
El empleo se resiente: sube la desocupación pese a la reactivación económica
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- El desempleo alcanzó el 7,5% y mostró un incremento interanual significativo
- El empleo formal explicó la totalidad de la caída en la tasa de ocupación
- Los jóvenes fueron el grupo más afectado por el deterioro laboral
- Creció la proporción de desocupados con más de un año de búsqueda
- La construcción y el comercio lideraron los sectores de origen del desempleo
- La economía creció, pero sin generar suficiente empleo para absorber la demanda
El mercado laboral argentino cerró el cuarto trimestre de 2025 con señales de deterioro que contrastan con la evolución de la actividad económica. Los datos oficiales reflejaron un aumento de la desocupación que alcanzó el 7,5% de la población económicamente activa, lo que implicó una suba de 1,1 puntos porcentuales en comparación con el mismo período del año anterior. La cifra no solo marca un retroceso en términos sociales, sino que además instala interrogantes sobre la calidad y el alcance de la recuperación económica.
El informe mostró que, mientras la oferta laboral continuó en expansión, el empleo no logró acompañar esa dinámica. Durante los últimos tres meses del año pasado, más personas se volcaron al mercado de trabajo, pero el número de ocupados disminuyó. En términos absolutos, esto se tradujo en una caída del empleo total y en un incremento significativo de la cantidad de personas sin trabajo, que superó el millón seiscientos mil.
La comparación interanual refuerza este escenario. A pesar de que más individuos buscaron insertarse laboralmente, el sistema no logró absorber esa demanda. Por el contrario, el número de desocupados creció con mayor intensidad, evidenciando un desajuste entre la oferta y la capacidad de generación de empleo. Este fenómeno se dio en un contexto donde la tasa de actividad se mantuvo estable y la tasa de empleo registró un leve retroceso, lo que sugiere que el problema no radica en la falta de voluntad de trabajar, sino en la escasez de oportunidades concretas.
Uno de los aspectos más relevantes del informe es la composición de esa caída. La reducción del empleo se explicó en su totalidad por el retroceso del trabajo formal, mientras que el empleo informal mostró una leve expansión. Esta dinámica refuerza la idea de una precarización creciente, en la que el mercado absorbe mano de obra, pero bajo condiciones más inestables y con menor protección.
El impacto del deterioro laboral no fue homogéneo. Los jóvenes se consolidaron como el grupo más afectado, con incrementos marcados en las tasas de desocupación tanto en mujeres como en varones de entre 14 y 29 años. En cambio, los segmentos de mayor edad mostraron una mayor estabilidad, lo que evidencia una dificultad estructural para la inserción laboral de las nuevas generaciones.
A su vez, la radiografía de la población desocupada revela que una proporción considerable enfrenta períodos prolongados de búsqueda de empleo. Casi un tercio de los desocupados lleva más de un año intentando reinsertarse, lo que refleja no solo la falta de oportunidades, sino también el desgaste que implica la permanencia fuera del sistema laboral. Este dato resulta clave para comprender el impacto social del fenómeno, que trasciende lo estrictamente económico.
En cuanto a los sectores de origen de los trabajadores desempleados, la construcción encabezó la lista, seguida por el comercio y el servicio doméstico. Se trata de actividades particularmente sensibles a los ciclos económicos y con alta intensidad de mano de obra, lo que refuerza la hipótesis de una recuperación concentrada en rubros que no generan empleo masivo.
Las diferencias regionales también aportan elementos para el análisis. Algunas áreas urbanas presentaron niveles de desocupación significativamente superiores al promedio nacional, mientras que otras regiones mantuvieron índices relativamente bajos. Esta disparidad evidencia la heterogeneidad del mercado laboral argentino y la incidencia de factores locales en la generación de empleo.
El dato más llamativo, sin embargo, radica en la coexistencia de crecimiento económico con aumento del desempleo. Este fenómeno, poco habitual en la historia reciente, sugiere que la expansión estuvo impulsada por sectores con baja capacidad de absorción laboral. Al mismo tiempo, la pérdida de poder adquisitivo habría empujado a más personas a buscar trabajo, incrementando la presión sobre un mercado que no logró responder con la misma intensidad.
En este contexto, el aumento de la desocupación no solo refleja un problema coyuntural, sino que plantea desafíos estructurales para la economía. La necesidad de generar empleo de calidad aparece como una condición indispensable para consolidar cualquier proceso de recuperación y evitar que el crecimiento quede desconectado de la realidad social.



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