La industria automotriz cambia su estrategia ante el nuevo consumidor

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • Las nuevas generaciones muestran un menor interés por obtener la licencia de conducir y comprar un automóvil.
  • El transporte público y las aplicaciones modificaron los hábitos de movilidad, especialmente en las grandes ciudades.
  • Los costos de compra, mantenimiento, combustible, seguro y estacionamiento dificultan el acceso de los jóvenes a un auto propio.
  • Las motos de baja cilindrada ganaron espacio como alternativa de movilidad individual de menor costo.
  • Las automotrices comenzaron a desarrollar versiones más económicas y vehículos destinados al mercado de las aplicaciones.
  • Las ventas de flotas, alquileres y sistemas de leasing adquieren una importancia creciente dentro de la estrategia comercial de las terminales.

La industria automotriz atraviesa una transformación en los hábitos de movilidad que está modificando el perfil tradicional del comprador de vehículos. Las nuevas generaciones muestran un menor interés por obtener la licencia de conducir y, en las grandes ciudades, recurren cada vez más al transporte público y a los servicios de aplicaciones para desplazarse.

El cambio representa un desafío para los fabricantes, que durante décadas tuvieron entre sus principales clientes a jóvenes que buscaban adquirir su primer automóvil. Actualmente, ese comportamiento perdió fuerza y la compra de un vehículo dejó de ocupar el mismo lugar entre las prioridades de una parte de los consumidores más jóvenes.

La situación está relacionada con distintos factores. El costo de adquisición de un automóvil se suma a los gastos de combustible, seguro, patente, mantenimiento y estacionamiento. Para muchos jóvenes, además, la independencia económica resulta más difícil que décadas atrás y una parte todavía permanece en el hogar familiar. En ese contexto, asumir los costos asociados a un vehículo puede quedar relegado frente a otras necesidades.

Las alternativas de movilidad también cambiaron. La expansión de los teléfonos inteligentes y las aplicaciones modificó la manera en que las personas utilizan el transporte. Mientras que anteriormente no disponer de un auto podía significar depender de los horarios y recorridos del transporte público, actualmente es posible solicitar un vehículo desde el celular y utilizarlo solamente durante el trayecto necesario.

El estacionamiento constituye otro factor que pesa especialmente en las grandes ciudades. La dificultad para encontrar lugares disponibles y los costos asociados hacen que para algunos usuarios resulte más conveniente pagar por un viaje que asumir los gastos permanentes de un automóvil propio.

En las ciudades menos pobladas del interior, el fenómeno presenta características diferentes. Allí, la moto, particularmente los modelos de baja cilindrada, ganó espacio como alternativa para quienes buscan movilidad individual a un costo inferior al de un automóvil.

Para las automotrices, esta transformación obliga a buscar nuevos segmentos de consumidores. Uno de los mercados que adquirió mayor importancia es el de las flotas destinadas a servicios de aplicaciones. En lugar de depender exclusivamente del comprador particular, las terminales comenzaron a desarrollar vehículos con equipamientos más básicos y precios inferiores, orientados a usuarios que utilizan los autos intensivamente para trabajar.

En estos casos, el confort y el equipamiento pueden pasar a un segundo plano frente al precio, el consumo y los costos operativos. Los vehículos permanecen muchas horas en circulación y transportan pasajeros durante trayectos relativamente breves, por lo que las características buscadas por los compradores tradicionales pueden no ser las mismas.

El alquiler de automóviles también experimentó una transformación. El modelo de utilizar un vehículo durante algunas horas o eventualmente fue dando lugar a una modalidad en la que los choferes de aplicaciones alquilan unidades diariamente para desarrollar su actividad laboral. En algunos casos, ese sistema se combina con alternativas de leasing que permiten que el conductor termine adquiriendo el vehículo después de varios años.

Este esquema abrió una nueva vía de acceso para trabajadores que no podrían comprar un 0 km mediante los mecanismos tradicionales. El costo total puede ser considerablemente mayor, pero la posibilidad de afrontar pagos periódicos a partir de los ingresos generados con el automóvil modifica las condiciones de acceso.

Las terminales también comenzaron a adaptar sus catálogos. Volkswagen incorporó versiones de acceso más económicas en modelos como Polo, Virtus y Nivus, mientras que otras marcas avanzaron con vehículos específicamente orientados al transporte mediante aplicaciones. En el segmento eléctrico, también aparecieron propuestas destinadas a este tipo de utilización.

El cambio de hábitos plantea así una transformación para el negocio automotor. Mientras disminuye el interés de parte de los jóvenes por tener un automóvil propio, aumenta la relevancia de las unidades utilizadas profesionalmente. Para las automotrices, las ventas corporativas y de flotas podrían adquirir un peso creciente en un mercado donde la movilidad ya no necesariamente está asociada con la propiedad de un vehículo.

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