El mercado espera más pesos hacia fin de año

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El mercado había comenzado a anticipar una mayor circulación de pesos hacia fin de año
  • La demanda de dinero suele aumentar durante diciembre y enero por razones estacionales
  • El circulante y el M2 habían dejado de caer durante septiembre
  • El endurecimiento monetario había coincidido con una mayor volatilidad de las tasas
  • J.P. Morgan había reducido al 1,5% su proyección de crecimiento para Argentina en 2026
  • El Tesoro había comenzado a limitar la absorción adicional de pesos en sus licitaciones

La política monetaria del Gobierno comenzó a enfrentar una nueva discusión entre los analistas del mercado: la posibilidad de que hacia el cierre de 2026 se produzca una mayor circulación de pesos, impulsada por el aumento estacional de la demanda de dinero que suele registrarse durante diciembre y enero. La expectativa aparece mientras la economía muestra señales de debilitamiento y el Gobierno mantiene su estrategia de contener la liquidez para sostener la desinflación.

El argumento central de quienes analizan un eventual proceso de remonetización es que durante los últimos meses del año las familias y las empresas suelen incrementar sus necesidades de efectivo. El pago de aguinaldos, los vencimientos financieros, las compras de fin de año y la planificación de las vacaciones generan una mayor demanda de pesos, que habitualmente comienza a revertirse en febrero. Durante diciembre del año pasado, esa demanda había aumentado un 8%, un comportamiento que algunos analistas consideran posible que vuelva a repetirse.

En ese escenario, un informe de Grit Capital Group planteó que el equipo económico podría tener margen para acelerar la remonetización. El análisis sostuvo que la economía había mostrado señales de recuperación en febrero, cuando se había permitido una expansión del agregado monetario M2, mientras que el cambio de tendencia observado en julio había coincidido con una política de mayor absorción de liquidez.

La discusión cobró fuerza después de que durante septiembre el circulante en poder del público y el M2 dejaran de caer y retomaran un crecimiento nominal cercano al 22%. Para algunos analistas, ese comportamiento podía representar un piso en el proceso de desmonetización y abrir espacio para una mayor liquidez sin que necesariamente se produjera un rebrote inflacionario.

El debate también estuvo vinculado con el impacto que había tenido el endurecimiento monetario sobre la actividad económica. En julio, el Ministerio de Economía había rolado vencimientos de deuda por $8,4 billones y, adicionalmente, había absorbido otros $4 billones. La estrategia había buscado reducir las presiones sobre el dólar y los precios, aunque había generado mayor volatilidad en las tasas de interés.

En paralelo, el Estimador Mensual de Actividad Económica había registrado en julio una caída interanual del 1,4% y una baja mensual del 2,9%. Ese retroceso había llevado a J.P. Morgan a reducir su proyección de crecimiento para Argentina durante 2026 al 1,5%.

Frente a ese escenario, incluso economistas vinculados con posiciones ortodoxas habían comenzado a plantear una mayor flexibilidad monetaria. Claudio Loser, ex director del FMI para el hemisferio occidental, había señalado que una reducción de las tasas podía contribuir a mejorar la situación de los deudores, favorecer la actividad y permitir una evolución más realista del tipo de cambio.

La eventual remonetización también había comenzado a observarse en las decisiones del Tesoro. En las últimas licitaciones, el Gobierno se había limitado a renovar los vencimientos, sin buscar una absorción adicional de pesos. Además, la oferta de bonos se había concentrado en instrumentos de corto plazo, dejando en segundo plano el objetivo de extender los plazos de la deuda.

El secretario de Finanzas, Federico Furiase, había defendido esa modificación por el contexto de tasas internacionales elevadas y había señalado que no resultaba conveniente convalidar esos niveles en el tramo largo de la curva.

Otra alternativa analizada por los economistas consistía en que el Banco Central incrementara la compra de dólares sin que el Tesoro reabsorbiera los pesos resultantes. Según el planteo de Bull Capital incluido en el análisis, para alcanzar una meta oficial de compras por US$20.000 millones, el organismo debía adquirir US$5.700 millones durante los tres meses restantes del año, frente a los US$224 millones comprados en septiembre.

Así, la evolución de la demanda de dinero, el comportamiento de las tasas y la necesidad de sostener la actividad habían colocado a la política monetaria ante una nueva etapa de discusión. La posibilidad de una mayor liquidez hacia fin de año aparecía como una alternativa que buscaba compatibilizar la continuidad del proceso de desinflación con una economía que había comenzado a mostrar mayores dificultades para sostener el ritmo de actividad.

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