Reforma tributaria sin margen: Milei admite límites fiscales mientras ARCA enfrenta siete meses de caída real en la recaudación

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
  • Milei ratificó que la prioridad es el equilibrio fiscal y admitió límites para nuevas rebajas impositivas.
  • La recaudación cayó en términos reales por séptimo mes consecutivo.
  • El IVA volvió a mostrar una baja, pese a que el Gobierno sostiene que la economía crece.
  • Impuesto al cheque y retenciones siguen sin cambios por su peso en los ingresos.
  • Los aranceles a las importaciones superan hoy a las retenciones en aporte fiscal.
  • El aumento de importaciones fortalece la recaudación pero tensiona el frente cambiario.

Las referencias al plan de reforma tributaria quedaron relegadas por el cruce político en el Congreso, pero el presidente Javier Milei dejó una definición clave: la prioridad absoluta es sostener el equilibrio fiscal, aun cuando eso implique postergar nuevas rebajas impositivas. En ese marco, los últimos datos de recaudación refuerzan el diagnóstico oficial sobre la estrechez de recursos.

Febrero marcó el séptimo mes consecutivo de caída interanual real en los ingresos tributarios. El dato adquiere especial relevancia porque se produce en un contexto en el que el Gobierno sostiene que la economía está creciendo, desestimando los pronósticos de estanflación que circularon durante el año pasado. Sin embargo, la dinámica recaudatoria expone tensiones que complican cualquier intento de profundizar los alivios fiscales.

El Presidente recordó que ya se implementó un recorte equivalente al 2,5% del PBI y remarcó que, en adelante, el esfuerzo deberá ser compartido por provincias y municipios para no afectar la caja de ARCA, el organismo recaudador. La señal fue interpretada como una advertencia hacia los gobernadores y también como un mensaje a los sectores que reclaman una eliminación más agresiva de tributos considerados distorsivos.

Uno de los datos que más inquietud genera es el comportamiento del IVA, el impuesto que mejor refleja el pulso del consumo y la producción. En febrero volvió a registrar una caída real del 3%, lo que debilita el argumento de una recuperación sólida de la actividad. La merma en este tributo clave limita el margen para resignar otras fuentes de ingresos.

En ese contexto, impuestos largamente cuestionados, como el de débitos y créditos bancarios —conocido como “impuesto al cheque”— y las retenciones a las exportaciones, permanecen sin cambios estructurales. La eliminación del primero implicaría resignar alrededor del 7,5% de los recursos fiscales, una cifra que el Ejecutivo considera hoy imposible de absorber sin comprometer el superávit.

En cuanto a los derechos de exportación, el año pasado ya se aplicaron reducciones que explican parte de la caída general de la recaudación. Actualmente, las retenciones representan una proporción menor del total, y pese a una cosecha de trigo favorable, apenas aportaron el 2,5% en el inicio del año. Funcionarios del equipo económico argumentan que prefieren mantener recortes graduales antes que repetir experiencias previas de eliminación abrupta y posterior restitución ante emergencias fiscales.

Las proyecciones de exportaciones oscilan entre los 92.000 y los 100.000 millones de dólares, según estimaciones privadas y oficiales. Aun en el escenario más optimista, el impacto fiscal sería acotado si se consideran las rebajas ya vigentes en las alícuotas.

Un dato llamativo del actual esquema tributario es que los aranceles a las importaciones están generando más ingresos que las retenciones a las exportaciones. En el primer bimestre del año, el fisco recibió un 17% más por productos importados que por exportados, una inversión histórica en la relación entre ambos rubros.

Este fenómeno responde, en parte, al crecimiento del volumen importado. Las compras externas, especialmente de bienes de consumo final y automóviles, ganaron participación dentro del total. Si bien el Gobierno redujo aranceles en distintos sectores, el aumento en las cantidades importadas terminó compensando la baja en las alícuotas y fortaleciendo la recaudación por esa vía.

Sin embargo, el mayor dinamismo importador plantea desafíos cambiarios. El balance de cuenta corriente mostró en enero un déficit de 919 millones de dólares, pese al superávit comercial. La demanda de divisas para turismo, servicios y atesoramiento volvió a incrementarse, complicando la acumulación de reservas del Banco Central.

Con este panorama, el Gobierno enfrenta una disyuntiva compleja: sostener el ancla fiscal mientras intenta consolidar el crecimiento. Por ahora, la reforma tributaria parece condicionada por una realidad numérica que deja poco espacio para movimientos drásticos sin afectar la estabilidad que la administración considera innegociable.

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