Celiaquía: un hallazgo científico podría mejorar el cuidado del intestino

SALUD Y NUTRICIÓNJulia VOSCOJulia VOSCO

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La Enfermedad celíaca es una patología autoinmune crónica que afecta el intestino delgado e interfiere en la correcta absorción de nutrientes. Se desencadena por una respuesta del sistema inmune frente al gluten, proteína presente en cereales como el trigo, la cebada y el centeno. En Argentina, se estima que cerca del 1% de la población la padece, aunque muchos casos permanecen sin diagnosticar.

Uno de los principales desafíos es que no siempre se manifiesta de forma evidente. Si bien puede provocar síntomas digestivos como diarrea, distensión abdominal o pérdida de peso, también puede presentarse con señales más inespecíficas —como fatiga— o incluso no generar síntomas durante largos períodos. Esta variabilidad contribuye a que muchas personas convivan con la enfermedad sin saberlo.

En este contexto, un estudio reciente publicado en Nature Communications aporta una nueva perspectiva: no todas las personas con celiaquía procesan la fibra de la misma manera, y parte de la explicación podría estar en la microbiota intestinal.

Más que consumir fibra

Tradicionalmente, se recomienda aumentar la ingesta de fibra para mejorar el tránsito intestinal y aliviar ciertos síntomas. Sin embargo, investigadores de la Universidad McMaster observaron que este beneficio no depende únicamente de la cantidad consumida, sino también de la capacidad del organismo para aprovecharla.

El estudio detectó que las personas con celiaquía presentan una menor capacidad para metabolizar la fibra en el intestino delgado. Una de las razones sería la escasez de bacterias específicas, como las pertenecientes a la familia Prevotellaceae, que cumplen un rol clave en la degradación de este nutriente, en la recuperación del tejido intestinal y en la regulación de procesos inflamatorios.

Lo relevante es que esta alteración se observó tanto en pacientes recién diagnosticados como en aquellos que llevan años siguiendo una dieta libre de gluten. Esto sugiere que no se trata solo de la alimentación, sino de cambios persistentes en la microbiota asociados a la enfermedad.

El tipo de fibra también importa

Otro hallazgo importante es que no todas las fibras tienen el mismo efecto. En modelos experimentales, los investigadores comprobaron que la inulina —presente en alimentos como la banana, el ajo, la cebolla y la raíz de achicoria— podría favorecer la recuperación del intestino al estimular la microbiota.

En cambio, otras fuentes, como ciertos almidones resistentes derivados del maíz, no mostraron el mismo impacto. Este punto introduce un cambio de enfoque: ya no se trata únicamente de consumir más fibra, sino de identificar cuál es la más adecuada según cada caso.

Un abordaje más integral

Los especialistas coinciden en que la dieta libre de gluten sigue siendo el pilar fundamental del tratamiento. Sin embargo, estos resultados ayudan a entender por qué algunas personas continúan con molestias digestivas a pesar de cumplir estrictamente con esa indicación.

El nuevo enfoque apunta a considerar no solo la alimentación, sino también el estado de la microbiota intestinal. En el futuro, esto podría traducirse en estrategias más personalizadas, que incluyan desde ajustes dietarios específicos hasta intervenciones orientadas a mejorar el equilibrio bacteriano.

Diagnóstico: un punto clave

A pesar de los avances, uno de los mayores problemas sigue siendo la detección tardía. La enfermedad celíaca puede confundirse con otros trastornos digestivos, como el síndrome de intestino irritable, y en muchos casos no se realizan estudios en familiares cercanos, que tienen mayor riesgo de padecerla.

Por eso, los especialistas insisten en la importancia de un diagnóstico adecuado y oportuno. La nueva evidencia no reemplaza las recomendaciones actuales, pero suma una mirada más profunda sobre lo que ocurre en el intestino.

En definitiva, el futuro del tratamiento podría ir más allá de eliminar el gluten, incorporando estrategias que contemplen la interacción entre dieta y microbiota para mejorar la salud intestinal de manera integral.

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