la vida institucional argentina: doctor Frondizi, doctor Illia, doctor Ángeloz, doctor Mestre, doctor Abella… Lo correcto es que los títulos universitarios se deben utilizar sólo para sus respectivas profesiones privadas, ya que el presidente, por ejemplo, es representante de todos los ciudadanos y es elegido para eso: para ser presidente. ¿Alguna vez escuchaste que digan: doctor Kennedy, doctor Clinton, doctor Mitterand, doctor Felipe González, doctor Aznar, doctor Tarradellas o doctor Jordi Pujol? Este último, te aclaro, es médico, abogado, banquero y empresario, y con más cultura posiblemente que todos los presidentes anteriormente mencionados, aunque un ladrón repugnante también.


 
En encuestas de EEUU figuran los dentistas como uno de los grupos con mayor incidencia de suicidios. Es porque son seres alienados; no te digo que lleguen a ser paranoicos (yo sí lo soy potencialmente), pero viven tensionados con contracturas musculares, afecciones de columna por la postura de trabajo, el oído arruinado por el chillido de la turbina, la vista fatigada... Todo ello conduce a una neurosis prematura y a los cuarenta y cinco o cincuenta años ya no los aguanta nadie y si no pregúntales a sus mujeres o esposas. 


 
¿Y los anuncios? Es de lo más ramplón y ridículo en publicidad. Todavía ponen "extracciones sin dolor"; de hecho, si existe anestesia, no hay por qué provocar dolor... ¡Elemental, mi querido Watson! Más evidente que un empaste de amalgama en un incisivo central superior. O éste: "Nueve de cada diez dentistas recomiendan chiclets sin azúcar". ¡Es de preguntarse dónde mierda estudió el décimo!
 
 


Termino con una anécdota: Hace unos años en un congreso internacional de trasplantes e implantes, se reunieron en Europa los mejores especialistas. En un intermedio del mismo, un participante comentó la casualidad de que el primer trasplante cardíaco se realizó en el cuerpo de un dentista, el Dr. Barney Clark, que falleció al poco tiempo. El director del simposio, luego de mirarlo un instante en silencio y seguramente acordándose de aquellas primeras experiencias odontológicas, cuando le arreglaban los dientes sin anestesia, para ir más rápido, le contestó: "No, no es que sea casualidad. En la comunidad científica ya tenemos una progresión para los experimentos en trasplantes de órganos: primero una rata, luego un chimpancé, después un sacamuelas; el paso siguiente está a la vista: el trasplante a un ser humano".

Y para terminar, decirles que el dentista solo tiene "clientes", no pacientes, como el peluquero o el callista. Juntar dinero es su única meta. Cuando los "clientes" cierran los ojos en el sillón, ellos, aguja y espejo en mano, hacen suya la boca entera: lengua, muelas, encías, amígdalas, saliva... hasta llegar a los bolsillos y hacerse con el "botín" en un abrir y cerrar de boca.  La invitación al paciente a que se quite las gafas, pues “se pueden salpicar”; con lo cual, éste no ve un carajo; equivale a cerrar los ojos ante un torturador, con el riesgo implícito que conlleva el hecho de conocerlo demasiado. Y la sala de espera, penosa... decorada con pésimo gusto como casi todas, con luces mortecinas... y el silencio, denso silencio que se "corta" con alguna tos o el hojear de revistas atrasadas. Si hubieran recapacitado... Y huido, así, de golpe, sin dar razones... Tendrían sus dientes... que como decía Cervantes, los dientes son perlas, o algo así. ¡Ah, no! Ése era Gregorio Barrios que cantaba ese bolero "Tus lágrimas son perlas que caen al mar"... Habrá algún dia en que saldrán a la luz los damnificados por las cagadas que les hicieron los dentistas, de la misma forma que las asociaciones de victimas del terrorismo, madres de plaza de mayo, madres de menores violadas con desfiguración de clitoris, hechos hoy en día comunes entre tantos depredadores  vaginales. 

NOTA: “Los hechos y/o personajes anteriormente relatados, pueden ser ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.”

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