El líder supremo de Irán evidencia la crisis con un sermón sin precedentes en años

INTERNACIONALES Por Ángeles ESPINOSA
Jamenei, que ha dirigido por primera vez casi una década el rezo de los viernes, acusa a los manifestantes de “no tener en cuenta el interés nacional” y “hacer el juego al enemigo”
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El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, ha hecho este viernes una defensa cerrada de la Guardia Revolucionaria y sus actividades en los países vecinos. Los misiles que ese ejército lanzó contra las bases estadounidenses en Irak “muestra el poder de Dios”, ha manifestado durante el rezo del viernes, que ha dirigido por primera vez en ocho años. Su inusual sermón se produce después de las protestas por el retraso de los militares en reconocer que habían derribado un avión de pasajeros ucranio. Jamenei, que ha calificado ese incidente de “amargo”, ha evitado criticar a los uniformados y preferido acusar a los manifestantes de “no tener en cuenta el interés nacional” y “hacer el juego al enemigo”.


La máxima autoridad política y espiritual de la República Islámica ha querido capitalizar las muestras de apoyo que generó el asesinato del general Qasem Soleimani por fuerzas estadounidenses en Irak para transformarlas en un mensaje de unidad frente al mundo. Al mismo tiempo, apoyándose en unos versículos del Corán, pedía a los iraníes que se sientan agradecidos y resistan frente a la presión de los enemigos (Estados Unidos y sus aliados) porque Dios está del lado de Irán, rechazando el menor amago de crítica contra el régimen.

“Hemos vivido dos semanas agitadas y excepcionales en las que ha habido sucesos amargos y dulces de los que la nación iraní puede extraer lecciones”, ha dicho el líder supremo. “Decenas de millones de personas salieron a la calle en nuestras ciudades y cientos de miles en Irak y otros países para venerar al mártir Soleimani en el mayor funeral que ha visto el mundo; eso es lo que llamamos un día de Dios. (…) También fue un día de Dios en el que los misiles de la Guardia Revolucionaria destruyeron la base de Estados Unidos en Irak”, ha elaborado de acuerdo con la traducción de la prédica colgada en su página web.

Pero el terrible error cometido por la Guardia Revolucionaria, el ejército paralelo que defiende al régimen islámico, cuando en la misma noche del ataque con el que vengó a Soleimani confundió un avión ucranio de pasajeros con un misil estadounidense, encaja mal con esa épica. Más aún cuando sus responsables tardaron tres días en reconocer que habían sido sus defensas antiaéreas las que lo habían derribado y causado 176 muertos.

De hecho, a pesar de la enorme crisis de credibilidad que el asunto ha abierto en el país, Jamenei sólo lo ha mencionado casi al final de su alocución y se ha centrado en amonestar a quienes piden cuentas. “Algunos jóvenes se han mostrado conmovidos, pero otros no son tan jóvenes y no tienen en cuenta el interés nacional; dicen y hacen lo que quiere en el enemigo”, ha señalado antes de defender que EE UU y sus aliados estaban utilizando el caso para eclipsar el asesinato de Soleimani. Ni sombra de autocrítica. A diferencia del presidente Hasan Rohani que el pasado miércoles, en una muestra de inusitada fricción interna, hizo un llamamiento a los militares para que aclararan lo ocurrido a los iraníes, el líder supremo les ha agradecido sus explicaciones y se ha limitado a decir que “hay que evitar que se repita”.

Con voz firme e indisimulado encono, Jamenei, que a sus 80 años apenas se ha ayudado de unas fichas para pronunciar su alocución, ha acusado a Washington de terrorismo de Estado por haber asesinado “al jefe militar más fuerte y valiente” de Oriente Próximo. “El Gobierno americano mató al mártir Soleimani no en el campo de batalla, sino a hurtadillas y de forma cobarde”, ha dicho ante una audiencia entregada que coreaba “¡Muerte a América!, ¡Muerte a Israel!”. En primera fila, las principales autoridades tanto políticas como militares. En las paredes, grandes fotos del general convertido en héroe.

Durante casi una hora el líder supremo ha despotricado contra Estados Unidos, país con el que Irán se halla enfrentado desde la revolución de 1979 y con el que ha estado en un tris de entrar en guerra en esas “dos semanas agitadas”. La desconfianza es recíproca. Washington no ha superado el trauma de la toma de su embajada en Teherán por los estudiantes revolucionarios que marcó la ruptura de relaciones hace cuatro décadas. El antiamericanismo constituye uno de los pilares de la República Islámica. El acuerdo nuclear firmado en 2015 pudo haber roto esa dinámica, pero su abandono tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca cerró la puerta.

El enfado de los dirigentes iraníes por el daño económico que les ha causado la reimposición de sanciones se extiende a los tres firmantes europeos del acuerdo (Reino Unido, Francia y Alemania). Jamenei les ha tachado de “lacayos de Estados Unidos" y, en un golpe bajo, ha recordado que ayudaron a Sadam Husein en su guerra contra Irán (1980-1988).

Además, ha presentado una visión maniquea de esa rivalidad en la que Estados Unidos y sus aliados son la encarnación del mal, frente a Irán y sus fuerzas armadas que tienen a Dios de su parte. “La Fuerza Qods es una entidad con objetivos nobles y humanos. (…) [Sus miembros] son combatientes sin fronteras que van donde se les necesita para proteger la dignidad de los oprimidos”, ha dicho en referencia al cuerpo que dirigía Soleimani y que constituye la punta de lanza de la Guardia Revolucionaria en el exterior. “Quienes cantan ‘ni Gaza, ni Líbano’ nunca darían su vida por Irán como ha hecho Soleimani”, ha añadido en una inusual referencia a los eslóganes contra esa intervención que se corean en las manifestaciones contra el régimen.

De hecho, Jamenei ha cuestionado el patriotismo de quienes participan en las protestas al oponer sus números a los millones que concurrieron a los funerales de Soleimani en distintas ciudades del país. “¿Son ‘el pueblo iraní’ los pocos cientos de personas que faltaron al respeto destruyendo carteles [con la efigie] del honorable general mártir Soleimani? ¿O lo son las decenas de millones que asistieron a su funeral?", llegó a plantear.

La televisión estatal se ha recreado en mostrar la nutrida asistencia de miles de fieles que desbordaban la mezquita de la Mosalla y seguían el sermón desde los patios que rodean el edificio principal. El régimen islámico ha querido responder con una demostración de apoyo popular a la crisis que atraviesa. Pero si los iraníes esperaban un gesto que permitiera reducir la brecha entre quienes lo respaldan y los cada vez más numerosos desencantados con su desempeño, no lo habrán encontrado. Jamenei exige respaldo incondicional y para ello les ha pedido que voten en las elecciones legislativas del próximo febrero, en las que el abanico ideológico de los candidatos se ha reducido aún más que en las anteriores.

Fuente: El País

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