Comienza la carrera por la sucesión en la ONU

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La Organización de las Naciones Unidas atraviesa una etapa de fuertes cuestionamientos sobre su capacidad para responder a los principales conflictos internacionales. En ese escenario, comenzó el proceso para elegir al próximo secretario general, quien asumirá el desafío de conducir un organismo que enfrenta críticas por su funcionamiento, su estructura administrativa y su limitada incidencia en las crisis globales.

El mandato de Antonio Guterres llega a su fin en medio de un debate sobre el papel desempeñado por la ONU durante conflictos como la guerra entre Rusia y Ucrania y la escalada en Medio Oriente. Diversos sectores consideran que el organismo perdió capacidad de influencia y que necesita una profunda modernización para recuperar protagonismo en la escena internacional.

Entre los aspirantes al cargo figuran la expresidenta chilena Michelle Bachelet, la economista costarricense Rebeca Grynspan, la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el expresidente senegalés Macky Sall, la diplomática guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Uno de los pasos más relevantes del proceso tuvo lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Grossi presentó su propuesta para conducir la organización. La exposición se desarrolló en una reunión reservada con los quince integrantes del organismo, presidida durante este mes por la República Democrática del Congo.

Durante el encuentro, que se extendió por casi dos horas, el diplomático argentino respondió consultas de los representantes de los Estados miembros y expuso su visión sobre los principales desafíos que enfrenta Naciones Unidas. Su planteo incluyó la necesidad de fortalecer los mecanismos de mantenimiento de la paz, mejorar la gestión administrativa y financiera del organismo y reforzar su capacidad para actuar como mediador en los conflictos internacionales.

La experiencia de Grossi al frente del OIEA aparece como uno de los principales argumentos de su candidatura. En los últimos años encabezó negociaciones vinculadas al programa nuclear iraní, la seguridad de las centrales nucleares en Ucrania y otros temas estratégicos que lo llevaron a mantener diálogo directo con líderes de las principales potencias mundiales.

El proceso de elección está fuertemente condicionado por el Consejo de Seguridad, cuyos cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido— cuentan con poder de veto. Cualquier objeción de alguno de esos países alcanza para bloquear una candidatura, por lo que el futuro secretario general deberá reunir un amplio consenso entre las principales potencias.

Tras la presentación de todos los postulantes comenzará la etapa de consultas informales conocida en el ámbito diplomático como "Straw Polls", una serie de votaciones reservadas que permiten medir el respaldo de cada candidato. Ese procedimiento se iniciará hacia fines de julio y se extenderá, en principio, hasta octubre.

Posteriormente, el Consejo de Seguridad elevará un único nombre a la Asamblea General, que deberá aprobar formalmente la designación del próximo secretario general de Naciones Unidas, tal como establece la Carta de la organización.

Los candidatos ya habían participado meses atrás de audiencias públicas organizadas por la Asamblea General, donde respondieron durante varias horas preguntas de representantes de los Estados miembros y de organizaciones de la sociedad civil sobre sus propuestas para el futuro del organismo.

Si se cumplen los plazos previstos, el sucesor de Antonio Guterres quedará definido antes de finalizar el año. La decisión dependerá, en gran medida, del acuerdo político entre las principales potencias, que continúan ejerciendo la mayor influencia dentro del sistema de Naciones Unidas.

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