
Crisis persistente: la industria textil profundiza su caída y enciende alertas en empleo y producción
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- La industria textil acumula dos años de caída y profundiza su crisis en 2026
- Las ventas retrocedieron 8,4% interanual en el primer bimestre
- La capacidad instalada cayó a niveles críticos y la producción se desplomó
- El 80% de las empresas enfrenta problemas en la cadena de pagos
- El sobrestock y la baja demanda reflejan el debilitamiento del consumo
- El ajuste ya impacta en el empleo con despidos y menor reposición de personal
El sector textil argentino inició 2026 sin señales de recuperación y, por el contrario, con una profundización de la tendencia negativa que arrastra desde hace al menos dos años. En un contexto marcado por la apertura de importaciones y un consumo interno debilitado, los indicadores del primer bimestre reflejan un deterioro sostenido en ventas, producción y empleo, que comienza a impactar con mayor intensidad en toda la cadena productiva.
Según datos recientes del sector, las ventas registraron una caída interanual del 8,4% entre enero y febrero, mientras que el 63% de las empresas reportó una disminución en su nivel de actividad. La persistencia de esta dinámica queda en evidencia al observar que en 12 de los últimos 13 relevamientos bimestrales se registraron retrocesos, consolidando un escenario adverso que parece haberse instalado como norma más que como excepción.
El retroceso también se manifiesta con fuerza en los niveles de producción. La utilización de la capacidad instalada cayó al 23,7% en enero, muy por debajo del 33,9% registrado en el mismo mes del año anterior. Esta contracción se explica por la fuerte disminución en la fabricación de tejidos y en la producción de hilados de algodón, que evidenciaron caídas superiores al 30%, reflejando el impacto directo de la menor demanda.
En este marco, la falta de consumo se consolida como la principal preocupación empresarial. Ocho de cada diez compañías identifican la debilidad de la demanda como el problema central, en un escenario atravesado por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios tras el ajuste económico implementado por el Gobierno. La desaceleración de las paritarias y la caída del salario real, que acumula un retroceso del 5,3%, contribuyen a limitar aún más la capacidad de compra de los hogares.
Uno de los aspectos más críticos del actual contexto es el creciente estrés financiero dentro del sector. La caída en las ventas, sumada a la acumulación de stock y a las dificultades para trasladar los costos a precios, está generando tensiones en la cadena de pagos. Actualmente, ocho de cada diez empresas enfrentan problemas en este frente, evidenciando un deterioro significativo en la salud financiera de las firmas.
El aumento de inventarios es otro síntoma claro de la crisis. La mitad de las empresas declara tener niveles de stock excesivo, el registro más alto desde mediados de 2024. Este fenómeno responde a una demanda que no logra recuperarse, mientras las compañías intentan sostener su producción sin margen suficiente para ajustar precios y recomponer rentabilidad.
El impacto de esta situación comienza a trasladarse con mayor claridad al mercado laboral. Entre las medidas adoptadas por las empresas, se destaca la decisión de no reemplazar renuncias, que representa el 25% de las respuestas, mientras que los despidos ya alcanzan el 21%, con un incremento significativo respecto del bimestre anterior. De este modo, el ajuste deja de ser únicamente productivo o financiero y empieza a reflejarse en la reducción del empleo.
En paralelo, las preocupaciones sociales acompañan este deterioro. Distintos relevamientos de opinión indican que la mejora del salario real y la generación de empleo se consolidan como las principales demandas hacia el Gobierno, por encima incluso de la inflación, lo que marca un cambio en las prioridades económicas de la población.
De cara a los próximos meses, el panorama no presenta señales alentadoras. Las expectativas empresariales continúan deteriorándose y crece la proporción de compañías que anticipa un escenario negativo para el resto del año. Si bien seis de cada diez firmas prevén estabilidad en sus ventas a corto plazo, solo una minoría espera mejoras, mientras que una de cada cuatro proyecta nuevas caídas.
En este contexto, la industria textil enfrenta un desafío estructural que combina factores internos y externos, con un horizonte incierto que mantiene en alerta a todo el sector productivo.


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