Cafayate: el rincón de Salta donde el verano se vive entre viñedos

TURISMOJulia VOSCOJulia VOSCO
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En el sur de Salta, rodeado de montañas rojizas, viñedos y rutas escénicas que parecen sacadas de una película, Cafayate se consolidó como uno de los destinos más atractivos del norte argentino para quienes buscan un verano distinto. No tiene el clima húmedo de la selva ni la masividad de los grandes polos turísticos del país: acá el paisaje, el vino y la tranquilidad marcan el ritmo del viaje.

Llegar a Cafayate ya es parte de la experiencia. Desde la ciudad de Salta, la ruta atraviesa la Quebrada de las Conchas, un recorrido que obliga a parar cada pocos kilómetros para sacar fotos. Formaciones como la Garganta del Diablo, el Anfiteatro o los Castillos aparecen en medio del desierto rojizo, en uno de los trayectos escénicos más impactantes del país.

Durante el verano, el calor está presente, pero el clima seco lo vuelve más llevadero que en otras zonas del norte. Las tardes suelen invitar a caminar por el pueblo, recorrer bodegas o simplemente sentarse en la plaza central a mirar la vida pasar, algo que todavía forma parte del ADN del lugar.

Cafayate respira vino. Es la capital del Torrontés, la cepa insignia de la región, y gran parte de la experiencia turística pasa por recorrer bodegas, hacer degustaciones y conocer cómo el clima y la altura influyen en la producción. Hay bodegas tradicionales, otras más modernas y algunas pequeñas que permiten un contacto más directo con productores locales.

Pero el destino no se agota en el enoturismo. En los alrededores hay excursiones a médanos, trekking por cerros, paseos en bici entre viñedos y salidas fotográficas que al atardecer se vuelven espectaculares. La combinación de colores del paisaje, especialmente cuando baja el sol, es uno de los recuerdos más repetidos por quienes visitan la zona.

La gastronomía acompaña bien el perfil del lugar. Cafayate tiene desde peñas con comida regional hasta restaurantes más modernos donde el vino es protagonista. Empanadas salteñas, carnes, humitas y platos regionales aparecen en la mayoría de las cartas, aunque también hay opciones más actuales para un público más joven y viajero.

En cuanto al alojamiento, el pueblo ofrece alternativas para distintos presupuestos: hostels, hoteles boutique, cabañas y posadas familiares. Para verano, reservar con anticipación suele ser clave, especialmente en enero y febrero.

Llegar es relativamente simple. La mayoría de los viajeros vuela o llega en micro hasta la ciudad de Salta y desde ahí alquila auto o toma excursiones hacia Cafayate. El trayecto ronda las tres horas, pero rara vez se hace directo: el paisaje obliga a ir despacio.

En términos de costos, Cafayate suele ubicarse en un rango medio dentro del turismo del norte argentino. No es el destino más barato, pero tampoco alcanza valores de polos patagónicos o internacionales. Con planificación, se puede armar un viaje equilibrado.

Cafayate funciona muy bien para parejas, grupos de amigos y también familias con chicos grandes. Es un destino relajado, caminable y seguro, donde el atractivo principal pasa por la experiencia y el entorno natural más que por el entretenimiento masivo.

En tiempos donde muchos viajes se vuelven acelerados, Cafayate propone otra lógica: vino, paisaje, cultura y tiempo para disfrutar sin apuro. Un destino que, sin ser secreto, todavía conserva ese aire de descubrimiento que muchos viajeros buscan.

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