
Calificadoras en alerta: pese al ajuste, dudan de la fortaleza financiera del plan de Milei
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- Las calificadoras mantienen una postura cautelosa pese al cumplimiento fiscal
- El foco está en la capacidad de resistir crisis más que en el escenario base
- La acumulación de reservas aún no alcanza para mejorar la nota crediticia
- Generan dudas las fuentes alternativas de financiamiento planteadas por el Gobierno
- El nivel de reservas y la deuda en dólares siguen siendo puntos débiles
- El riesgo país elevado refleja la falta de confianza estructural del mercado
Aun con señales de disciplina fiscal y cumplimiento de compromisos, la Argentina continúa sin lograr una mejora sustancial en su calificación crediticia internacional. Las principales agencias mantienen una postura cautelosa frente al programa económico del gobierno de Javier Milei, al considerar que todavía persisten debilidades estructurales que ponen en duda la capacidad de resistencia ante escenarios adversos.
El punto central de la discusión no gira exclusivamente en torno al cumplimiento de pagos en el corto plazo, sino a la solidez del esquema financiero en contextos de estrés. Desde la mirada de los analistas, la evaluación de riesgo soberano no se limita a un escenario base de normalidad, sino que incorpora la capacidad del país para enfrentar shocks inesperados, tanto externos como internos. En ese terreno, la Argentina sigue mostrando fragilidades.
Durante el último año, la mejora en la confianza estuvo asociada a la acumulación de reservas por parte del Banco Central, un factor clave para garantizar el pago de la deuda. Sin embargo, esa dinámica no alcanza por sí sola para justificar una suba en la nota. El mercado exige un paso adicional: que el país pueda sostener ese proceso incluso mientras cumple con sus obligaciones financieras, generando así un margen de seguridad ante eventuales turbulencias.
En este contexto, el esquema planteado por el ministro de Economía, Luis Caputo, genera interrogantes. La estrategia oficial contempla el uso de fuentes alternativas de financiamiento para cubrir vencimientos por unos 9.000 millones de dólares en el corto plazo. No obstante, muchos analistas interpretan que una parte relevante de esos recursos podría provenir de la propia acumulación de reservas, especialmente en una etapa del año favorecida por el ingreso de divisas del sector agroexportador.
El problema radica en que esa lógica podría limitar la capacidad de construir un “colchón” financiero genuino. Para las calificadoras, no alcanza con demostrar que se pueden pagar los compromisos: es necesario evidenciar que existe liquidez suficiente para enfrentar situaciones inesperadas, como una crisis política o una reversión de los flujos de capital. En un año atravesado por el calendario electoral, este punto adquiere mayor relevancia.
La persistencia de un riesgo país elevado refleja, en parte, estas dudas. Aunque el oficialismo atribuye la desconfianza a factores políticos, los analistas ponen el foco en la fragilidad del balance externo. La necesidad de acumular reservas por encima de los niveles actuales aparece como una condición indispensable para reducir la percepción de riesgo y acercarse a estándares más propios de economías emergentes.
A esto se suma el debate sobre la composición del financiamiento. Las denominadas “fuentes alternativas” suelen implicar créditos con condiciones preferenciales para los acreedores, lo que introduce una jerarquía en el cobro que puede relegar a los tenedores de bonos. Este esquema, si se profundiza, podría dificultar el acceso al mercado voluntario de deuda y limitar la baja del riesgo país.
Desde el ámbito económico, algunos especialistas advierten que, si bien la Argentina presenta indicadores de solvencia en términos fiscales y de deuda sobre el producto, la estructura de sus pasivos sigue siendo un punto débil. La elevada proporción de deuda en moneda extranjera, combinada con un nivel de reservas aún reducido, configura un escenario vulnerable frente a cambios en las condiciones financieras globales.
En definitiva, el desafío para el gobierno no se agota en sostener el equilibrio fiscal o cumplir con los vencimientos inmediatos. La clave estará en fortalecer la capacidad de respuesta ante crisis y consolidar un perfil financiero más robusto. Hasta que eso no ocurra, las mejoras en la calificación crediticia seguirán postergadas, incluso en un contexto de fuerte ajuste y ordenamiento macroeconómico.



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