
Luis Juez, desencantado con Milei, harto del escándalo Adorni y decidido a jugar solo
CÓRDOBA Por Carlos Zimerman


En política, las decepciones no siempre se anuncian. Muchas veces se acumulan en silencio hasta que un día explotan. Y todo indica que eso es exactamente lo que ocurrió con Luis Juez.
El senador nacional parece haber tomado una decisión que puede cambiar el tablero político provincial de cara a 2027: jugar su propio partido, sin esperar órdenes de Javier Milei, sin depender de Rodrigo de Loredo y sin confiar en las verdaderas intenciones de Gabriel Bornoroni.
Nadie en el juecismo lo admite públicamente. Todavía no. Pero quienes frecuentan el entorno más íntimo del senador saben que el escándalo que envuelve a Manuel Adorni fue la gota que rebalsó el vaso. Juez construyó toda su carrera política sobre una bandera que jamás negoció: la honestidad.
Por eso el ruido que generó el caso Adorni impactó más de lo que muchos imaginan. No se trata solamente de un problema de gestión para el gobierno nacional. Para Juez es una cuestión de principios. Y cuando los principios empiezan a derrumbarse, las lealtades también.
No va a salir mañana a cuestionar a Javier Milei. No lo necesita. Pero puertas adentro ya empezó a sacar cuentas propias.
Y las cuentas le dan.
A amigos muy cercanos les viene repitiendo una reflexión que resume perfectamente su estado de ánimo:
"Hace cuatro años estuvimos muy cerca. Fuimos prácticamente solos. Los radicales aportaron poco y aun así perdimos por muy poco frente a un Llaryora recién llegado y con Schiaretti instalado en la escena nacional como candidato a presidente. Hoy el escenario es distinto. Llaryora está desgastado, aparecen problemas graves como el caso Agostina y cada vez queda más expuesta la mugre estructural de la Justicia provincial. Tengo fe. Estoy convencido de que puedo llegar solo. Si alguien quiere sumarse, bienvenido. Pero podemos hacerlo con nuestro propio partido".
La frase sintetiza una conclusión política contundente: Juez cree que nunca estuvo tan cerca de la Gobernación como ahora.
Y esa convicción también explica por qué ya no espera demasiado de Rodrigo de Loredo.
La desconfianza es total.
En el juecismo están convencidos de que el radical no tiene ninguna urgencia por disputar el poder provincial. Creen que De Loredo prefiere esperar otro turno antes que pasar ocho años bajo el liderazgo político de Luis Juez. Dicho de otra manera: sospechan que está más preocupado por administrar su propio futuro que por construir una alternativa capaz de derrotar al oficialismo.
"Luis Juez hizo de la honestidad su principal bandera política, y el caso Adorni representa un punto de inflexión que lo llevó a replantear su relación con Javier Milei y a empezar a construir su propio camino hacia 2027."
Tampoco hay demasiadas expectativas respecto de Gabriel Bornoroni.
La lectura que hacen cerca de Juez es brutalmente simple:
"Bornoroni va a jugar, pero no para ganar. Va a jugar para dividir".
Según esa mirada, una candidatura libertaria pura tendría escasas posibilidades de conquistar el poder provincial, pero sí podría cumplir una función muy concreta: restarle votos a Juez y favorecer indirectamente a Martín Llaryora.
Por eso el senador ya no espera salvadores ni acuerdos milagrosos.
Después de años de alianzas, negociaciones y experimentos electorales, llegó a una conclusión definitiva: si alguna vez va a ser gobernador, será por sus propios medios.
Mientras gran parte de la oposición sigue discutiendo armados electorales, sellos partidarios y especulaciones de corto plazo, Juez observa otra cosa. Ve un gobierno de Martín Llaryora que ya no goza de la luna de miel de sus primeros meses. Ve una gestión obligada a convivir con temas incómodos que erosionan su imagen. Y ve una sociedad que empieza a mostrar señales evidentes de cansancio.
Por primera vez en muchos años, Juez siente que la oportunidad depende más de él que de los demás.
Falta mucho para 2027. En política una eternidad. Pero hay algo que parece haber cambiado definitivamente.
Luis Juez dejó de esperar.
Dejó de esperar a Milei, dejó de esperar a De Loredo, dejó de esperar acuerdos imposibles y dejó de creer que otros van a construir el camino que él pretende recorrer.
"En 2023 perdimos por muy poco frente a un Llaryora recién llegado, con toda la fuerza del aparato y el viento político a favor. Hoy el caballo viene cansado, golpeado por el desgaste de la gestión y cargando una mochila inmensa y demasiado pesada."
La decisión parece tomada.
Ir por la Gobernación aunque tenga que hacerlo solo.
Y en su entorno aseguran que está convencido de una cosa:
Que las condiciones que no estuvieron dadas en 2023, pueden estar dadas en 2027.
Si esa convicción se transforma en realidad o en otra frustración electoral, será una historia que todavía está por escribirse.
Pero una cosa ya parece segura.
Luis Juez empezó a jugar su propio partido.










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