Cuando el tango llegó a la Universidad: un homenaje al querido Marcos Marchini

LA COLUMNA DE JOSÉ ADEMAN RODRÍGUEZ 02 de mayo de 2021 Por José Ademan RODRÍGUEZ
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Con el colorado Marcos Marchini organizamos, en Córdoba, en junio del 1965, el "Primer Simposium de Tango"(*) en el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura. Lindos recuerdos.

Fueron años de cercos y glicinas... de la vida en orsay... del tiempo loco.

Hoy te evoco colorado amigo mío. Y te recuerdo como uno de los mejores cantores de tango que escuché.

Fuimos los únicos estudiantes de odontología que amábamos el tango, en una Córdoba saturada de folclore salteño, debido al auge de los Fronterizos, los Chalchaleros, los Nombradores o los Cantores del Alba. De esa manera te convertiste en mi mejor aliado. Fútbol y tango. La combinación perfecta. Yo también cantaba tangos, pero con el inconveniente que no sabía cantar, salvo que me inspiraba con unos tintorros... que siempre acompañaban las noches o los domingos futboleros... Y los anuncios que preludiaba el locutor del maestro Fioravanti: ''UN VASO MÁS ADELANTE! VINO TORO: TORO O NADA! EL MEJOR DE LOS VINOS COMUNES!!''.

El primer sitio de encuentro con el colorado Marchini fue en el hospital Clínicas de Córdoba. Vos venías de Huinca Renancó, yo de Río Cuarto. Pueblos con impronta tanguera. Más que Córdoba. Hablo en calidad, no en cantidad. Teníamos una comisión de diez compañeros en primer año de odontología. Tres de esos, con una peculiaridad para cagarse de risa. Sus nombres y apellidos eran: Alberto CONCHA Morán; Saúl COSTILLA; Martin Humberto TETA. Inolvidable recuerdo de juventud.

Yo nunca había pisado esa ciudad ni ninguna otra de parecida importancia, solo conocía el lugar donde nací y algunos pueblos vecinos, puedes darte cuenta el temor y recelo que se apoderaron de mí. Fui a vivir en la calle Sol de Mayo, 79, ahí me hice erudito en supervivencia, emergiendo a la superficie gracias a las pulmonadas de mi vieja y viviendo de prestado en uno y otro lado, ahí aprendí que en el mundo quedaban personas generosas y solidarias. Cosa que se confirmó al conocerte a vos, Marcos. Las veces que me invitabas a comer. Ah, eso sí, ¡me cagaste colorado! me enseñaste a fumar. Respirabas tango y expirabas nicotina.

Nunca nos asociamos a ninguna manifestación de los festejos de ‘’la semana del estudiante’’, con todos los respetos que nos merecía el barrio Clínicas. Con las tropelías etílicas de casi todos (otra que los del botellón actual), era tan infernal el bochinche al punto que las familias que vivían en el barrio se recluían en sus casas para guarecerse de la horda, en caso de no querer participar en esas festicholas. Siempre odié las fiestas del estudiante, por masificadas, bárbaras y pelotudas, donde prevalecía la música del folclore. Recuerdo que vos me decías que los folcloristas cantan en grupos de cuatro porque de uno en uno no sirven para un carajo, gritan, como casi todos los Salteños me decías en broma y por eso te gustaban los Quilla Huasi.

Era la época en que los estudiantes universitarios usábamos maletas sin rueditas, y recibíamos encomiendas con mermeladas y salames.

En las pausas de nuestros estudios, vos me entonabas tangos como ''Tabernero'' o ''Galleguita''.

Y a la noche, nada más misterioso y tentador que gozar del encanto de las fauces rojas de un cabaret -que había tres en Córdoba, el Príncipe, el Petit Eden y el Chantecler, todos desaparecidos. Y en el cabaret no nos hacía falta la Liza Minnelli, pues nos volvía locos la voz de Blanca Mooney. Las noches de Chachá, Jopito o las de Ramón Cordeiro, el Tucho que sentaba cátedras de tango en las radios junto a Armando Freyre y el bulla Cornejo.

Muchas veces, mi refugio era la casa del doctor Ernesto Olmedo, que era un hermano para mí. En esa casa me acogieron como un hijo. Desgraciadamente, se nos fue hace dos años.

Por supuesto, también jugamos al fútbol, en la cuarta división de Universitario. Nos dirigía el Pholo Toledo, un técnico amigo que más tarde fue renombrado en Córdoba. Como a él lo dejaron cesante en el cargo,

nosotros hicimos causa con su problema y dejamos de pertenecer al plantel justo cuando éste nos iba a ascender a la reserva.

Por el año '63 vino a jugar a Córdoba, Boca Juniors contra Talleres. Esa tarde no solo me colé al estadio, sino que salté el alambrado que rodea el campo, ahí, junto al mismo transmitían el partido para Radio Municipal, el Luís Reinaudi y Carlos Garó, que era el pseudónimo del más tarde famoso penalista Carlos Hairabedián, éste último era un corrosivo crítico, transgresor y rupturista a quien le gustaba hacer participar al público pidiéndole opiniones sin mayores preámbulos, así, de sopetón. Yo estaba hincado en el suelo junto a la línea de cal con un grupo de 10 o 15 personas “coladas” para ver más de cerca. En los últimos instantes del partido me vi sorprendido con un micrófono delante de mis narices... si lo hubiese planeado no cuajaría una circunstancia tan propicia y sentí como si alguien invisible moviera los hilos de mi destino. Gracias a un amigo en común, que le dio mi fisionomía, me localizó. Cuando me llamó para el debut en Radio Municipal, yo me tuve que ir al Arañado con el Mingo Ceballe -el mismo de Belgrano- para jugar un partido de fútbol, cobrando buena guita. Que en esa época me hacía mucha falta. ¿A quién recurrir entonces? A un amigo. Vos Marcos, me salvaste la papeleta. Y entraste a tallar en Radio Municipal.

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En la foto, agachados, de izquierda a derecha, el segundo es Rúben Torri, luego el maestro del tango Raúl Plate y José Ademan Rodríguez

Luego te contrataron en Canal 12 donde te convertiste en un clásico de la sección Deportes. Sin demonizar a nadie, metabolizando las palabras, con tono de firme convicción, y con el añadido de ponerle susurro de tango a tus comentarios, creando un atmósfera de madura racionalidad. Vos, siempre bien trajeado con planta de galán de cine italiano, por eso quizás algún envidioso te apodó el mono en tu época de Canal 12. En realidad, el mono era yo, porque siempre imitaba bien a las personas. No tanta broma, que de último, genetistas españoles han creado embriones con mezcla de humanos y monos. Pero ojo, ya hubo señales de parentesco genéticos con los primates: Tarzán y la mona Chita, y la mona Giménez con varias de sus admiradoras. En cuanto a mí, también tenía mi pintita, con la nariz quebrada en los huesos propios, que me daba facha de cachorro peligroso.

Y vos Marcos, siempre tenías la frase exacta, plena de ingenio sardónico, para perfilar la caricatura de los personajes de la época. Como cuando te referiste a un jugador que siempre agachaba la cabeza, como poseedor de un ligamento ‘’naso-rotuliano’’. Genial.

O aquella anécdota que me contaste, de dos gringos ya medio curdelas en plena confidencia: -"¿Sabes que la Mirta, la hica del Giacomo la que studia en Córdoba coque?". -"¿Qué?" -"¡Qué Coque, le moeven lo guiso!" -"E mi hica sta con la Mirta, viven quntas. Entonce mi hica Coque colpa de la hica de puta de la Mirta".

Diálogo de Tanos, ¡qué bien que los imitabas!

Recientemente, hablando de vos con Gustavo Farias, éste recordaba una anécdota tuya: dice que hace unos veinte años, sentados en el Bar Richmond, en una ronda bohemia, con varios periodistas, recordabas que en los años 60 le hicieron meter la gamba a un colega de un diario local -Los Principios- muy habituado a llegar con los partidos comenzados. Éste, ni bien saludaba a los presentes, preguntaba cómo iba el marcador y les pedía otros detalles para su crónica. Todo marchaba bien, hasta que un día, sus compañeros se confabularon con inventarle una jugada para que aprenda a llegar puntualmente. Así fue como le mintieron que a los cinco minutos, en una polémica acción, el juez sancionó un penal que fue atajado por Vicente Rojas, arquero de Huracán. Al otro día, en el comentario del partido, el periodista escribió y hasta opinó acerca de lo desacertado que había estado el árbitro en la sanción de una jugada que en realidad jamás existió.

En Canal 12, fuiste delegado de los trabajadores. También llegaste a ser directivo del círculo sindical de la prensa de Córdoba y ganador del premio Nilo Neder o protagonista de programas radiales de Tango, participando de la obra ''Córdoba y el Tango'' con Efrain Bishoff y Hermes Balsamo, magnífico músico.

Recuerdo estos años con cariño, no con tristeza sino con melancolía, que es como una musiquita dulce que te acaricia el alma como los cieguitos que tocaban la viola en el área peatonal. Finales de los '50 principios de los '60. ¡Y la Wanora Romero! Siempre, siempre, siempre la Wanora (alias Miguel Antonio Romero).

En boxeo fue la época de gallego Giné y Tristan Falfán, este último, cantor de tango. Y, a propósito de cantores, los jugadores de fútbol actuales me dan un poquito de "bronca". Son ignorante, en el buen sentido, en algo tan nuestro como el tango. Todos son cumbieros o salseros, los respeto, pero no saben lo que se pierden. Menos mal que aún nos quedan algunos como Daniel Willington o el chiqui Armenante, que revindican nuestra música ciudadana.

Fue también la época de la mayor catástrofe que significó para Argentina el Mundial de Suecia del 1958. Nos creíamos invencibles. Pero fue por algo fundamental, la venta de Sívori, Angelillo y Maschio al fútbol italiano y que no jugaron más con el seleccionado.

Y andando más el tiempo, que alegría me diste, colorado, cuando te llevaron a Soweto, en Sudáfrica, para ser testigo del triunfo épico de tu paisano Falucho Laciar. ¡Cómo te habrás sentido en el corazón del apartheid!? Yo te aplaudí desde Barcelona, orgulloso de verte en foto, junto a Falucho en el carro de bomberos, en el célebre paseo por la ciudad de Córdoba.

Otra cosa en común que tenemos, colorado, nuestra admiración hacía el polaco Goyeneche, cuando no lo conocía nadie, al menos en Córdoba. Justo en esa época que se separaba de Aníbal Troilo. Hasta llegamos a tener cierta complicidad con este otro colorado -que era otro apelativo del cantor. Lo de Polaco se debe a Troilo quien pensó que un cantor de tango no podía ser colorado, sino morocho, como Gardel. Pero vos fuiste un gran cantor de tango siendo colorado. Mira que coincidencia.

Y mira también las vueltas que da la vida: vos me presentaste a la Norita. Y me puse de novio. Era para casarse porque en la década de los sesenta, había mujeres que se llevan y se traen y otras que se guardan en el corazón. Ya más tarde se tambalearon los valores del hogar. Se iba perfilando el feminismo radical y la promiscuidad como aconteció más tarde con la ‘’globalización’’. Los jugadores de fútbol profesionales se casaban con las pibas del barrio, ahora lo hacen con gente del espectáculo. El saludo al final de los partidos era ‘’un saludo a la vieja que me está escuchando’’, ahora ejercen como periodistas. En fin, nunca nos olvidamos del color de los ojos de la primera novia, ni del árbol donde meábamos antes de llegar a casa. Yo me casé con la Nora. Por supuesto fracasé en esta jugada, no sabiendo llevar las riendas de un hogar, ni como marido ni como padre.

Pasaron los años, y me dijiste en tono de tango en el Córdoba Sport: "Yo te di un hogar! Siempre fui pobre, pero yo te di un hogar!" Yo, inauguraba los días con las cenizas de la noche.

Para terminar, me volviste a salvar cuando ocupaste mi lugar al lado del chino Torri por mí huida a Barcelona. Al irme, me convertí en una especie en peligro de extinción, lejos de mi hábitat. Sin nadie que te pase la mano por la nuca o que te ceben un mate un domingo por la mañana. No se trata de algún revolcón furtivo ni del electrizante remanso erótico en la muerte súbita de un orgasmo de ocasión.

Y hubiera regalado lo que me resta de vida por compartir la infancia de mis hijos o verlo dormido al Kiko (ese monguito hermoso) con sus manos regordetas y sus ojitos viscos y morderle los mofletes. O tirarme en el campo de mi abuela, en Holmberg, a contemplar la siembra más bonita, la de las estrellas sobre el campo que parecen extender sus brazos para abrazarlos a todos.

Me despido como en las cartas de antes, espero que estés bien y espero verte pronto, porque la vida no la cuento ni en años ni en meses, solo son puñados de segundos, quizás los que me quedan aquí abajo.

 

(*) Vinieron unos periodistas a entrevistarnos referente al simposio y charlar sobre el alcance de estas sesiones. Titularon el artículo ‘’Tango en la Universidad’’. Aquí lo pueden leer.

‘’El tango y su problemática tratado a nivel universitario. Esta es la importante iniciativa que llevan adelante los miembros del Centro de Estudiantes de Odontología. Entre los días 4 y 7 de junio se realizará en nuestra ciudad el "Primer Simposium de Tango". Para explicarnos los alcances y objetivos del mismo es que nos visitaron en la mañana de hoy los señores Marcos Marchini y José Ademan Rodriguez, integrantes del centro estudiantil organizador. Es la primera vez que la música ciudadana se trata y discute en los claustros universitarios. "Tango y literatura", "Tango y su historia", "Vigencia actual de la música de tango", etc.. , son algunos de los temas a tratarse en este Simposium que comienza el próximo viernes en el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

UNA IDEA CON FUTURO

Los señores Marchini y José Rodriguez nos explicaron los detalles y fundamentos del "Primer Simposium de Tango". El diálogo mantenido con nuestros visitantes fue el siguiente: -¿Quién organiza el Simposium? Es organizado por el Centro de Estudiantes de Odontología y se desarrollará durante los días 4, 5 y 7 de junio en el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura para enfocar a nuestro arte menor a través de sus distintas facetas. -¿Que será el Simposium de tango? Prescindiendo de la denominación vamos a lo que realmente nos interesa difundir: las motivaciones y el contenido de este Simposium. Entendemos que al margen de problemas comerciales o sociologicos que afectan a la ciudadanía argentina, en Cordoba en particular, también hay mucha gente que se ve involucrada en ese fenómeno llamado Tango. La primera motivación de esta iniciativa es el interés de que todo lo que puede decirse y hacerse, tenga a su frente una posibilidad de expresión, y no aislada, sino en un trabajo orgánico y con método que pueda llegar a resultados positivos, ampliar el panorama del tango en Córdoba, y proporcionarle elementos que faciliten o profundicen la comprensión por parte de la gente de lo que el tango significa como expresión popular, literaria y musical. -¿A qué se debe que un centro estudiantil se llegue hasta el tango y lo lleve a la Universidad como motivo de estudio? Como "representamos" a una agrupación político gremial en la Universidad y el tango reúne y valora elementos sociológicos importantes es que hemos querido que no sea ajeno al quehacer universitario. -¿Cuáles serán los temas a tratar? Los temas para ser estudiados en este primer Simposium a nuestro criterio, son los siguientes: literatura, vigencia social y música de tango, que serán desarrollados por gente especializada en cada una de las facetas en sesiones explicativas, deliverativas e ilustrativas.

EL PROGRAMA

El temario preparado es el siguiente: Día 4: "Literatura y vigencia social" con los temas: "Es también el tango una expresión de la literatura argentina?", por Ramón H. Cordeiro; "Vigencia actual del tango como expresión popular", por Luis Reinaudi. Día 5: "Música de tango, origen y evolución", disertación a cargo de Rodolfo Mederos y José Peletier. La ilustración musical estará a cargo de Alfredo Díaz. Concluirá el Simposium el 7 de junio con "Ilustración musical y literatura" presentándose Ramón H. Cordeiro, Rodolfo Mederos y su Septimino, Cuarteto de Cuerdas de Tango, Eduardo Baravalle y Jorge Arduh. Al final de cada sesión, los temas tratados serán puestos a consideración de los asistentes a este primer "Simposium del Tango". Las conferencias tendrán lugar en el aula magna de la Facultad de Arquitectura.

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