


La retención de líquidos, conocida médicamente como edema, es una condición frecuente que puede influir tanto en el peso corporal como en la forma en que una persona percibe su cuerpo. No siempre se trata solo de lo que indica la balanza: muchas veces se manifiesta a través de hinchazón, sensación de pesadez o cambios visibles en distintas zonas del cuerpo. Se estima que afecta a una proporción significativa de mujeres y puede tener múltiples orígenes, que van desde factores hormonales hasta hábitos cotidianos.
Desde el punto de vista clínico, puede presentarse de dos maneras. Por un lado, como signo, cuando un profesional detecta evidencia concreta durante la evaluación. Por otro, como síntoma, en casos más leves donde la persona percibe molestias como inflamación o incomodidad, generalmente de forma transitoria. En ambos escenarios, identificar la causa resulta clave para abordarla correctamente.
Qué factores la provocan
Las causas de la retención de líquidos suelen dividirse en dos grandes grupos: orgánicas y relacionadas con el estilo de vida, que muchas veces se combinan.
Entre las orgánicas se incluyen procesos inflamatorios (por ejemplo, tras golpes o lesiones), reacciones alérgicas como el angioedema, alteraciones en la circulación que dificultan el retorno venoso y linfático, así como cambios hormonales vinculados al ciclo menstrual o a la menopausia.
En cuanto a los hábitos diarios, hay varios factores que pueden favorecer su aparición: el sedentarismo, una alimentación con alto contenido de sodio, la baja ingesta de agua, el estrés sostenido, el consumo de ciertos medicamentos y el tabaquismo. También influyen las altas temperaturas y los cambios climáticos, que pueden agravar la sensación de hinchazón.
El rol de las hormonas, la edad y el peso
Si bien no siempre está directamente asociada al sobrepeso, la retención de líquidos puede ser más frecuente en personas con mayor masa corporal, ya que existe más tejido donde se puede acumular líquido. Sin embargo, también puede presentarse en personas delgadas, especialmente en contextos específicos como el uso de anticonceptivos o determinadas condiciones de salud.
La menopausia representa una etapa clave, ya que la disminución de estrógenos favorece la aparición de este problema. A esto se suman cambios propios del envejecimiento, como la menor actividad física y modificaciones en la permeabilidad de los vasos sanguíneos.
Otro factor a considerar es la serotonina. Cuando sus niveles disminuyen, no solo impacta en el estado de ánimo, sino también en el apetito y en ciertos mecanismos del organismo que pueden favorecer la retención.
¿Es algo permanente?
No necesariamente. En muchos casos, la retención de líquidos aparece en determinados momentos y luego se revierte. Puede estar asociada a cambios en la alimentación, tratamientos médicos o etapas específicas, como el síndrome premenstrual.
Esto significa que el cuerpo puede atravesar períodos de mayor acumulación de líquidos y otros de equilibrio, sin que implique un problema crónico. Sin embargo, si los síntomas son persistentes o intensos, es importante consultar con un profesional de la salud.
El tabaquismo también es un factor que agrava esta condición, ya que afecta la circulación y facilita la acumulación de líquidos en los tejidos.
Qué hacer para reducirla
Existen medidas simples que, sostenidas en el tiempo, pueden ayudar a disminuir la retención de líquidos:
- Mantener una rutina de actividad física, incluso con ejercicios moderados como caminar.
- Dormir bien y respetar los tiempos de descanso.
- Priorizar una alimentación basada en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
- Reducir el consumo de sal y alimentos ultraprocesados.
- Aumentar la ingesta de agua.
- Organizar las comidas a lo largo del día.
- Disminuir el consumo de azúcares y productos industrializados.
- Evitar el tabaquismo.
También se recomienda limitar alimentos con alto contenido de sodio, como fiambres, embutidos, conservas, snacks salados, caldos concentrados y salsas industriales. En paralelo, optar por aguas con bajo sodio puede ser una estrategia complementaria.



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