La UIA pidió diálogo y reglas claras en medio de la transición económica y respondió a las críticas de Milei

ECONOMÍA Agencia de Noticias el Interior
  • La UIA reclamó sostener el diálogo con el Gobierno en plena transición económica.
  • Martín Rappallini advirtió que varios sectores industriales atraviesan un momento crítico.
  • La entidad pidió que la apertura comercial se implemente de manera gradual.
  • Señaló que persisten distorsiones como la presión impositiva y el alto costo financiero.
  • Reclamó reconstruir la confianza para incentivar inversiones y fortalecer el clima de negocios.
  • Expresó respaldo a la estabilización macroeconómica, pero pidió acompañar a los sectores más afectados.

La Unión Industrial Argentina (UIA) volvió a plantear públicamente la necesidad de sostener canales de diálogo con el Gobierno nacional y de establecer reglas previsibles en un contexto que definió como de “transformación económica compleja”. La postura de la central fabril se conoció luego de las críticas que el presidente Javier Milei dirigió hacia parte del empresariado durante la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso.

El presidente de la entidad, Martín Rappallini, advirtió que una porción significativa del entramado productivo atraviesa una coyuntura delicada, marcada por la caída de la actividad y por el impacto de distorsiones que, según afirmó, aún no han sido resueltas. “Hay sectores que están en un momento crítico”, sostuvo el dirigente industrial al referirse al actual escenario.

Rappallini describió el momento económico como una etapa de profunda reconfiguración, impulsada por la estabilización macroeconómica y la corrección de precios relativos. En ese marco, señaló que la industria enfrenta el desafío de adaptarse a un nuevo esquema en el que compite directamente con mercados internacionales, mientras todavía arrastra costos estructurales elevados, como la presión tributaria y las tasas financieras.

Según explicó, el proceso de normalización económica implica ajustes que resultan particularmente exigentes para sectores productivos que aún no logran recuperar niveles de actividad. La combinación de menor demanda, reacomodamiento de precios y persistencia de cargas impositivas impacta de manera dispar en las distintas ramas industriales. “Estamos viviendo un momento de caída de actividad con precios que todavía se están acomodando”, afirmó.

Uno de los ejes centrales del planteo de la UIA fue la modalidad de la apertura comercial promovida por la administración nacional. La conducción de la entidad consideró que la integración al mundo debe desarrollarse de forma progresiva, permitiendo que las empresas locales puedan reconvertirse y ganar competitividad sin perder capacidades productivas durante la transición.

Para el sector industrial, el objetivo no es resistir el cambio, sino participar activamente de él. En esa línea, Rappallini subrayó que la industria argentina aspira a alcanzar estándares internacionales de calidad y precios, pero remarcó que para lograrlo es necesario reducir las distorsiones que afectan la estructura de costos. A su juicio, esa tarea requiere un trabajo conjunto entre el Estado y el sector privado.

El dirigente también se refirió al clima de negocios y sostuvo que las tensiones públicas entre el Gobierno y los empresarios no contribuyen a fortalecer la confianza. En su análisis, la previsibilidad, el respeto institucional y el diálogo son condiciones indispensables para incentivar inversiones en un contexto en el que la economía busca consolidar su estabilización.

Desde la central fabril confirmaron que mantienen conversaciones con distintos funcionarios nacionales, en un intento por sostener puentes abiertos pese a los cruces discursivos. La intención, señalaron, es aportar propuestas que permitan mejorar la competitividad sin profundizar la fragilidad de los sectores más expuestos.

A pesar de las advertencias, la UIA expresó respaldo a la orientación general del programa económico. Rappallini destacó la importancia de avanzar hacia un esquema macroeconómico ordenado y valoró las reformas estructurales impulsadas por la Casa Rosada. “Queremos un país normal”, sintetizó.

El mensaje de la entidad combina, así, apoyo al rumbo de estabilización con una advertencia sobre los costos sociales y productivos de la transición. Para los industriales, el desafío consiste en atravesar esta etapa sin que el proceso derive en un deterioro irreversible del tejido productivo.

La discusión, en definitiva, expone la tensión entre la velocidad de los cambios y la capacidad de adaptación de las empresas. Mientras el Gobierno enfatiza la necesidad de reformas profundas, la industria reclama gradualidad y diálogo para acompañar un proceso que considera inevitable, pero exigente.

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