
Los salarios registrados cerraron 2025 con caída real y reavivan el debate sobre el poder adquisitivo
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- Los salarios registrados cerraron 2025 con una caída real superior al 2%.
- El deterioro se concentró en el último cuatrimestre por la aceleración inflacionaria.
- El empleo público fue el segmento con mayor pérdida de poder adquisitivo.
- Los privados también retrocedieron, aunque con menor magnitud.
- El desfase entre inflación y actualización salarial explicó gran parte de la caída.
- La medición del IPC reavivó el debate sobre la magnitud real de la pérdida salarial.
Los salarios de los trabajadores registrados —tanto del sector público como del privado— finalizaron 2025 con una pérdida real superior al 2%, según los últimos datos oficiales. El deterioro se concentró especialmente en el tramo final del año, cuando la aceleración de precios superó la dinámica de actualización de ingresos y erosionó el poder de compra. El informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos reflejó que en diciembre los haberes crecieron 2% nominal frente a una inflación del 2,8%, lo que implicó una nueva caída en términos reales.
El retroceso anual se explicó casi en su totalidad por el desempeño del último cuatrimestre. Durante ese período, la recomposición salarial quedó rezagada frente al ritmo inflacionario, provocando una contracción acumulada del poder adquisitivo. En la comparación interanual, los salarios registrados aumentaron 28,8% nominal, mientras que el índice de precios avanzó 31,5%, consolidando una merma real cercana al 2,1%.
El impacto fue dispar entre sectores. Los trabajadores del ámbito público resultaron los más afectados: en diciembre sus ingresos subieron apenas 1% nominal, lo que se tradujo en una caída real significativa. En el sector privado, el ajuste fue algo menor, aunque también mostró una pérdida de poder de compra. Especialistas señalaron que, más allá de la variación mensual, la trayectoria de los últimos meses implicó un retroceso que llevó los ingresos a niveles similares a los observados hacia fines de 2024.
Analistas económicos atribuyen buena parte del fenómeno al mecanismo habitual de actualización salarial, que suele tomar como referencia la inflación pasada. En escenarios de aceleración de precios, este desfase genera pérdidas temporales del salario real. Por el contrario, cuando la inflación desacelera, la dinámica puede revertirse. La particularidad de 2025 fue que el repunte inflacionario del cierre de año encontró a las remuneraciones con menor capacidad de ajuste inmediato.
La lectura de mediano plazo introduce otro matiz. Si se toma como punto de partida fines de 2023 —tras el salto inflacionario posterior a la devaluación inicial de la gestión de Javier Milei—, la caída acumulada del poder adquisitivo resulta más marcada, especialmente en el empleo público. En cambio, el sector privado mostró mayor capacidad de recuperación relativa, aunque sin evitar el deterioro en el tramo final del año.
En paralelo, datos administrativos del sistema previsional confirmaron que los salarios privados encadenaron varios meses consecutivos de retroceso real hacia el cierre de 2025. Este comportamiento reforzó la percepción de pérdida de ingresos entre los trabajadores, en un contexto de recomposición desigual entre sectores.
Otro foco de discusión gira en torno a la medición de la inflación. Economistas remarcan que el índice oficial se basa en una canasta de consumo con estructura de años anteriores, mientras que metodologías actualizadas —que asignan mayor peso a servicios— arrojarían variaciones superiores. Bajo esas estimaciones alternativas, la caída del salario real sería más profunda, particularmente en el sector público. Este debate metodológico no altera la tendencia general, pero sí incide en la magnitud de la pérdida percibida.
El balance de 2025 deja así un escenario de ingresos tensionados por la inflación y por los tiempos de ajuste salarial. La evolución futura del poder adquisitivo dependerá del ritmo de precios, de las negociaciones paritarias y de la capacidad de sostener mecanismos que reduzcan el desfase entre inflación y salarios. En ese marco, la discusión sobre mediciones y políticas de recomposición seguirá ocupando un lugar central en la agenda económica.






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