
Martin Llaryora ya se sumergió en la reelección. Sus recorridos de dos días por los departamentos del interior, sus caminatas en la Capital (dicen en el Panal que lo poco que se mostró con Daniel Passerini en las calles de Córdoba ya lo hizo subir dos puntos en ese fundamental distrito), el tono y la estrategia con la Casa Rosada, son parte de la estrategia destinada a retener el gobierno para el actual oficialismo en una elección que todos pintan de difícil a muy difícil.

El gobernador entiende que la épica de la gestión hoy no alcanza, que fue un buen punto para Juan Schiaretti pero que ahora a las obras les gana la política, o como se llame lo que hace el presidente Javier Milei. La expectativa anti casta, de achique supuestamente virtuoso y anti K que aún genera Milei y que Llaryora, pese a varios intentos, no logra instalar.
Un buen gobierno, lleno de gestión, se topa con el entusiasmo violeta del cordobés, entusiasmo con el que no conviene pelearse porque pierde el nuestro, razonan en el Panal.
Pese a esos aires, en el entorno llaryorista pronuncian una frase sorprendente: Martín no se entrega. Un verbo duro con sones de guerra, o de resistencia.
Los que están cerca del gobernador observan que su estrategia contempla incluso el peor de los escenarios posibles para Hacemos Unidos en 2027, que sería jugar contra todos los opositores unidos, y que no tiene previsto, al menos en lo que admite en público, “liberar” la ciudad de Córdoba, el bastión que le dio el triunfo en 2023 y que le puede tirar para atrás en cuatro años. “No parece que quisiera entregar la ciudad” que gobierna Passerini, aludiendo a una jugada a la que se acostumbraron De la Sota y Schiaretti, algunos sostienen que con la intención de permitir repartir el poder para no tener tan voraces a los del frente.
Como sea, no se puede decir que el sanfrancisqueño no esté ensayando nombres para la Capital. A los conocidos, con Miguel Siciliano a la cabeza, habría tal vez que empezar a sumarle un tapado recientemente llegado al gobierno provincial, el exintendente de Alta Gracia, Marcos Torres. Va a ser importante empezar a mirar si el nuevo ministro enfoca su hacer y su presupuesto en Desarrollo Social en la Capital, más allá de su obvia presencia en toda la provincia. “Si los cordobeses votaron a dos sanfrancisqueños (por Giacomino y Passerini) pueden votar a uno que venga de 40 kilómetros”, razonó uno.
Con la gestión como obsesión, Llaryora está reuniendo a sus equipos por sectores para monitorear objetivos, proyectos, presupuestos. Se enoja con quienes no muestran trabajo. Empezó esa rutina hace unos días y finalizará cuando regrese de su viaje de una semana por Nueva York y Washington.
En breve empezarán a asumir los intendentes del PJ a los que trae del interior profundo para sumar a la gestión con la intención de fortalecer lo propio desde adentro. La profundización de lo propio también es a nivel partidario. Los legisladores Facundo Torres, como presidente alterno del PJ, y Abraham Galo, a pedido del jefe del Panal, están recorriendo los territorios para tratar de contener a los intendentes y referentes locales que ven mucho movimiento de Gabriel Bornoroni y Rodrigo de Loredo con los suyos propios. A propósito: no habrá neutralidad para con los intendentes que firmen con La Libertad Avanza y a los que el gobierno provincial supo atender. Si no supiste amar, ahora te puedes marchar, diría Luis Miguel, pero en versión corte de fondos y gestos.
La movida del ingreso de los intendentes al Ejecutivo podría continuar con varios más. El último de los convocados es Enrique Mendez Paz, de Cintra, departamento Unión, un especialista en educación que podría incorporarse a la cartera de Horacio Ferreyra.
El eje exterior
El acuerdo por los diez mil millones mensuales de Anses para la Caja de Jubilaciones estuvo listo a comienzos de febrero, y fue producto de una larga y silente negociación donde intervino el diputado nacional Ignacio García Aresca, mano derecha de Llaryora, y culminó con el viaje a CABA y la firma del fiscal de Estado, Jorge Córdoba. El gobierno provincial, como lo hizo el mandatario en Río Cuarto, va a seguir reclamando el total del déficit y que la Corte defina la deuda total de la Nación con la Caja provincial, pero está muy conforme con lo logrado. Por las fechas, toda la discusión parlamentaria por la ley de reforma laboral se produjo con el telón de fondo de esta negociación. El ministro del Interior, Diego Santilli, fue clave y en Córdoba lo reconocen.
Para Llaryora el acuerdo es pura ganancia porque igual no puede enfrentarse abiertamente con Milei, porque pierde. Va a seguir con la línea actual, que es diferenciarse con el “estado presente” pero sin disputa política. Lo va a demostrar en la agenda parlamentaria de Provincias Unidas, con proyectos sobre cuestiones sobre las que los libertarios no podrían decir que no, como la eliminación del impuesto al cheque, que no es coparticipable, en el marco de un plan impositivo.
CON INFORMACION DE DIARIOALFIL.


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