
La competencia electoral en Córdoba: Un juego de poder y estrategias
Juan Palos

Por Juan Palos
La reciente declaración de los aliados de Javier Milei, donde afirman que van a competir en todas las provincias, especialmente en aquellas con gobernadores que persisten en el despilfarro político, es una advertencia contundente. El cambio en Argentina es innegable, y los mandatarios que no se ajusten a esta nueva realidad podrían encontrarse en problemas serios. Martìn Llaryora, gobernador de Córdoba, tiene claro que las elecciones de 2027 serán una prueba crítica para su gestión y su futuro político.
Lo que subyace en las palabras de Milei es la inquietante posibilidad de que el actual Presidente y su poderosa hermana no duden en sancionar a aquellos gobernadores que se opongan a su agenda de reformas. Este escenario plantea interrogantes sobre el equilibrio de poder en el país y si realmente quedará espacio para un diálogo constructivo que respete las jurisdicciones existentes.
Llaryora, consciente de los desafíos, entiende que el próximo año será crucial no solo para su reelección sino también para la estabilidad política de Córdoba. Aunque el gobernador ha intensificado su esfuerzo por conectar con el electorado a través de la gestión y la comunicación, se percibe una tensión creciente. Mientras que Llaryora busca recuperar recursos sustraídos por la Nación, su oponente Milei parece preparado para desafiar con fuerza, lo que sugiere que la campaña electoral de 2027 será una de las más intensas que hayamos visto en la provincia.
Una de las incógnitas críticas es si el cordobesismo, históricamente asentado en el poder, sostendrá su apoyo ante un electorado que parece estar cambio de chip. Llaryora ha reducido su gabinete y disminuido impuestos, pero estas acciones no garantizan la lealtad de unos votantes que podrían estar buscando alternativas a algo que consideran estático. La realidad económica en Córdoba es compleja; las cifras de la Caja de Jubilaciones exhiben un déficit que podría ser utilizado como arma política tanto por el oficialismo como por la oposición. La narrativa en juego no solo se basa en la gestión actual, sino también en cómo se interpretan estos números en el futuro.
El futuro prometido por Javier Milei presenta visiones radicalmente diferentes sobre la política y la economía. Mientras que el candidato de La Libertad Avanza se presenta como un agente de cambio, Llaryora, al menos por ahora, se aferra a la gestión y los logros alcanzados. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿realmente Milei representa la novedad que el electorado busca? La competencia no será fácil, especialmente en un Córdoba que ha mantenido altos niveles de aprobación para ambos líderes.
A medida que Llaryora se prepara para un período crucial en su mandato, el desafío de Milei y su equipo se siente inminente. Una lucha por el relato se establece, donde ambos contendientes deberán convencer al electorado de que su visión es la correcta. Es un juego peligroso, donde la estrategia y la gestión serán factores determinantes. Así, el gobernador estará atento a cada movimiento, esperando que su enfoque en la gestión y la comunicación fortalezcan su posición en un entorno electoral que se prevé turbulento.
En conclusión, el panorama es incierto y está cargado de tensiones. Mientras Llaryora trabaja en construir un camino hacia la reelección, Milei representa la dinámica de cambio que resuena en algunas partes de la sociedad argentina. La gestión y las decisiones que se tomen en el presente no solo definirán el futuro de Córdoba, sino que también servirán como un reflejo más amplio de la dirección que elegirá Argentina en los próximos años.





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