
Passerini no puede seguir escondiéndose: la noche cordobesa es su responsabilidad
CÓRDOBA Por Carlos Zimerman


Hay momentos en los que un gobernante debe dejar de buscar culpables y empezar a hacerse cargo de los problemas que ocurren bajo su propia administración. Daniel Passerini parece no haber entendido todavía esa diferencia.
Mientras la noche cordobesa se transforma en un escenario cada vez más descontrolado, con episodios que exponen fallas de controles, desorden administrativo y una preocupante ausencia del Estado municipal, el intendente eligió una salida tan cómoda como absurda: mirar veinte años hacia atrás y señalar a Luis Juez como responsable de lo que sucede hoy.
La explicación no resiste el menor análisis.
Juez fue intendente de Córdoba hace más de dos décadas. Dos décadas. Cuando algunos de los empleados municipales que actualmente ocupan cargos de responsabilidad, y que incluso aparecen mencionados en distintas sospechas y cuestionamientos, ni siquiera habían terminado la escuela primaria. Pretender que los problemas actuales son consecuencia de una gestión que terminó hace veinte años es una falta de respeto a la inteligencia de los cordobeses.
La ciudad tiene un intendente y ese intendente se llama Daniel Passerini.
Si la noche cordobesa es un desastre, si los controles fallan, si existen irregularidades, si hay funcionarios que no están a la altura de sus responsabilidades o si el municipio perdió capacidad de supervisión, la responsabilidad política tiene nombre y apellido. No es de una gestión del pasado. No es de administraciones que ya forman parte de la historia. Es de quien hoy ocupa el despacho principal del Palacio 6 de Julio.
La costumbre de gobernar mirando por el espejo retrovisor suele ser el refugio de quienes ya no tienen respuestas para ofrecer. Pero los ciudadanos no necesitan explicaciones sobre lo que pasó hace veinte años. Necesitan saber qué está haciendo el gobierno municipal hoy para resolver los problemas que tienen delante de sus ojos.
Passerini debe abandonar la estrategia de la victimización permanente y asumir el liderazgo que exige el cargo que ocupa. Porque cuando todo funciona bien, los méritos son del intendente. Y cuando todo funciona mal, también.
La noche cordobesa atraviesa una crisis evidente. Los hechos están a la vista de todos. Lo que no aparece son las respuestas contundentes de una gestión que parece más preocupada por repartir culpas que por solucionar problemas.
Ya no alcanza con discursos ni con buscar fantasmas del pasado. Córdoba necesita explicaciones, controles efectivos y decisiones firmes.
Y las necesita ahora.
Porque cada día que Passerini dedica a culpar a otros es un día más en el que evita hacerse cargo de la única verdad que importa: el responsable político de lo que ocurre en la ciudad de Córdoba es él.




























