
Juez desafía a Llaryora y pone a la oposición cordobesa ante su hora decisiva
CÓRDOBA
Agencia de Noticias del Interior
RESUMEN
- Luis Juez volvió a marcar distancia con algunas decisiones del Gobierno nacional, aunque ratificó su condición de aliado de Javier Milei.
- El senador cuestionó con dureza a Martín Llaryora y puso bajo la lupa el denominado “cordobesismo”.
- Juez sostuvo que el oficialismo provincial construyó poder incorporando dirigentes de distintos partidos y utilizando recursos de la estructura estatal.
- Frente a las aspiraciones de Rodrigo de Loredo, Gabriel Bornoroni y el propio Juez, reclamó encontrar una fórmula que permita presentar una oposición unificada.
- El senador no resigna su aspiración a la gobernación, pero afirmó que está dispuesto a discutir alternativas para evitar que la división opositora termine favoreciendo al oficialismo.
Luis Juez volvió a poner el dedo en la llaga de la política cordobesa. En una extensa entrevista con Jorge Fontevecchia para Modo Fontevecchia, de Perfil y Radio Perfil, el senador nacional habló de Javier Milei, de sus diferencias con algunas decisiones del Gobierno y, fundamentalmente, de la pelea que se viene en Córdoba.
Y si algo quedó claro después de sus declaraciones es que Juez no piensa retirarse de la discusión por la gobernación, aunque tampoco parece dispuesto a convertir su candidatura en una condición que impida un acuerdo opositor.
El dirigente cordobés explicó que su relación con el Gobierno nacional debe entenderse desde el lugar de aliado y no de subordinado. En esa lógica, sostuvo que acompañará aquello con lo que coincida, pero también señalará aquello que considere equivocado.
Para Juez, callarse para no incomodar al poder sería un error. Por eso defendió públicamente sus cuestionamientos, especialmente alrededor de las políticas vinculadas con discapacidad, y aseguró que su intención es advertir sobre posibles consecuencias antes de que los problemas se hagan más grandes.
“Como aliado tengo la necesidad de decir: esto sí y lo voy a acompañar; esto no y no me van a convencer”, explicó.
La definición es importante porque marca cuál pretende ser su lugar dentro del escenario nacional: acompañamiento político al Gobierno de Milei, pero sin renunciar a su propia identidad ni a la posibilidad de señalar diferencias.
La mira puesta en Llaryora
Pero el verdadero eje de la entrevista apareció cuando la conversación se trasladó a Córdoba.
Juez fue particularmente crítico con la administración de Martín Llaryora y con la construcción política que el gobernador presenta como “cordobesismo”.
Según la interpretación de Juez, esa denominación funciona como una herramienta para incorporar dirigentes provenientes de distintos partidos y ampliar la estructura oficialista.
El senador sostuvo que el Gobierno provincial consiguió sumar dirigentes del radicalismo, el PRO, el socialismo y otros sectores, debilitando de esa manera a fuerzas que originalmente podían constituir una alternativa electoral.
Para Juez, detrás de esa estrategia existe una maquinaria política que supo aprovechar las divisiones de sus adversarios.
Y allí aparece uno de los puntos centrales de su diagnóstico: el oficialismo cordobés no debería ser subestimado.
El senador cuestionó además el uso de la comunicación oficial y afirmó que existe una estrategia de marketing destinada a instalar una determinada imagen de Córdoba. En su opinión, esa construcción comunicacional no alcanza para ocultar problemas que considera evidentes en áreas como educación, salud y seguridad.
Juez incluso sostuvo que el actual gobierno provincial mantiene una relación con sectores del peronismo nacional que, a su criterio, resulta más profunda que la que tuvieron anteriores gobernadores cordobeses como José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti.
Es una interpretación política de Juez, pero revela dónde estará una parte importante de la batalla electoral: en discutir si el llamado cordobesismo representa una identidad provincial propia o si continúa siendo, en esencia, una expresión del peronismo que gobierna Córdoba desde hace décadas.
Tres nombres y una sola candidatura
El problema para la oposición es que no existe, por ahora, una única conducción.
Juez, Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni aparecen como protagonistas de una disputa que puede terminar siendo determinante.
Cada uno tiene sus argumentos.
De Loredo puede exhibir la estructura territorial del radicalismo. Bornoroni reivindica su cercanía con Milei y el espacio libertario. Juez pone sobre la mesa su extensa trayectoria política, sus anteriores candidaturas y su conocimiento de la provincia.
El problema es que una elección no se gana sumando candidaturas: se gana construyendo una alternativa capaz de reunir votos suficientes.
Juez utilizó una metáfora futbolística para explicar su posición: si el objetivo es ganar, primero hay que armar el equipo.
Y allí aparece quizás la definición más significativa de toda la entrevista: el senador no dijo que necesariamente deba ser él el candidato, pero tampoco se bajó de la carrera.
Su planteo es que las aspiraciones individuales deberán ser ordenadas en función de un objetivo mayor.
El fantasma de una oposición dividida
La historia política cordobesa ofrece antecedentes suficientes para entender la preocupación de Juez.
El senador recordó que en anteriores oportunidades las diferencias internas terminaron jugando a favor del peronismo. También advirtió que el oficialismo conoce perfectamente cómo explotar las divisiones de sus adversarios.
Por eso insistió en la necesidad de encontrar algún mecanismo que permita ordenar las candidaturas.
Una interna formal aparece como una alternativa complicada, según explicó, porque existe el riesgo de que el oficialismo pueda intervenir o influir en el proceso.
El desafío, entonces, no es menor: Juez, De Loredo y Bornoroni deberán encontrar una forma de competir sin destruirse entre ellos antes de llegar a la elección general.
Porque si cada sector decide jugar por separado, el escenario puede favorecer al oficialismo que ya conoce el territorio, dispone de una estructura política consolidada y lleva años gobernando la provincia.
Juez mantiene la ambición
A los 63 años, Juez no oculta que quiere ser gobernador.
Lo dijo con claridad y recordó que ya intentó llegar a ese lugar en otras oportunidades. No considera que los antecedentes le otorguen un derecho automático, pero sí entiende que su experiencia le permite conocer mejor los obstáculos que enfrenta Córdoba.
“Me encantaría ser gobernador de Córdoba”, admitió.
Pero inmediatamente puso el freno a cualquier interpretación de que su candidatura sea una condición innegociable.
Su mensaje fue otro: está dispuesto a conversar.
Y eso abre una discusión política que recién comienza.
Porque la pregunta ya no es solamente quién será candidato. La verdadera pregunta es si la oposición cordobesa será capaz de dejar de lado sus diferencias para construir una propuesta común.
Juez parece tenerlo claro: si la oposición vuelve a dividirse, el peronismo tendrá una ventaja considerable.
Y mientras Llaryora intenta sostener su construcción política bajo la etiqueta del “cordobesismo”, Juez, De Loredo y Bornoroni deberán resolver primero una pelea puertas adentro.
La disputa por Córdoba ya comenzó. Y antes de enfrentar al oficialismo, la oposición deberá decidir si quiere competir entre sí o si finalmente está dispuesta a jugar en el mismo equipo.



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