Ovación para Milei en la Universidad Yeshiva, la universidad judía más prestigiosa de Nueva York

POLÍTICA Por Carlos Zimerman

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Carlos ZimermanPor Carlos Zimerman

En tiempos donde la política argentina había perdido prestigio internacional y la palabra del país parecía diluirse en foros diplomáticos sin peso real, ocurrió algo que hasta hace poco parecía imposible: un presidente argentino fue ovacionado en el exterior. Y no en cualquier lugar. Ocurrió en la Yeshiva University de Nueva York, una de las instituciones académicas judías más influyentes de Estados Unidos, donde Javier Milei habló ante unas 500 personas y se retiró entre aplausos y entusiasmo.

Puede parecer un detalle menor para quienes miran la política con anteojeras ideológicas, pero no lo es. Para muchos argentinos, ver a su presidente reconocido en el mundo occidental, escuchado con respeto y despedido con una ovación, genera algo que durante años parecía olvidado: orgullo.

Orgullo de ser argentino.

La escena no fue casual ni improvisada. Milei llegó a la universidad judía más prestigiosa de Nueva York con un mensaje claro: defender los valores de Occidente y respaldar sin titubeos a Israel y a Estados Unidos en el actual conflicto con Irán.

En su exposición, el Presidente no buscó agradar a todos. Como es su estilo, habló sin filtros. “Estoy orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”, lanzó ante el auditorio, provocando aplausos inmediatos.

No fue la única frase fuerte de la noche. También dejó definiciones filosóficas que forman parte de su batalla cultural. “El utilitarismo es una mierda, aunque te puede hacer ganar una elección”, afirmó, en una crítica directa a las teorías que subordinan los principios morales a la conveniencia política.

Para Milei, la política debe sostener valores antes que cálculos electorales. En ese marco, volvió a cuestionar la herencia de Niccolò Machiavelli y su idea de que el fin justifica los medios, una doctrina que —según el mandatario— terminó deformando durante siglos el ejercicio del poder.

Pero el momento más potente de la noche llegó cuando se refirió al conflicto en Medio Oriente. Con tono firme y sin rodeos, el presidente argentino expresó su apoyo a la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra el régimen iraní y lanzó una frase que resonó en el auditorio:

“Vamos a ganar”.

No fue una consigna militar sino una declaración política y moral. Milei dejó en claro que, en su visión del mundo, la disputa actual no es simplemente geopolítica sino también cultural: una confrontación entre los valores de la libertad y los regímenes autoritarios que buscan destruirlos.

El público lo entendió así. Los aplausos se repitieron durante toda la exposición y culminaron en una ovación cerrada.

Para quienes miraban desde Argentina, la escena tenía una carga simbólica inevitable. Durante años el país fue noticia en el exterior por sus crisis económicas, su inflación descontrolada o sus interminables conflictos políticos. Hoy, en cambio, un presidente argentino habla en una universidad prestigiosa de Nueva York, fija posición en los grandes debates internacionales y es escuchado con respeto.

Se podrá coincidir o no con sus ideas. Se podrá discutir su estilo o cuestionar su forma de comunicar. Pero hay algo que resulta difícil de negar: Javier Milei volvió a colocar a la Argentina en el mapa del mundo occidental.

Y en tiempos donde el prestigio nacional había quedado tan golpeado, para muchos ciudadanos ver esa escena provoca algo simple pero poderoso.

La sensación, después de mucho tiempo, de volver a sentirse orgullosos de ser argentinos.

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