Luis Juez huele la debilidad de Llaryora y está convencido de que esta vez puede ser gobernador
OPINIÓN Por Carlos Zimerman

RESUMEN
Luis Juez habría tenido acceso a encuestas encargadas por sectores del oficialismo cordobés que muestran un importante deterioro de la imagen de Martín Llaryora.
El gobernador estaría atravesando su momento de mayor debilidad política, con crecientes cuestionamientos en Córdoba capital y el conurbano.
En los círculos políticos comienza a circular la posibilidad de que las elecciones provinciales se adelanten a los primeros días de abril de 2027.
Juez está convencido de que tiene una oportunidad histórica de llegar a la Gobernación y no piensa resignar su candidatura frente a Rodrigo de Loredo ni Gabriel Bornoroni.
El senador nacional estaría dispuesto a competir con su propio sello político, incluso sin el acompañamiento de los libertarios, si insisten en imponer otro candidato.
Juez sabe leer las encuestas que otros pagan
Luis Juez tiene una virtud que pocos dirigentes políticos poseen: sabe olfatear cuándo el poder comienza a mostrar signos de debilidad. Y parece que esta vez su olfato político le está indicando que se encuentra frente a la mejor oportunidad de su carrera para convertirse en gobernador de Córdoba.
El senador nacional repite, cada vez que tiene oportunidad, que no dispone de dinero para encargar encuestas. Y probablemente sea cierto. Pero eso no significa que desconozca los números que circulan por los despachos del poder provincial.
Juez tiene la capacidad de husmear las encuestas que encarga el propio oficialismo, interpretar sus resultados y sacar conclusiones políticas mucho antes que otros dirigentes.
Según la información que habría llegado a su entorno, Martín Llaryora estaría atravesando uno de los momentos más complicados de su gestión en términos de aceptación popular.
No se conocen públicamente los datos completos ni las fichas técnicas de esos relevamientos, por lo que corresponde hablar de información política que circula y no de resultados estadísticos comprobados. Sin embargo, el diagnóstico que maneja el juecismo es contundente: el gobernador estaría perdiendo respaldo en sectores electorales decisivos.
Llaryora y un desgaste que comienza a preocupar
El problema para Martín Llaryora no sería solamente una eventual caída en su imagen positiva. Lo verdaderamente preocupante para el oficialismo es que el desgaste estaría apareciendo precisamente en aquellos lugares donde necesita conservar una importante fortaleza electoral.
En Córdoba capital, el nivel de aceptación del gobernador sería cada vez menor. Y en el conurbano cordobés, los reclamos se acumulan sin que aparezcan respuestas capaces de revertir el malestar.
Los problemas de infraestructura, las demandas por servicios públicos, la inseguridad y las dificultades económicas de numerosas familias conforman un escenario que comienza a tener consecuencias políticas.
El gobernador mantiene una estructura territorial importante, dispone de recursos institucionales y cuenta con la experiencia de un peronismo cordobés que lleva décadas administrando el poder provincial.
Pero hay algo que ninguna estructura política puede garantizar indefinidamente: la confianza de los ciudadanos.
Y cuando esa confianza comienza a deteriorarse, hasta los gobiernos que parecían electoralmente invulnerables empiezan a mostrar sus debilidades.
El fantasma de las elecciones anticipadas
En medio de este escenario, una versión comenzó a circular con insistencia en los ámbitos políticos cordobeses: Llaryora podría adelantar las elecciones provinciales mucho más de lo previsto.
Algunos dirigentes incluso mencionan los primeros días de abril de 2027 como una alternativa que estaría siendo considerada.
Por ahora, se trata de una hipótesis política, sin confirmación oficial.
Pero la posibilidad tiene una explicación bastante sencilla.
Si el oficialismo considera que su nivel de aceptación puede continuar cayendo, adelantar las elecciones podría convertirse en una herramienta para evitar que el desgaste siga profundizándose.
Naturalmente, también existen riesgos. Una convocatoria anticipada podría interpretarse como una señal de preocupación y terminar fortaleciendo a una oposición que hoy observa con entusiasmo las dificultades del gobernador.
De cualquier manera, Juez parece haber comprendido que el calendario electoral puede convertirse en un factor determinante y no quiere perder un solo día.
Juez no se baja, ni por De Loredo ni por Bornoroni
En este contexto debe interpretarse la decisión del senador nacional de comunicar públicamente que quiere ser gobernador de Córdoba en 2027.
No fue una declaración improvisada ni una simple provocación dirigida a Rodrigo de Loredo. Fue una definición política destinada a dejar en claro que su candidatura no está en negociación.
Juez habría recibido números alentadores sobre su posicionamiento electoral. Y esos datos, sumados al supuesto deterioro de Llaryora, terminaron de convencerlo de que esta vez puede ganar.
Por eso ya le habría transmitido a Rodrigo de Loredo que no está dispuesto a resignar sus aspiraciones.
El radical también pretende disputar la Gobernación, pero Juez considera que llegó el momento de dejar de especular.
Quiere ser candidato, quiere enfrentar a Llaryora y, fundamentalmente, está convencido de que puede derrotarlo.
La discusión también alcanza a La Libertad Avanza, donde algunos sectores impulsan el nombre de Gabriel Bornoroni como posible postulante.
Esa posibilidad genera un profundo rechazo en el entorno del senador.
Un allegado a Juez lo expresó con una frase que sintetiza el pensamiento de ese sector:
"Los libertarios no saben lo que dicen. Pretender ganarle a Llaryora con Bornoroni es una quimera, es casi infantil".
La expresión, atribuida a una persona cercana al senador, refleja la distancia que existe entre quienes consideran indispensable construir una coalición opositora competitiva y aquellos que pretenden imponer una candidatura exclusivamente libertaria.
Si tiene que ir solo, irá solo
Hay una conclusión que comienza a tomar fuerza dentro del juecismo: Luis Juez no está dispuesto a sacrificar su candidatura para satisfacer las pretensiones de otros espacios políticos.
Su intención sería construir una alternativa amplia, capaz de reunir a radicales, libertarios, independientes y sectores del peronismo desencantados con la administración provincial.
Pero si esa unidad no resulta posible, estaría dispuesto a competir con su propio sello político.
Incluso alejándose de los libertarios si continúan insistiendo con Bornoroni.
Juez entiende que una cosa es acompañar el proyecto nacional de Javier Milei y otra muy distinta es aceptar que La Libertad Avanza decida quién debe ser el candidato a gobernador de Córdoba.
Y esa diferencia puede resultar determinante para el futuro de la oposición provincial.
El senador considera que tiene conocimiento del territorio, experiencia política, reconocimiento público y una trayectoria que lo colocan en mejores condiciones para enfrentar al aparato del peronismo cordobés.
Sabe también que una oposición dividida podría facilitarle el camino a Llaryora. Pero no parece dispuesto a que el argumento de la unidad se transforme en una excusa para obligarlo a renunciar a sus aspiraciones.
La oportunidad que Juez esperó durante toda su vida política
Luis Juez lleva demasiados años intentando llegar a la Gobernación como para dejar pasar una oportunidad que considera histórica.
Ha conocido victorias, derrotas, acuerdos, rupturas y frustraciones. Sabe perfectamente lo que significa enfrentar al poderoso aparato del peronismo cordobés.
Pero también sabe que los ciclos políticos no son eternos.
Durante años, el cordobesismo logró construir una maquinaria electoral que parecía difícil de derrotar. Primero con José Manuel de la Sota, después con Juan Schiaretti y ahora con Martín Llaryora.
Sin embargo, ninguna hegemonía está garantizada para siempre.
Si los números que llegaron a manos de Juez reflejan realmente el estado de ánimo de los cordobeses, el oficialismo podría encontrarse frente a una elección mucho más complicada de lo que imaginaba.
Y allí aparece la gran apuesta del senador.
Juez cree que puede capitalizar el desgaste del gobernador, reunir el voto opositor y presentarse como una alternativa de cambio después de tantos años de administraciones del mismo signo político.
Por supuesto, falta mucho para las elecciones y las encuestas, especialmente aquellas que no se conocen públicamente, deben analizarse con prudencia.
Pero la política también se construye sobre percepciones, oportunidades y decisiones.
Y Luis Juez parece haber tomado la suya: será candidato a gobernador en 2027, con los radicales, con los libertarios o sin ellos.
Porque, a diferencia de otras oportunidades, esta vez siente que la Gobernación está verdaderamente a su alcance.
Juez huele que Llaryora está debilitado. Y cuando un dirigente con su experiencia cree que el poder está al alcance de la mano, difícilmente alguien pueda convencerlo de abandonar la pelea.







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