


Cada vez más personas comienzan el día sin desayunar. Ya sea por falta de tiempo, por seguir esquemas como el ayuno intermitente o por hábito, saltear esta comida se volvió una práctica frecuente. Sin embargo, la evidencia científica indica que el desayuno cumple un rol relevante en el funcionamiento del organismo.
Lejos de ser solo una costumbre cultural, el desayuno funciona como un disparador metabólico. Tras varias horas de ayuno nocturno, el cuerpo necesita energía para activar funciones esenciales, desde la concentración hasta el gasto calórico. Por eso, la calidad de lo que se consume a primera hora puede impactar en todo el día.
Activar el organismo desde la mañana
Durante la noche, el cuerpo atraviesa un período prolongado sin ingesta. Al despertar, los niveles de glucosa suelen estar más bajos, lo que puede traducirse en cansancio, irritabilidad o falta de foco.
De acuerdo con la Mayo Clinic, desayunar permite reponer energía y poner en marcha el metabolismo, favoreciendo el rendimiento físico y mental.
Entre los principales beneficios se destacan:
- Mejora la concentración y la memoria
- Aumenta los niveles de energía
- Favorece el rendimiento diario
- Ayuda a regular el apetito
Además, un desayuno equilibrado contribuye a evitar picos de hambre más adelante, lo que reduce la tendencia a consumir alimentos ultraprocesados.
Su vínculo con el peso y los hábitos
Uno de los debates más comunes es si desayunar influye en el peso corporal. Si bien no hay una regla universal, distintos estudios muestran que quienes desayunan suelen tener patrones de alimentación más ordenados y saludables.
Investigaciones publicadas en The American Journal of Clinical Nutrition sugieren que omitir el desayuno puede llevar a una mayor ingesta calórica a lo largo del día, especialmente a través de snacks poco nutritivos.
En ese sentido, el impacto del desayuno va más allá del momento en sí:
- Reduce la ansiedad por comer
- Mejora la calidad global de la dieta
- Ayuda a sostener horarios regulares
- Puede colaborar en el control del peso
Qué debería tener un buen desayuno
No alcanza con comer “algo rápido”. Un desayuno adecuado debe aportar nutrientes que sostengan la energía durante varias horas.
Según recomendaciones de Harvard Health Publishing, lo ideal es combinar:
- Carbohidratos complejos (avena, pan integral)
- Proteínas (huevo, yogur, queso)
- Grasas saludables (frutos secos, palta)
- Fibra (frutas)
Esta combinación permite mantener estables los niveles de glucosa y evitar caídas bruscas de energía. En cambio, los desayunos ricos en azúcares simples generan picos rápidos seguidos de fatiga.
Qué ocurre si se omite
No desayunar no afecta a todas las personas de la misma manera, pero en muchos casos puede generar consecuencias. Según la Mayo Clinic, omitir esta comida puede asociarse a:
- Menor rendimiento cognitivo
- Mayor sensación de cansancio
- Desregulación del apetito
- Peores elecciones alimentarias
A largo plazo, algunos estudios también vinculan este hábito con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas, como obesidad o diabetes tipo 2, aunque estos efectos dependen de múltiples factores.
En síntesis, más allá del debate, los especialistas coinciden en un punto: no se trata solo de desayunar, sino de cómo y qué se desayuna, dentro de un estilo de vida saludable.



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