
El Niño podría impulsar las cosechas argentinas y sumar hasta US$ 4.000 millones, pero crece el riesgo de excesos de lluvia
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- El Niño podría aumentar las cosechas argentinas de maíz y soja en 5,6 y 5,4 millones de toneladas, respectivamente.
- La combinación de mayor producción y mejores precios internacionales podría aportar alrededor de US$ 4.000 millones adicionales.
- Las lluvias favorecen actualmente al trigo y al maíz, pero el exceso de agua amenaza la recolección y la logística.
- La producción brasileña de soja y el calendario del maíz de segunda serán determinantes para la oferta regional.
- Las sequías en otros países podrían impulsar algunos precios, aunque los elevados stocks de granos limitarían las subas.
- Los costos de los fertilizantes, las precipitaciones y la evolución de los mercados definirán el impacto final sobre las exportaciones argentinas.
La llegada de un episodio fuerte de El Niño abre una oportunidad para la producción agropecuaria argentina, con perspectivas favorables para el trigo, el maíz y la soja, aunque también plantea riesgos por el exceso de precipitaciones. Las lluvias podrían mejorar los rindes y elevar los ingresos por exportaciones, pero las inundaciones, las dificultades para levantar la cosecha y los problemas logísticos amenazan con limitar parte de los beneficios.
Las estimaciones recientes del IERAL calculan un incremento potencial de 5,6 millones de toneladas en la cosecha de maíz y de 5,4 millones en la de soja. Si a ese volumen adicional se suma una evolución favorable de los precios internacionales, el ingreso podría aumentar alrededor de US$ 4.000 millones. Sin embargo, el resultado dependerá de los rindes efectivos, las cotizaciones y el momento en que los productores decidan comercializar los granos.
El escenario climático también podría alterar la oferta mundial de alimentos. Mientras la Argentina y el sur de Brasil aparecen entre las regiones con posibilidades de recibir lluvias beneficiosas, otras zonas productoras podrían enfrentar sequías y pérdidas de cosechas. Esa diferencia abre la posibilidad de que algunos precios internacionales suban, aunque la abundancia de existencias en determinados mercados podría limitar las mejoras.
En el mercado local, las primeras señales para los cultivos son alentadoras. Dante Romano, gerente de research de Maxagro y profesor del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral, señaló que el trigo se sembró con humedad y recibió precipitaciones durante su desarrollo. Según su evaluación, más del 95% de los lotes se encuentra en condiciones buenas o excelentes. También destacó que las lluvias favorecieron la implantación del maíz y anticipó perspectivas positivas para los cultivos de verano.
Las proyecciones climáticas contemplan precipitaciones superiores a las habituales en Buenos Aires, el sur de Santa Fe y parte de Córdoba, condiciones neutras en el noreste argentino y un panorama posiblemente más seco en el noroeste. Para Romano, el balance general resulta favorable para el trigo, el maíz y la soja.
El principal interrogante aparece cuando las lluvias dejan de ser un beneficio y se convierten en un obstáculo. La atención se concentra especialmente en noviembre y diciembre, cuando se intensifican las tareas de recolección. Si las precipitaciones persisten, podrían dificultar el ingreso de las máquinas a los lotes, demorar la trilla y complicar el transporte de los granos.
Pablo Repetto, jefe de research de Aurum Valores, coincidió en que las lluvias pueden mejorar inicialmente los rendimientos, pero advirtió que una intensidad o persistencia excesiva podría generar problemas de humedad, plagas y pérdidas productivas. Por eso, consideró necesario seguir la evolución del fenómeno durante todo el ciclo agrícola, desde la siembra y el desarrollo de las plantas hasta la cosecha y la logística.
La economista y MBA en Finanzas Piedad Ortiz también ubicó el período de mayor atención entre noviembre y diciembre. Según su análisis, los efectos de El Niño podrían extenderse hasta abril de 2027, con cambios en las probabilidades de lluvia y una mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos fuera de los parámetros habituales.
La especialista citó proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario que estiman exportaciones por US$ 42.000 millones bajo un escenario de mejores precipitaciones y precios internacionales en alza. La producción prevista para la próxima campaña alcanza 155,8 millones de toneladas, un 9,6% menos que en la actual. No obstante, Ortiz consideró que las lluvias abundantes podrían mejorar esa proyección, dado que la campaña de referencia estuvo favorecida por precipitaciones excepcionales que potenciaron los rindes de los cultivos invernales.
Durante los primeros nueve meses del año, la Argentina exportó 88,9 millones de toneladas de granos. Para Ortiz, una campaña favorable también podría mejorar la situación financiera de las empresas agropecuarias, reducir sus necesidades de financiamiento y contribuir a la acumulación de divisas del Banco Central, aunque el resultado dependerá de los costos y de las condiciones de comercialización.
El impacto internacional y la evolución de los precios
Fuera de la Argentina, El Niño podría provocar dificultades en importantes regiones productoras. Las proyecciones contemplan condiciones más secas en Colombia y el norte de Brasil, frente a mayores precipitaciones en territorio argentino y el sur brasileño. El contraste es especialmente relevante para la soja, debido al peso de Brasil en la oferta mundial.
Romano advirtió que el norte y el oeste brasileños concentran alrededor de dos tercios de la producción y suelen enfrentar condiciones secas durante los episodios de El Niño. En Mato Grosso, uno de los principales estados agrícolas del país, las lluvias recientes permitieron avanzar con la siembra, aunque diciembre será determinante. Un retraso en la implantación de la soja podría demorar su cosecha y afectar posteriormente la siembra del maíz de segunda, conocido como safrinha.
Una caída de la producción brasileña podría impulsar las cotizaciones internacionales y beneficiar a los exportadores argentinos. Sin embargo, el panorama presenta diferencias según el cultivo. Mientras la sequía podría reducir la oferta de algunos productos, las existencias abundantes de soja y maíz en Brasil y Estados Unidos limitarían el efecto alcista. En el caso del trigo, la sobreoferta de Rusia y Australia también podría presionar los precios.
Los riesgos no se restringen a Sudamérica. Australia podría registrar pérdidas de trigo, mientras que Indonesia y Malasia podrían producir menos aceite de palma. Las estimaciones de Citi identifican posibles riesgos para entre el 5% y el 8% de la producción mundial de ese aceite, entre el 3% y el 6% del café robusta y entre el 2% y el 5% del azúcar. Para el arroz, el rango se ubica entre el 2% y el 4%, y para el cacao, entre el 1% y el 4%. Se trata de volúmenes potencialmente expuestos al fenómeno, no de pérdidas ya confirmadas.
En la soja, el rango estimado va desde una caída del 1% hasta un aumento del 2%, lo que refleja un resultado potencialmente neutral o mixto. La evolución de los inventarios será decisiva para determinar cuánto impacto tendrán las alteraciones climáticas sobre las cotizaciones.
Costos, empresas y oportunidades financieras
Los fertilizantes agregan otra variable al escenario. Ortiz señaló que la urea acumuló un incremento del 16,38% en lo que va del año, en un contexto de tensiones internacionales. No obstante, las referencias disponibles corresponden a distintos momentos: el seguimiento más reciente de Citi describía una vuelta de la urea a niveles anteriores al conflicto con Irán, impulsada por mayores exportaciones chinas, mientras los fosfatos permanecían elevados.
El fenómeno también genera oportunidades y riesgos para las empresas. Jefferies identificó a Cresud como una posible beneficiaria de las mejores condiciones agrícolas en la Argentina, aunque advirtió que los efectos podrían ser mixtos por su exposición a Brasil, Paraguay y Bolivia a través de BrasilAgro. El resultado dependerá de cómo se distribuyan las lluvias entre las distintas regiones.
El impacto puede extenderse a otros sectores. Las lluvias extremas podrían acelerar las compras por Internet, pero también interrumpir las entregas. En ese contexto, Jefferies consideró que Mercado Libre podría beneficiarse de su red logística, aunque las condiciones meteorológicas adversas también representan un riesgo operativo.
En energía, la menor disponibilidad de agua en Brasil y Colombia podría reducir la generación hidroeléctrica y aumentar la necesidad de recurrir a centrales térmicas y gas. Ese escenario podría favorecer a Petrobras. En cambio, las empresas vinculadas al suministro de agua y las embotelladoras podrían enfrentar mayores costos y presiones sobre la demanda.
Para la Argentina, la oportunidad dependerá de que las mejores condiciones climáticas se traduzcan en una cosecha abundante y puedan aprovecharse comercialmente. Las precipitaciones locales, el desarrollo de la campaña brasileña y la producción de Estados Unidos serán factores centrales para determinar el resultado económico. El Niño puede mejorar los rindes y fortalecer los ingresos del agro, pero el exceso de agua y la evolución de los mercados internacionales definirán cuánto de ese potencial se convierte efectivamente en dólares.


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