Ayuno intermitente: ¿el horario influye en mantener el peso perdido?

ESPECTÁCULO Julia VOSCOJulia VOSCO

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Un estudio multicéntrico realizado en España y liderado por la Universidad de Granada concluyó que limitar la ingesta de alimentos a una ventana de ocho horas diarias puede ayudar a mantener la pérdida de peso durante al menos un año en personas con sobrepeso u obesidad.

La investigación mostró que tanto las ventanas de alimentación tempranas como las tardías, e incluso aquellas elegidas libremente por los participantes, fueron más efectivas para sostener el descenso de peso que recibir únicamente educación nutricional.

El trabajo fue desarrollado por investigadores de la Universidad de Granada y la Universidad Pública de Navarra, e incluyó a 99 adultos (la mitad mujeres), con una edad promedio de 49 años y un índice de masa corporal promedio de 32.

Los participantes fueron divididos en cuatro grupos. Tres de ellos siguieron un esquema de alimentación restringida en el tiempo, concentrando todas sus comidas en una ventana de ocho horas: uno por la mañana, otro por la tarde y un tercero con horario libre. El cuarto grupo recibió únicamente recomendaciones basadas en la dieta mediterránea, sin restricciones horarias.

Una de las principales diferencias con otros programas para adelgazar fue que los participantes no tuvieron que contar calorías ni modificar la composición de su alimentación. Además, todos recibieron recomendaciones para realizar actividad física de acuerdo con las pautas de la Organización Mundial de la Salud y participaron en sesiones de seguimiento cada dos semanas durante los tres meses que duró la intervención.

Qué beneficios observaron después de un año

Al analizar los resultados a los 12 meses, los investigadores comprobaron que quienes realizaron alimentación restringida en el tiempo conservaron una mayor pérdida de peso que el grupo que solo recibió educación alimentaria.

Los participantes que concentraron sus comidas durante la mañana mantuvieron, en promedio, 2,6 kilos menos que el grupo de control, mientras que quienes eligieron una ventana vespertina conservaron 2,4 kilos menos.

Al analizar en conjunto a todos los participantes que realizaron restricción horaria, los beneficios fueron aún más claros:

  • 2,2 kilos menos de peso corporal.
  • 3 centímetros menos de circunferencia de cintura.
  • 1,3 kilos menos de masa grasa, en comparación con el grupo de control.

Los investigadores señalaron que tanto la alimentación restringida por la mañana como por la tarde mostraron resultados similares para mantener la pérdida de peso, sin diferencias importantes entre ambos horarios.

La importancia de elegir un horario cómodo

Uno de los datos que más llamó la atención fue que cerca del 26% de los participantes continuó practicando este tipo de alimentación durante el año posterior, aun cuando ya no recibían indicaciones para hacerlo.

Este hallazgo sugiere que permitir que cada persona adapte la ventana horaria a su rutina podría favorecer la adherencia a largo plazo.

No obstante, el grupo que eligió libremente sus horarios presentó un mayor abandono durante el seguimiento, ya que solo nueve de los 22 participantes completaron el estudio.

Durante los tres meses de intervención, la adherencia fue muy elevada:

  • 95,2% en la ventana temprana.
  • 96,4% en la ventana tardía.
  • 92,9% en la ventana elegida libremente.

También hubo pérdida de masa muscular

El estudio detectó que la reducción de peso no se produjo únicamente a expensas de la grasa corporal. Tanto la restricción horaria temprana como la tardía estuvieron asociadas con una disminución de la masa libre de grasa, principalmente masa muscular.

Por ese motivo, los investigadores recomiendan que el ayuno intermitente o la alimentación restringida por tiempo se acompañen con ejercicios de fuerza y un adecuado consumo de proteínas, para minimizar la pérdida muscular.

Además, observaron que alrededor del 70% del descenso de peso ocurrió durante las primeras seis semanas, mientras que luego la reducción fue más lenta y estable.

Si bien al cabo de un año los participantes mantenían aproximadamente la mitad del peso perdido durante los primeros tres meses, los autores destacan que esta estabilidad representa una mejora frente al conocido "efecto rebote" que suele aparecer tras muchas dietas tradicionales.

Finalmente, los investigadores remarcaron que incluso pérdidas moderadas de peso pueden generar beneficios cardiovasculares y metabólicos importantes, aunque señalaron algunas limitaciones del estudio, como el elevado abandono en algunos grupos y la falta de información objetiva sobre los hábitos de vida mantenidos tras finalizar la intervención.

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