¿Y si Llaryora se decide y se tira a la presidencia?

POLÍTICA Por Jorge Levin

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RESUMEN

  • La posibilidad de una candidatura presidencial de Martín Llaryora empieza a aparecer como una hipótesis dentro del espacio de gobernadores.
  • Una parte del electorado podría quedar atrapada entre el rechazo a Javier Milei y el temor al regreso del kirchnerismo.
  • La llamada “avenida del medio” podría encontrar en Llaryora una figura con capacidad de representar ese espacio.
  • Un triunfo en Córdoba, acompañado por una gestión basada en obra pública, producción y empleo, podría convertirse en su plataforma nacional.
  • Maximiliano Pullaro y otros gobernadores podrían formar parte de una construcción federal con aspiraciones presidenciales.

¿Y si Martín Llaryora se decide finalmente y se tira a la Presidencia?

Por ahora es una pregunta. Una hipótesis. Una conversación que circula entre dirigentes y operadores políticos. Pero en política, cuando una idea empieza a repetirse demasiado, conviene prestarle atención.

El escenario nacional puede abrir una oportunidad para alguien que consiga ocupar un espacio que históricamente aparece cuando los extremos se tensionan: la famosa avenida del medio.

Porque puede ocurrir algo bastante sencillo de entender. Hay votantes que no están dispuestos a acompañar nuevamente a Milei, pero que tampoco quieren imaginar un regreso del kirchnerismo al poder. Para ese sector, la sola posibilidad de volver a una experiencia política encabezada por figuras como Axel Kicillof o por dirigentes identificados con el kirchnerismo puede resultar sencillamente insoportable.

Y ahí aparece Llaryora.

No necesariamente como un candidato destinado a convencer a todos, sino como una alternativa para aquellos que buscan una opción distinta al mileísmo y al kirchnerismo.

El gobernador cordobés tiene, además, algo que en política vale muchísimo: un territorio desde donde construir.

La hipótesis podría ser la siguiente. Primero, Llaryora se presenta para la reelección en Córdoba, acompañado por un vicegobernador de su absoluta confianza. ¿Miguel Calvo? Es una posibilidad que algunos imaginan. Después, si consigue un triunfo contundente en la provincia, podría comenzar a ponerse en marcha aquello que en política se conoce como el “clamor”.

Primero gana Córdoba.

Después aparecen los gobernadores.

Después empiezan las voces que dicen que hace falta una alternativa nacional.

Y finalmente alguien podría decirle: “Martín, tenés que ser vos”.

¿Ciencia ficción política? No necesariamente.

Llaryora tiene un argumento que podría intentar convertir en bandera nacional: Córdoba siguió haciendo obra pública aun en un escenario de fuerte tensión con el Gobierno nacional.

Hospitales, rutas, viviendas, infraestructura y obras viales forman parte de la agenda que el gobierno cordobés viene mostrando como una de sus principales cartas de gestión.

El mensaje sería sencillo: mientras se discutía con la Nación por los recursos, la Provincia siguió invirtiendo, generando actividad y sosteniendo puestos de trabajo.

Ese relato, llevado a una campaña presidencial, podría transformarse en una propuesta política: equilibrio fiscal, producción, trabajo, federalismo y obra pública, sin regresar al modelo kirchnerista y sin necesariamente abrazar el programa libertario en su totalidad.

Y Llaryora no estaría solo.

Maximiliano Pullaro aparece como uno de los aliados naturales de esa construcción. Ambos vienen trabajando políticamente junto a otros gobernadores y compartiendo reclamos vinculados con el federalismo, la producción y la infraestructura. En julio, Llaryora, Pullaro y Rogelio Frigerio volvieron a mostrarse juntos dentro de la Región Centro; en septiembre, Pullaro recibió en Rosario a Llaryora, Ignacio Torres y Juan Pablo Valdés, en una reunión que volvió a alimentar las especulaciones sobre una tercera vía para 2027.

Por eso, la eventual candidatura presidencial de Llaryora no debería pensarse solamente como una aventura personal.

Podría ser el intento de construir una coalición de gobernadores, con Córdoba y Santa Fe como dos de sus principales columnas y con la posibilidad de sumar a otros mandatarios provinciales.

Claro que falta muchísimo.

Y también hay obstáculos enormes.

Primero, Llaryora debería resolver su situación en Córdoba. Después debería lograr que ese espacio federal deje de ser solamente una fotografía de gobernadores y se transforme en una verdadera propuesta electoral nacional.

Y, fundamentalmente, debería convencer a ese enorme universo de argentinos que no quiere continuar con determinadas políticas de Milei pero que tampoco está dispuesto a regresar al kirchnerismo.

Ahí puede estar la oportunidad.

¿Y si Llaryora se decide?

Por ahora nadie puede afirmarlo.

Pero algunos ya empezaron a mirar el tablero de 2027 con otros ojos.

Y en política, cuando todavía faltan meses para que comience formalmente la carrera presidencial, soñar en grande tampoco cuesta demasiado.

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