La fuerte historia de Erika de Sautu Riestra, de En el barro

ESPECTÁCULO Julia VOSCOJulia VOSCO

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Erika de Sautu Riestra volvió a ganar visibilidad gracias a su papel en En el barro, una de las producciones más comentadas del catálogo de Netflix. En la ficción interpreta a Olga Giuliani, una esteticista que llega a una cárcel de mujeres acusada de mala praxis, en una historia atravesada por la violencia, el abandono y las desigualdades dentro del sistema penitenciario.

Aunque muchos la redescubrieron con este personaje, la actriz cuenta con una extensa trayectoria de más de tres décadas en teatro, cine y televisión. Uno de sus trabajos más recordados fue en Un gallo para Esculapio, donde interpretó a “La Turca”, rol que le dio gran reconocimiento.

Un presente profesional que llega tras años difíciles

El éxito actual convive con una historia personal atravesada por desafíos profundos. Durante varios años, Erika decidió alejarse de la actuación para dedicarse de lleno al cuidado de su hijo mayor, Gaspar, quien nació con parálisis cerebral y un diagnóstico que en su momento era muy complejo.

“Me transformé en una mamá de terapia intensiva”, contó la actriz, al recordar esa etapa en la que priorizó completamente su rol como madre. Durante casi una década, dejó su carrera para acompañar a su hijo en un proceso que implicaba atención constante.

Hoy, Gaspar tiene 28 años, muy lejos de los pronósticos iniciales. Erika lo define con ternura como su “bebé gigante”, una forma de describir tanto su condición como el vínculo profundo que los une.

El regreso a la actuación

Con el tiempo, y gracias a la posibilidad de contar con acompañamiento profesional en el cuidado de su hijo, la actriz pudo retomar su carrera. Ese regreso no fue sencillo: el mundo del casting había cambiado y las dinámicas de la industria eran distintas.

Aun así, logró reinsertarse y hoy atraviesa un gran momento. Sobre su participación en En el barro, destacó la experiencia como algo muy especial, no solo por el trabajo en sí, sino por la calidad del proyecto y el equipo.

Una ficción que refleja realidades duras

La serie, según explicó, toma elementos reales del sistema carcelario femenino. A través de su personaje, se muestran problemáticas como el abandono familiar, la violencia y la falta de contención que muchas mujeres enfrentan en prisión.

En ese sentido, la actriz remarcó una diferencia clave con respecto a las cárceles de hombres: mientras ellos suelen recibir visitas frecuentes, muchas mujeres quedan solas, perdiendo incluso el vínculo con sus hijos.

Familia, amor y resiliencia

Además de Gaspar, Erika es madre de Valentín, de 24 años, quien se dedica al fisicoculturismo. Ambos forman parte central de su vida y de su equilibrio personal.

A lo largo de los años, la actriz construyó una mirada clara sobre su historia: el amor y la fe fueron fundamentales para atravesar los momentos más difíciles. Hoy, con una carrera reactivada y un presente sólido, combina su trabajo con una vida familiar que sigue siendo su prioridad.

Su recorrido, tanto profesional como personal, refleja una historia de resiliencia, donde el éxito actual se sostiene sobre años de esfuerzo, aprendizaje y decisiones profundas

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