


La hora en la que se cena puede tener un impacto importante en la salud, además de la calidad de los alimentos elegidos. Diversos estudios científicos advierten que comer después de las 9 de la noche podría afectar el metabolismo, la regulación de la glucosa y aumentar ciertos riesgos cardiovasculares.
Cenar tarde puede afectar el control de la glucosa
Una investigación realizada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Columbia determinó que consumir más del 45% de las calorías diarias después de las 17 horas se relaciona con un empeoramiento significativo de los niveles de glucosa, independientemente del peso corporal o del tipo de dieta.
La investigadora Diana Díaz Rizzolo explicó que durante la noche el organismo reduce su capacidad para procesar la glucosa debido a una menor secreción de insulina y una disminución de la sensibilidad de las células a esta hormona.
Además, otros estudios observaron que cenar después de las 22 horas puede elevar los niveles de glucosa luego de las comidas en comparación con realizar la cena más temprano, cerca de las 18 horas.
Mayor riesgo cardiovascular asociado a cenar tarde
Un estudio publicado en la revista Nature Communications, realizado con más de 100.000 personas por el Instituto de Salud Global de Barcelona, encontró que cenar después de las 21 horas se asocia con un aumento del 28% en el riesgo de enfermedades cerebrovasculares, como el accidente cerebrovascular (ACV), en comparación con quienes cenan antes de las 20 horas.
El efecto fue especialmente marcado en mujeres.
La investigación también reveló que mantener un período más prolongado de ayuno nocturno entre la cena y el desayuno podría estar relacionado con un menor riesgo cardiovascular.
Cómo influye la cena tardía en la digestión y el sueño
Comer poco antes de acostarse puede dificultar la digestión y afectar la calidad del descanso, ya que el cuerpo continúa trabajando en el procesamiento de los alimentos durante la noche en lugar de enfocarse en los procesos de recuperación propios del sueño.
La crononutrición, disciplina que estudia la relación entre los horarios de alimentación y los ritmos biológicos, sostiene que las comidas nocturnas pueden alterar los relojes internos del organismo y afectar funciones como la presión arterial y el metabolismo.
Más hambre y cambios en el uso de las grasas
Una investigación de la Universidad de Chicago concluyó que comer tarde aumenta la sensación de hambre durante el día siguiente.
Además, los investigadores detectaron que las cenas tardías reducen la lipólisis, el proceso por el cual el cuerpo utiliza la grasa como fuente de energía, y favorecen una mayor síntesis de lípidos, lo que puede contribuir al almacenamiento de grasa corporal.
Qué recomiendan los especialistas
La evidencia científica disponible indica que adelantar el horario de la cena y dejar un período suficiente antes de dormir puede ayudar a mejorar el control metabólico y reducir riesgos cardiovasculares.
Sin embargo, los especialistas aclaran que la salud no depende únicamente del horario de las comidas: la calidad de la alimentación, la actividad física y otros hábitos de vida siguen siendo factores fundamentales para el bienestar general.


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