
Qué son las bombas de racimo: el arma que volvió a generar alarma tras un ataque en Israel
INTERNACIONALES
Agencia 24 NoticiasLa explosión de un misil con ojiva de racimo en el centro de Israel dejó al menos una persona muerta, varios heridos de gravedad y restos de explosivos dispersos en distintas zonas urbanas. El episodio reavivó el debate internacional sobre el uso de uno de los armamentos más controvertidos de los conflictos modernos: las bombas de racimo.

Estas municiones están diseñadas para dispersar decenas o incluso cientos de pequeños explosivos sobre una amplia superficie. A diferencia de una bomba convencional, que detona en un solo punto, las bombas de racimo se abren en el aire y liberan submuniciones que impactan en múltiples lugares al mismo tiempo.
Cómo funcionan las bombas de racimo
Las llamadas municiones de racimo funcionan como un contenedor que, una vez lanzado desde un misil, avión o sistema de artillería, se abre en pleno descenso. En ese momento libera submuniciones más pequeñas, conocidas como “bombetas”.
Cada una de estas cargas puede detonar al impactar contra el suelo o al entrar en contacto con un objeto. El resultado es una cobertura de gran extensión, que en algunos casos puede abarcar superficies equivalentes a varios campos de fútbol.
Este tipo de armamento fue concebido originalmente para atacar objetivos múltiples en un mismo ataque, como concentraciones de tropas, columnas de vehículos militares o pistas de aterrizaje.
El ataque en ciudades israelíes
Las imágenes difundidas desde las zonas alcanzadas muestran cráteres en calles, vehículos dañados y fragmentos de submuniciones esparcidos en áreas urbanas. Según las autoridades israelíes, la ojiva liberó múltiples explosivos que impactaron en localidades como Yehud, Or Yehuda, Holon y Bat Yam.
El servicio de emergencias Magen David Adom informó que uno de los impactos ocurrió en una obra en construcción en Yehud. Dos trabajadores de alrededor de 40 años fueron alcanzados por la metralla: uno murió por las heridas mientras que el otro fue trasladado a un hospital en estado grave. Además, otro hombre sufrió lesiones severas en Or Yehuda.
El peligro de las submuniciones sin detonar
Uno de los aspectos más criticados de estas armas es su alta tasa de fallos. Diversos estudios indican que entre el 5% y el 40% de las submuniciones pueden no explotar al impactar, dependiendo del tipo de munición, la antigüedad del sistema y el terreno donde caen.
Cuando esto ocurre, los explosivos quedan dispersos en el suelo y pueden detonar mucho tiempo después si son manipulados o pisados. Por esa razón, muchas organizaciones consideran que su efecto es similar al de las minas terrestres.
Entidades como Human Rights Watch y Coalition Against Cluster Munitions advierten que estas submuniciones representan un riesgo prolongado para la población civil, especialmente para agricultores y niños que pueden encontrarlas accidentalmente.
El marco legal internacional
La preocupación por el impacto humanitario de estas armas llevó a la firma en 2008 de la Convención sobre Municiones en Racimo, un tratado internacional que prohíbe su uso, producción, transferencia y almacenamiento.
Más de 120 países se han adherido al acuerdo. Sin embargo, varias potencias militares no forman parte del tratado, entre ellas Estados Unidos, Rusia, China, Israel e Irán.
Los gobiernos que no firmaron el acuerdo sostienen que estas municiones pueden tener utilidad militar cuando se utilizan contra objetivos específicos en el campo de batalla.
Uso reciente en conflictos
A pesar de las restricciones impulsadas por la comunidad internacional, las municiones de racimo continúan apareciendo en conflictos contemporáneos.
Uno de los casos más documentados ocurrió tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas y de organizaciones humanitarias registraron múltiples ataques con este tipo de armamento en áreas urbanas.
Según esos informes, los ataques con municiones de racimo provocaron cientos de víctimas civiles y dejaron extensas zonas contaminadas con explosivos sin detonar, lo que dificulta la reconstrucción y la actividad agrícola en regiones afectadas.
El reciente ataque en territorio israelí vuelve a poner el foco sobre un arma cuyo impacto no termina cuando cesa el combate, sino que puede seguir representando un peligro durante años para quienes viven en las zonas donde fue utilizada.





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