Milei busca la reelección: terminar con las PASO y la deuda como estrategia de campaña
POLÍTICA Marian SANZOTTI

La Casa Rosada ha decidido barajar y dar de nuevo en su estrategia de poder. Tras un año y medio de gestión focalizado rigurosamente en el torniquete fiscal y la estabilización de las variables macroeconómicas, el presidente Javier Milei inauguró formalmente la arquitectura de su proyecto de reelección para 2027. Esta nueva etapa se sostiene sobre dos rieles paralelos y complementarios: el blindaje financiero diseñado por Luis Caputo y Santiago Bausili para despejar cualquier incertidumbre sobre el pago de la deuda en los mercados, y el despliegue político comandado por el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, orientado a tejer una mayoría legislativa y territorial mucho más robusta.
La reciente jura de Santilli ante trece mandatarios provinciales cristalizó un giro pragmático en el método de construcción del poder libertario. La premisa originaria de competir en absoluta soledad contra todo el arco partidario tradicional mutó hacia la búsqueda de consensos con gobernadores del PRO, la UCR y fuerzas provinciales. Bajo la máxima oficialista de que el futuro no se dividirá por colores partidarios sino por el sentido del rumbo país, el Gobierno busca edificar una plataforma de gobernabilidad estable. Este acercamiento tendrá un correlato simbólico inmediato en la vigilia del Día de la Independencia en Tucumán, intentando sellar un nuevo pacto de convivencia con el federalismo de cara a un Senado donde la oposición aún impone condiciones.
La gran jugada maestra del Gobierno en el plano electoral consiste en la reforma para eliminar o suspender las PASO. Lejos de ser una mera modificación técnica, la Casa Rosada concibe esta medida como una pieza central para profundizar la fractura del peronismo, hoy huérfano de una conducción unificada tras la inhabilitación judicial de Cristina Kirchner y las abiertas disputas de liderazgo entre el kirchnerismo y Axel Kicillof. Sin el ordenamiento institucional que proveen las elecciones primarias, el justicialismo enfrentará una desgastante guerra de facciones, lo que permitirá a los libertarios atraer a dirigentes e intendentes justicialistas periféricos mediante la ingeniería que facilita la Boleta Única de Papel, haciendo convivir las listas locales con la postulación presidencial de Milei.
Esta reconfiguración externa obligó primero a ordenar la tropa propia, congelando las rispideces con Patricia Bullrich y reestructurando los canales de comunicación oficial con perfiles de corte más institucional. Aunque el centro de gravedad del poder retiene las figuras de Karina Milei y Eduardo "Lule" Menem, la gestión política cotidiana se ha descentralizado. En definitiva, el oficialismo entendió que para romper la tendencia de las sucesivas gestiones presidenciales que fracasaron en renovar su mandato desde 2015, la previsibilidad económica de los mercados debe maridarse necesariamente con un mayor músculo político propio.



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