El crédito al consumo no repunta y la morosidad frena la recuperación

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El crédito privado en pesos retrocedió un 0,2% real en la medición de Grupo SBS durante septiembre.
  • Las tarjetas de crédito y los préstamos personales continuaron contrayéndose por la pérdida de ingresos y la morosidad.
  • Los créditos hipotecarios crecieron un 3,7% real, impulsados parcialmente por el financiamiento asociado al FGS.
  • Los depósitos privados en dólares llegaron a 42.000 millones de dólares y los préstamos en esa moneda aumentaron un 3,8%.
  • Las compras netas de divisas del sector privado se aproximaron a los 2.700 millones de dólares durante agosto.
  • El Gobierno apuesta a mecanismos alternativos de financiamiento mientras busca reactivar el crédito y sostener la acumulación de reservas.

La reducción de las tasas de interés todavía no alcanza para reactivar el financiamiento de las familias. La pérdida de poder adquisitivo, las dificultades para cumplir con las obligaciones financieras y la cautela de los bancos mantienen frenado el crédito destinado al consumo, en un contexto en el que la actividad económica tampoco logra mostrar una recuperación sostenida. Mientras los préstamos en pesos pierden dinamismo, los depósitos en dólares y la demanda de divisas exhiben un comportamiento diferente, en una señal de las dificultades que enfrenta la política monetaria para impulsar la circulación de moneda nacional.

Los datos de septiembre reflejan las limitaciones del sistema financiero para transformar una baja de tasas en una expansión efectiva del crédito. Según los análisis de Grupo SBS, los préstamos privados en pesos registraron una leve contracción real del 0,2% al considerar el stock promedio de 20 días. Sin embargo, el comportamiento varió según el destino del financiamiento: las tarjetas de crédito retrocedieron un 1,2% real, mientras que los préstamos personales también mostraron una evolución negativa. En contraste, los créditos documentarios, prendarios e hipotecarios registraron aumentos reales.

La situación expone una dificultad que no se resuelve exclusivamente mediante decisiones financieras. Aunque el costo de algunos préstamos comenzó a bajar, los ingresos disponibles de los hogares siguen condicionando la posibilidad de asumir nuevas obligaciones. A esto se suma la preocupación de las entidades por los niveles de incumplimiento, que las lleva a restringir la oferta de financiamiento y concentrar esfuerzos en recuperar las deudas pendientes.

Desde Equilibra señalaron que los préstamos personales tuvieron en septiembre una tasa de interés promedio del 5,3% mensual, con una reducción de 0,3 puntos porcentuales respecto de agosto. Pese a esa disminución, el crédito al consumo continuó contrayéndose. El deterioro del ingreso real, las limitaciones cuantitativas de la oferta bancaria y el aumento de la morosidad aparecen entre los principales factores que impiden que las condiciones financieras más favorables se traduzcan en una recuperación de la demanda.

La evolución de los préstamos personales confirma la persistencia del problema. Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, explicó que durante once de los últimos doce meses la cartera registró caídas en términos reales. Según su análisis, la cantidad de clientes que no consigue pagar regularmente sus compromisos frenó la actividad de esta línea crediticia. Al mismo tiempo, quienes necesitan financiamiento encuentran dificultades para volver a endeudarse debido a sus ingresos disponibles, las tasas vigentes y los plazos ofrecidos.

El crédito hipotecario constituye una excepción parcial dentro de ese panorama. De acuerdo con los datos de 1816, el stock de estos préstamos creció un 3,7% real durante septiembre. Parte de ese desempeño se vincula con el impulso de los plazos fijos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), que adjudicó un segundo tramo de 200.000 millones de pesos a una tasa promedio de UVA más 4,8%. Ese mecanismo permite limitar las tasas activas a UVA más 7,5% nominal anual, favoreciendo las condiciones de acceso al financiamiento para la vivienda.

Sin embargo, el avance hipotecario no modifica el estancamiento general del crédito en moneda nacional. La Fundación Mediterránea indicó que, medido en términos reales, el financiamiento al sector privado permanece en niveles similares a los de julio del año pasado y representa actualmente el 8,8% del producto bruto interno. Por su parte, la consultora LCG advirtió que los cambios normativos destinados a facilitar el acceso al crédito difícilmente provoquen una recuperación vigorosa mientras persista la preocupación por la morosidad. La evolución del empleo y los salarios, señalaron, depende de la dinámica económica y no puede modificarse mediante una disposición administrativa.

El comportamiento del segmento en dólares muestra una dinámica diferente. Los depósitos privados en moneda extranjera alcanzaron los 42.000 millones de dólares, tras aumentar en 1.000 millones durante septiembre. Al mismo tiempo, los préstamos en esa moneda crecieron un 3,8%, hasta los 26.200 millones de dólares, según Grupo SBS. En paralelo, las compras netas de billetes y divisas del sector privado se aproximaron a los 2.700 millones de dólares durante agosto, de acuerdo con los datos citados por la Fundación Mediterránea.

Para esa entidad, la demanda de dólares responde, en parte, a una reconfiguración de las carteras en un escenario de desaceleración inflacionaria y depreciación cambiaria inferior a la evolución de los precios. La preferencia por la moneda extranjera contrasta con la falta de recuperación de la demanda de pesos y plantea un desafío para la autoridad monetaria, que busca acumular reservas sin generar presiones inflacionarias.

Ante este escenario, el Gobierno comenzó a recurrir a mecanismos alternativos para impulsar el financiamiento, entre ellos el crédito en dólares para agentes económicos que no generan ingresos en esa moneda y la utilización de recursos del FGS para promover los préstamos hipotecarios. Estas herramientas apuntan a estimular segmentos específicos sin depender exclusivamente de una reducción de tasas, una flexibilización de los encajes o una expansión monetaria más amplia.

El desafío sigue siendo recuperar la capacidad de consumo de los hogares y restablecer la confianza necesaria para que las familias y las entidades financieras vuelvan a tomar riesgos. Mientras los ingresos continúen condicionados y la morosidad limite la oferta, la baja de tasas tendrá un alcance acotado. La evolución del crédito será, por lo tanto, uno de los indicadores centrales para determinar si la estabilidad monetaria consigue trasladarse a la actividad cotidiana.

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