Riesgos y tensión en la economía para segunda mitad del año: qué va a pasar con el dólar, la inflación y el consumo

ECONOMÍA 19 de junio de 2022 Por Mariano Boettner*
WJEYVYHODFE74ZUE7WGGZARKWM

Un cóctel compuesto por una inflación acelerada, escasez de dólares que restringen la capacidad de importación para sostener la producción y un impacto contractivo en la demanda y los salarios podrían configurar, para el segunda semestre un escenario de estancamiento de la actividad agregada y hasta de eventual caída.

Los economistas creen que la volatilidad financiera de las últimas semanas, sumado al resto de los desequilibrios que ya arrastraba la macroeconomía, podrían eclipsar los números positivos que muchos indicadores del sector real siguen mostrando, como los de industria y construcción, que en términos mensuales e interanuales sostienen su crecimiento.

En el tablero de control de la economía del Gobierno apareció con más fuerza una luz roja que alerta sobre la falta de divisas para abastecer el ritmo que demanda la producción y, al mismo tiempo, acumular reservas tal como estaba previsto en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Esa tensión llevaría al Poder Ejecutivo, según estiman algunos analistas, a preferir un enfriamiento de la actividad por la vía de una restricción mayor de importaciones. A pesar de eso, y los expertos consultados por Infobae lo explicarán, el PBI podría terminar el 2022 con crecimiento anual.

Los equilibrios son muy delicados y además la situación externa no ayuda. Según Marina Dal Poggeto, directora de la consultora EcoGo, “el mundo va a entrar en una zona de recesión y la Argentina no está exenta del mundo”, mencionó. “El programa con el FMI es un programa inflacionario y contractivo. En vez de corregir precios relativos, te comprometiste a poner esos precios como dólar o tarifas por encima de la inflación”, observó.

“Era contractivo porque tenés una meta de reservas que es agresiva e implica una reducción de la absorción doméstica, es decir del consumo. Es un programa de mejora del balance del BCRA vía reservas y menos pesos. El problema es que el Gobierno lo vendió como que el ajuste se hacía vía crecimiento. Es un perro que se muerde la cola, no va a pasar”, consideró la economista en diálogo con FM Milenium.

María Castiglioni Cotter, de C&T Asesores Económicos, dijo a Infobae que “la inflación entró en desaceleración mensual, pero la interanual va a seguir subiendo, al menos hasta agosto. La economía va a tener un proceso recesivo. En abril algunos indicadores como industria y construcción no fueron malos en términos mensuales, pero se ve una economía estancada después de haber recuperado el impacto de la pandemia. Llegado el invierno las limitaciones que hay en la energía, el gasoil que impacta en el transporte, va a complicar la actividad y probablemente las medidas van a implicar más restricciones a las importaciones”, anticipó.

“Para no perder reservas y cumplir con el FMI lo que hace falta para el Gobierno es contener la demanda de divisas y las importaciones es una parte importante. En algunos sectores la inflación se pudo compensar con paritarias, pero va a ser difícil sostenerlo y va a impactar negativamente en la demanda, eso no va a ser demasiado positivo. Anualmente podés terminar con crecimiento, pero probablemente algunos meses con freno o incluso con caídas. Esto siempre y cuando el tipo de cambio se mantenga controlado”, dijo Castiglioni Cotter en diálogo con este medio.

“Este combo con una inflación acelerada en los sectores sobre todo no registrados, donde el salario es menor y cae, va a impactar en los indicadores de pobreza y probablemente el resto de la economía no pueda sostener la recuperación en lo que resta del año. Lo que vemos es que el empleo probablemente se vea afectado, el registrado no crece y el no registrado, con menores ingresos, va a ser difícil que crezca”, completó.

Para Nicolás Zeolla, economista jefe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), “la aceleración de la inflación genera dudas sobre la trayectoria de actividad más allá del tercer trimestre del año. Yo no veo recesión, pero si cierto estancamiento en donde cuesta romper el techo del 4,5%”, dijo a Infobae.

“Los aumentos promedio del 60% podrían implicar que el salario quede atrasado respecto a una inflación que se proyecta superior al 70%. Es decir, en un escenario donde la recuperación, con heterogeneidades, va a estar concentrada en los rubros de consumo masivo más atrasados, por eso resulta central dar un mayor impulso desde el ingreso para que el techo siga subiendo”, destacó.

En ese sentido, consultado sobre qué motores podría tener eventualmente la economía en la segunda mitad del año, consideró: “La recuperación viene mostrándose más lenta en rubros de consumo masivo y esparcimiento. Creo que ahí hay espacios para seguir creciendo desde el ingreso y la demanda. Además, medidas de fomento focalizado como programas de crédito a tasa cero en turismo, el Plan Previaje focalizado y con controles para que no haya avivada en los precios, resultará central”.

Por su parte, el economista y consultor Rodrigo Álvarez, dijo a Infobae: “Hay indicadores industriales que están operando en máximos, pero no es sostenible. Con una economía en torno a 70% de inflación esperada a fin de año, esto es una victoria pírrica, si veo solo actividad sin el resto de los equilibrios, tarde o temprano me voy a chocar contra la pared”, mencionó.

“La economía no está ordenada, más temprano que tarde en la historia situaciones así te pusieron en crisis. Para evitar que pase esto, el Gobierno tiene que tomar medidas para enfriar la economía, es deseable que eso pase. Crecer con 70% de inflación puede pasar algunos meses, pero no es sostenible. Me preocupa que el Gobierno siga acelerando en una calle sin salida”, completó el consultor de empresas.

Entre las consultoras el diagnóstico es que hay una serie de amenazas a la recuperación en los próximos meses que el Gobierno podría tener un margen exiguo para manejar. Para Abeceb, “con el avance hacia el año electoral, la interna va a seguir siendo una fuente de disfuncionalidad para la gestión, no sólo a nivel macro sino, también, en el nivel financiero de las firmas y en el sectorial”.

“Por la escasez de reservas en el segundo semestre es altamente probable que el Central ajuste el cepo. En consecuencia, las firmas pueden tener dificultades crecientes para importar y para conseguir suministros de proveedores locales que utilizan insumos importados; podrían implementarse restricciones a los servicios de la deuda privada externa; si no devalúan, la demanda por productos electrónicos, automóviles y electrodomésticos puede seguir tonificada”, plantearon como escenario en la consultora que dirige el ex ministro de Producción y Trabajo Dante Sica.

Por otro lado, “podría encarecerse el costo del crédito por aumentos de tasas de interés para controlar la brecha cambiaria sin acelerar la devaluación. Esto afectaría al capital de trabajo de las firmas y a los sectores con demanda dependiente de la disponibilidad crédito, como durables de consumo”, destaca un informe de Abeceb.

Por último, alertó Abeceb: “La consistencia entre las políticas y las señales para la coordinación de las expectativas privadas seguirán siendo escasas y los desequilibrios podrían amplificarse fácilmente. Podría haber una corrida contra el peso en el segundo semestre y una aceleración consecuente de la inflación. Esta última se va a mover en zona de riesgo, sobre todo hacia fin de año, si la presión sobre alimentos no cede. Las firmas deberían privilegiar la cobertura ante el riesgo devaluatorio y de aceleración inflacionaria. Estos riesgos bajarían si la recaudación tributaria se afirma y el gobierno logra controlar la emisión”, recomendó.

La consultora Sarandí, en tanto, publicó un informe que “en los últimos meses perdieron fuerza los motores del crecimiento, superada la fase ‘fácil’ de rebote tras la pandemia”. “En una macroeconomía aún debilitada, existen riesgos latentes que pueden truncar la dinámica productiva alcista. Más aún, el Gobierno afronta escenarios contingentes de crisis en caso de que se precipiten algunas variables nominales”, apuntaron.

En ese sentido, el estudio privado enumeró indicadores que implican una luz amarilla en el semáforo de la actividad. “Si bien el plano productivo sigue sólido, se empieza a notar una desaceleración en algunos indicadores vinculados al consumo. Por caso, las ventas en comercios minoristas registraron en mayo la primera caída en 15 meses (3,4%), mientras que las compras en supermercados también mostraron la primera merma en 10 meses (0,1%)”, ejemplificó.

“Subiendo la lupa, la recaudación de IVA empezó a mostrar en los últimos meses una desaceleración en el crecimiento. De subas reales de dos dígitos el año pasado, se redujo a un promedio del 3,5% en los primeros cinco meses del 2022. Aún así, se trata del segundo año consecutivo de mejora en el margen, aunque todavía lejos de los niveles de ingresos por IVA de años previos”, continuó.

Como conclusión, Sarandí cree que “en un contexto fiscal complicado dada la rigidez de la mayoría de partidas del gasto y la imposibilidad política de aprobar en el Congreso nuevos impuestos (como la Renta Inesperada), es posible que se deba reducir la velocidad de transferencias para obra pública. En cualquier caso, lo que viene es una manta cada vez más corta en la voluntad simultánea de sostener el ordenamiento macroeconómico sin resignar niveles de actividad. Todo esto, además, en un contexto de insatisfacción social, donde buena parte de la población percibe que ese crecimiento nunca lo alcanza”.

 

 

* Para www.infobae.com

Te puede interesar