Un parásito invisible y devastador: el riesgo oculto detrás de los lentes de contacto

SALUD Agencia de Noticias del Interior
image-9-2-740x430
  • La queratitis por Acanthamoeba es una infección corneal poco frecuente pero potencialmente devastadora.
  • Entre el 85 % y el 95 % de los casos se da en usuarios de lentes de contacto.
  • Los síntomas suelen confundirse con conjuntivitis u otras infecciones, lo que retrasa el diagnóstico.
  • El parásito es resistente y requiere tratamientos prolongados y dolorosos.
  • En casos graves puede ser necesario un trasplante de córnea para recuperar la visión.
  • La higiene adecuada y evitar el contacto de los lentes con agua son medidas esenciales de prevención.

Lo que comenzó como una simple molestia ocular terminó convirtiéndose en una pesadilla. Teresa Sánchez, de 33 años, empezó a sentir sequedad y un dolor punzante en su ojo derecho mientras se encontraba en México. Pensó que se trataba de un problema menor vinculado a sus lentes de contacto. Durante semanas recibió diagnósticos erróneos. Recién meses después supo que enfrentaba una infección poco frecuente pero potencialmente devastadora: queratitis por Acanthamoeba.

La enfermedad consiste en la inflamación de la córnea provocada por un organismo unicelular presente en el agua y el suelo. Aunque es infrecuente —se registran más de 23.000 casos anuales en el mundo según datos relevados en distintos países— la gran mayoría de los afectados son usuarios de lentes de contacto. Se estima que entre el 85 % y el 95 % de los infectados utiliza este tipo de dispositivos.

El mecanismo de infección suele comenzar cuando el parásito entra en contacto con el ojo y encuentra pequeñas abrasiones en la superficie corneal. Los lentes pueden favorecer estas microlesiones o actuar como vehículo de transporte del microorganismo, especialmente si se exponen al agua de duchas, piscinas o soluciones inadecuadas de limpieza.

Los síntomas iniciales pueden confundirse con cuadros comunes como conjuntivitis o infecciones bacterianas. Dolor intenso, sensibilidad a la luz, visión borrosa, enrojecimiento y sensación de cuerpo extraño forman parte del cuadro clínico. Esa similitud explica por qué el diagnóstico temprano resulta complejo y, en muchos casos, tardío.

Sánchez fue tratada inicialmente por conjuntivitis viral y luego bacteriana. Las gotas recetadas no solo no resolvieron el problema, sino que la infección avanzó hasta comprometer seriamente su visión. La historia se repite en otros pacientes, como Grace Jamison, quien perdió temporalmente la vista en ambos ojos tras un diagnóstico equivocado y el uso de esteroides que agravaron la infección.

Especialistas advierten que la queratitis por Acanthamoeba puede ser devastadora si no se aborda de manera agresiva. El parásito se alimenta del tejido corneal y desencadena una respuesta inflamatoria que daña progresivamente la estructura ocular. En los casos más graves puede requerirse un trasplante de córnea, procedimiento que no siempre garantiza la recuperación total y que implica largos períodos de tratamiento previo para evitar recaídas.

La dificultad no radica solo en identificar la enfermedad, sino también en erradicarla. La Acanthamoeba es altamente resistente y puede transformarse en quiste, un estado latente que la protege de condiciones adversas y medicamentos. Los tratamientos incluyen colirios antiamebianos que deben aplicarse con gran frecuencia durante meses. Las gotas suelen ser dolorosas y requieren preparación especial y refrigeración constante.

La experiencia de los pacientes revela el impacto físico y emocional de la enfermedad. El dolor puede ser intenso, acompañado de migrañas, vómitos y sensibilidad extrema a la luz. Además del desafío médico, aparece el componente psicológico: la incertidumbre sobre la recuperación visual y la duración del tratamiento.

La prevención, coinciden los expertos, es clave. Evitar el contacto de los lentes con agua corriente o de piscinas, utilizar únicamente soluciones específicas para su limpieza, cambiar diariamente el líquido del estuche, lavarse y secarse bien las manos antes de manipularlos y no dormir con ellos son medidas básicas que reducen el riesgo. El uso de lentes descartables diarios también puede disminuir la probabilidad de infección.

En algunos casos, quienes realizan actividades acuáticas frecuentes pueden considerar alternativas como gafas graduadas o incluso cirugía refractiva, siempre bajo evaluación médica personalizada.

El diagnóstico adecuado requiere un interrogatorio detallado sobre los hábitos del paciente y, en ocasiones, estudios específicos como raspados corneales o pruebas moleculares. Sin embargo, no todos los centros cuentan con tecnología avanzada ni especialistas en córnea, lo que retrasa la confirmación.

Tras años de tratamiento y un trasplante de córnea, Sánchez logró recuperar visión 20/20. Otros pacientes continúan en proceso. Las historias comparten un mensaje común: ante dolor ocular persistente y antecedentes de uso de lentes de contacto en situaciones de riesgo, la consulta temprana con un especialista puede marcar la diferencia entre la recuperación y la pérdida permanente de la visión.

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto