Natalia de la Sota le cerró la puerta a Llaryora y profundiza la interna del peronismo cordobés

CÓRDOBA Por Juan Palos

MY2DGYJWMJTDGZBWGQ3TCNTDHE

RESUMEN

  1. Natalia de la Sota no integrará una fórmula electoral con Martín Llaryora, según la posición transmitida por dirigentes de su espacio político.

  2. La legisladora mantiene abierta la posibilidad de competir por la Gobernación de Córdoba en 2027, con una estructura política propia.

  3. Las diferencias entre el delasotismo y el llaryorismo se profundizan, especialmente por la relación del Gobierno provincial con el presidente Javier Milei.

  4. El gobernador necesita evitar una división del voto peronista, que podría comprometer sus posibilidades de reelección.

  5. La disputa refleja las tensiones de un peronismo que gobierna Córdoba desde hace casi tres décadas, pero que comienza a exhibir diferencias cada vez más difíciles de disimular.

Una decisión que altera el escenario electoral

La diputada nacional Natalia de la Sota decidió tomar distancia de las especulaciones que la ubicaban como posible compañera de fórmula del gobernador Martín Llaryora en las elecciones provinciales de 2027.

Según trascendió desde su entorno político, la hija del fallecido exgobernador José Manuel de la Sota no está dispuesta a ocupar un lugar subordinado dentro del proyecto reeleccionista del actual mandatario provincial.

La definición representa un nuevo capítulo en las diferencias que atraviesan al peronismo cordobés, una fuerza política que logró conservar el poder durante casi treinta años bajo los liderazgos de José Manuel de la Sota, Juan Schiaretti y Martín Llaryora.

Sin embargo, lo que durante mucho tiempo funcionó como una estructura política relativamente cohesionada comienza a mostrar divisiones que podrían adquirir una dimensión electoral significativa.

Natalia de la Sota pretende consolidar una identidad política propia y no convertirse simplemente en una pieza de negociación dentro del oficialismo provincial.

La posibilidad de competir por la Gobernación

La legisladora viene recorriendo distintas localidades del interior cordobés y fortaleciendo su espacio Defendamos Córdoba, con el que participó de las elecciones legislativas nacionales de 2025.

En declaraciones recientes, De la Sota reconoció que no descarta presentarse como candidata a gobernadora en 2027.

Esa posibilidad representa un desafío para Llaryora, que necesita conservar la mayor cantidad posible de adhesiones dentro del electorado tradicional del justicialismo.

En las elecciones legislativas de 2025, el espacio de la diputada obtuvo alrededor del 7% de los votos, un porcentaje que, trasladado a una elección provincial competitiva, podría resultar decisivo.

Una candidatura independiente de Natalia de la Sota podría dividir el voto peronista y favorecer a las fuerzas opositoras.

En el entorno de la legisladora consideran que ese caudal electoral le otorga capacidad para negociar desde una posición autónoma, sin necesidad de aceptar las condiciones del gobernador.

Milei, otro motivo de enfrentamiento

Uno de los principales puntos de conflicto entre ambos dirigentes es la relación que mantiene el Gobierno de Córdoba con la administración nacional de Javier Milei.

Natalia de la Sota cuestiona lo que considera una actitud demasiado complaciente del oficialismo provincial frente a determinadas políticas económicas del presidente.

La diputada sostiene que Córdoba necesita construir una alternativa política y social diferente, mientras que Llaryora procura mantener una relación institucional con la Casa Rosada, combinando acuerdos y cuestionamientos según las circunstancias.

La discusión no es solamente electoral: también expresa dos maneras distintas de entender el posicionamiento del peronismo cordobés frente al Gobierno nacional.

Mientras el gobernador intenta preservar un perfil de gestión y diálogo institucional, la legisladora busca diferenciarse mediante un discurso de mayor confrontación política con el rumbo económico nacional.

El legado de José Manuel de la Sota, en disputa

Otro aspecto que atraviesa esta confrontación es la representación del legado político del exgobernador José Manuel de la Sota.

Su hija pretende mantener vigente una corriente interna que reivindica la identidad del delasotismo y reclama participación en las principales decisiones del peronismo provincial.

Sin embargo, dentro del oficialismo también existen dirigentes que se identifican con aquella tradición política y que mantienen vínculos con el gobernador.

Las diferencias entre referentes cercanos a Natalia de la Sota y funcionarios del Gobierno provincial reflejan que la disputa excede las aspiraciones personales.

Lo que está en juego es quién tendrá mayor influencia sobre una parte importante de la estructura histórica del justicialismo cordobés.

Llaryora enfrenta un escenario más complejo

El gobernador Martín Llaryora deberá resolver un problema político que podría adquirir mayor dimensión a medida que se acerquen las elecciones de 2027.

Por un lado, necesita sostener la unidad de su espacio y evitar fugas electorales. Por otro, debe administrar las relaciones con sectores del radicalismo, el PRO y otras fuerzas provinciales.

En paralelo, La Libertad Avanza busca consolidarse como una alternativa electoral en Córdoba, una provincia donde el presidente Javier Milei ha conseguido importantes niveles de respaldo.

Una fragmentación del peronismo podría modificar sustancialmente las posibilidades de continuidad del oficialismo provincial.

La experiencia electoral demuestra que las divisiones internas suelen tener consecuencias cuando los márgenes entre las principales fuerzas políticas son estrechos.

Casi treinta años de poder y una interna que no se puede ocultar

Desde 1999, el peronismo gobierna Córdoba de manera ininterrumpida. Durante ese período, la conducción provincial estuvo concentrada en tres figuras centrales: José Manuel de la Sota, Juan Schiaretti y Martín Llaryora.

La continuidad permitió construir una estructura territorial sólida, pero también generó disputas por los espacios de poder y por la sucesión de los liderazgos.

La posición adoptada por Natalia de la Sota constituye una señal de que aquella unidad política ya no puede darse por garantizada.

El interrogante es si el peronismo cordobés conseguirá administrar sus diferencias o si llegará a 2027 dividido, después de casi tres décadas de ejercer el poder provincial.

Por ahora, la legisladora mantiene su autonomía, no confirma una candidatura a gobernadora y rechaza la posibilidad de acompañar a Llaryora como vicegobernadora.

Tampoco puede descartarse que existan negociaciones sobre otros espacios de representación política.

Lo que parece cada vez más claro es que Natalia de la Sota no quiere ser una figura secundaria en el futuro político de Córdoba. Y Martín Llaryora deberá decidir cómo enfrentar una disputa que podría poner en riesgo su reelección.

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto