


Hay lugares en Argentina que no se parecen a nada conocido. El Campo de Piedra Pómez, en el oeste de Catamarca, es uno de ellos. Un paisaje blanco, casi infinito, moldeado por antiguas erupciones volcánicas, donde el silencio es tan protagonista como las formas caprichosas de la roca. Caminar por allí es sentirse, por momentos, fuera del país… o incluso fuera del planeta.
Este destino, todavía poco explorado por el turismo masivo, se vuelve especialmente atractivo durante el verano, cuando los caminos están en mejores condiciones y el clima permite recorrer la zona sin las restricciones del invierno. El acceso no es inmediato ni sencillo, y eso es parte de su encanto: llegar hasta allí implica tomarse el tiempo, viajar despacio y dejar atrás cualquier expectativa de vacaciones tradicionales.
El punto de partida para conocer el Campo de Piedra Pómez es Antofagasta de la Sierra, un pequeño pueblo de altura que funciona como base para las excursiones. Para llegar, primero hay que arribar a la ciudad de Catamarca y desde allí emprender un recorrido largo pero impactante por ruta, atravesando paisajes que cambian a cada kilómetro. El último tramo se realiza obligatoriamente con guías locales y vehículos 4x4, una medida necesaria tanto por seguridad como por preservación del área.
El alojamiento en la zona es sencillo y austero. Antofagasta de la Sierra ofrece hosterías, posadas familiares y casas de hospedaje comunitario. No hay grandes hoteles ni lujos, pero sí una hospitalidad cálida que acompaña el espíritu del lugar. Por eso, quienes viajan hasta acá suelen quedarse varios días: tres o cuatro jornadas son ideales para aclimatarse a la altura, visitar el Campo de Piedra Pómez y sumar otros paisajes cercanos, como volcanes, salares y lagunas de altura.
La experiencia también se refleja en la mesa. Comer en Antofagasta de la Sierra es parte del viaje: platos caseros, recetas regionales, guisos y carnes que reconfortan después de largas excursiones. La oferta gastronómica es limitada, pero auténtica, y responde a la lógica del lugar: simple, contundente y sin artificios.
A diferencia de otros destinos de verano, el Campo de Piedra Pómez no tiene ríos ni balnearios. El agua no es protagonista y el entorno es árido y seco. Lo que se viene a buscar acá es otra cosa: paisaje, silencio, caminatas, fotografía y contacto con una naturaleza extrema, de esas que obligan a bajar el ritmo y mirar con más atención.
Si bien es posible viajar con chicos, no es un destino pensado para familias con niños pequeños. La altura, las distancias y la falta de servicios hacen que sea más disfrutable para parejas, adultos o viajeros curiosos, dispuestos a salir del circuito clásico y vivir una experiencia diferente.
El Campo de Piedra Pómez no promete comodidad ni entretenimiento constante. Promete algo mucho más raro hoy en día: sensación de descubrimiento. Un lugar que todavía conserva el privilegio de sorprender y que, para quienes buscan un verano distinto en Argentina, se convierte en una experiencia difícil de olvidar.





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