El estrecho que puede cambiar la guerra: Ormuz se convierte en el centro del conflicto entre EE.UU. e Irán

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Con la guerra entrando en su tercera semana, el control del Estrecho de Ormuz parece haberse transformado en el eje principal del conflicto entre Estados Unidos, Israel y Irán. La estratégica vía marítima, por donde transita una parte clave del comercio energético mundial, se volvió el punto más sensible de una confrontación que amenaza con alterar el equilibrio del mercado petrolero global.

Aunque las fuerzas estadounidenses e israelíes continúan bombardeando cientos de objetivos en territorio iraní, muchos de ellos alejados de la zona del estrecho, el bloqueo parcial del paso marítimo cambió la dinámica de la guerra. Según datos de la organización de derechos humanos Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Washington D. C., desde el inicio de la ofensiva ya murieron al menos 2.400 personas, entre ellas más de 1.300 civiles.

En paralelo, Irán mantiene ataques con misiles y drones contra objetivos en la región, incluyendo infraestructuras militares en Arabia Saudita y edificios en Dubái.

Un paso vital para la energía mundial

El Estrecho de Ormuz es uno de los corredores energéticos más importantes del planeta. Aproximadamente el 15% del petróleo que se comercializa en el mundo pasa por ese punto, además de las exportaciones de gas natural licuado de Catar, que concentra cerca del 20% del mercado global de GNL.

Las amenazas de Irán contra embarcaciones comerciales y algunos ataques registrados en la zona generaron un cierre de facto del tránsito marítimo. Esta situación encendió alarmas en los mercados energéticos y obligó a Washington a buscar alternativas para restablecer el flujo de barcos.

El presidente Donald Trump afirmó recientemente que su gobierno trabaja para reabrir el paso marítimo y garantizar la seguridad de la navegación. Sin embargo, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, sostuvo que el estrecho permanecerá cerrado.

Una geografía que favorece a Irán

La tarea de reabrir Ormuz no es sencilla. En su punto más angosto, el estrecho tiene apenas 54 kilómetros de ancho y está rodeado por terrenos montañosos, lo que facilita la defensa desde territorio iraní.

Analistas señalan que Irán ni siquiera necesita atacar todos los barcos que intenten cruzar la zona: basta con mantener la amenaza para que las compañías navieras y aseguradoras eviten el paso. Esto complica cualquier intento de garantizar el tránsito comercial.

Ante ese escenario, Estados Unidos pidió apoyo internacional para escoltar embarcaciones comerciales. Washington buscó respaldo de potencias como China y Francia, aunque hasta ahora pocos países se mostraron dispuestos a participar en una misión que podría convertir a sus buques en objetivos militares.

La isla de Kharg, otro posible frente

Si no logra reabrir el estrecho, la Casa Blanca podría optar por intensificar las operaciones en otros puntos estratégicos. Uno de ellos es la Isla de Kharg, ubicada en el Golfo Pérsico y considerada la principal terminal de exportación de petróleo iraní.

La isla ya fue blanco de bombardeos contra instalaciones militares, aunque la terminal petrolera no fue atacada para evitar un desastre ambiental. Algunos dirigentes republicanos, entre ellos el senador Lindsey Graham, plantearon que controlar Kharg podría modificar el rumbo del conflicto.

Impacto en los mercados y en la economía global

El bloqueo del estrecho ya tuvo consecuencias en los mercados internacionales. El precio del petróleo superó los 100 dólares por barril y varios países asiáticos comenzaron a aplicar medidas de ahorro energético para enfrentar posibles faltantes.

Las interrupciones también afectan a otras industrias. El precio del helio —utilizado en el sector sanitario y tecnológico— se duplicó desde el inicio de la guerra, mientras que el valor de la urea, un fertilizante clave para la agricultura, aumentó más de un 50%.

Oleoductos alternativos y nuevas amenazas

Parte del petróleo del Golfo puede salir al mercado a través de rutas alternativas. Arabia Saudita cuenta con un oleoducto que transporta hasta siete millones de barriles diarios hacia puertos del Mar Rojo, mientras que Emiratos Árabes Unidos posee otro sistema que conecta sus campos petroleros con el puerto de Fujairah.

Sin embargo, estas rutas también enfrentan riesgos. Irán lanzó recientemente decenas de drones contra instalaciones petroleras sauditas y realizó un ataque contra Fujairah que provocó un incendio y obligó a suspender temporalmente las exportaciones.

Además, Teherán podría recurrir a sus aliados regionales, como los Hutíes en Yemen, para reanudar ataques contra el transporte marítimo en el Mar Rojo.

Un equilibrio frágil

La disputa por Ormuz refleja el dilema que enfrentan ambos bandos. Estados Unidos busca reabrir el paso sin escalar el conflicto a una guerra directa de mayor escala, mientras que Irán intenta utilizar el cierre como herramienta de presión.

El resultado de esta pulseada podría definir no solo el rumbo de la guerra, sino también la estabilidad del suministro energético mundial en los próximos meses.

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