
Llaryora inauguró el período legislativo en Córdoba con un discurso extenso y advertencias a la oposición
CÓRDOBA Juan Palos

El gobernador Martín Llaryora inauguró el período legislativo en Córdoba con un discurso que se extendió durante casi dos horas, marcado por un tono confrontativo, definiciones políticas duras y varios pasajes dirigidos explícitamente al arco opositor. No fue una apertura protocolar más: fue un mensaje de poder, de advertencia y de cierre de filas.
“Esto no es para tibios”, repitió en más de una oportunidad el mandatario provincial, dejando en claro que su gestión no está dispuesta a ceder terreno frente a lo que considera obstáculos políticos y administrativos. El mensaje no fue abstracto ni general: tuvo destinatarios concretos.
Llaryora fue a fondo al responsabilizar a la oposición por haber impedido la compra de drones para seguridad, una licitación observada días atrás por los vocales del Tribunal de Cuentas Beltrán Corvalán y María Fernanda Leiva, ambos identificados con el juecismo. Para el Gobernador, esas observaciones no fueron un acto técnico, sino una maniobra política que —según su visión— afecta directamente a la seguridad de los cordobeses.
El discurso no tardó en generar reacciones. Luis Juez, Gabriel Bornoroni y Rodrigo de Loredo, referentes de los principales espacios opositores, coincidieron en una lectura común: a Llaryora “le molestan los controles” y su gobierno atraviesa un “fin de ciclo”, más allá de los tiempos formales del mandato. La crítica apuntó directamente al estilo del Gobernador y a su relación con los organismos de control y el disenso institucional.
Desde la oposición señalaron que controlar no es bloquear, y que observar una licitación no equivale a estar en contra de la seguridad, sino a cumplir con el rol que marca la ley. En ese punto, la grieta quedó expuesta: para el oficialismo, hay trabas políticas; para la oposición, hay una gestión que no tolera límites.
La apertura del período legislativo dejó así una escena clara: un gobernador decidido a confrontar, una oposición que se siente interpelada y un clima político cada vez más tenso. Lejos del consenso declamado en otros tiempos, la Legislatura comenzó a sesionar bajo una lógica de choque frontal.
El mensaje de Llaryora fue inequívoco: no habrá marcha atrás ni medias tintas. Pero también dejó una pregunta abierta, que empieza a resonar con fuerza en la política cordobesa:
¿gobernar sin “tibios” implica también gobernar sin controles?
El año legislativo recién empieza. El tono ya está marcado. Y todo indica que no será un período tranquilo.




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