



RESUMEN
- Luis Juez aparece como el único dirigente opositor con verdadera capacidad para enfrentar a Martín Llaryora.
- Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni también tantean un armado, pero sus aspiraciones pueden terminar fragmentando el voto opositor.
- La elección de 2027 no debería ser una competencia de egos, sino una estrategia para terminar con décadas de peronismo en el poder.
- Si Juez es quien más mide, la discusión debería terminar allí.
- Una oposición dividida puede convertir a Llaryora en el principal beneficiario de las ambiciones ajenas.
Hay algo que en política cuesta muchísimo: reconocer que uno no es el elegido.
Y Córdoba parece estar entrando nuevamente en ese terreno peligroso donde varios dirigentes comienzan a mirarse al espejo y cada uno encuentra allí al próximo gobernador.
Rodrigo de Loredo, Gabriel Bornoroni y Luis Juez ya comenzaron a mover sus fichas. Se miden, conversan, tantean acuerdos y, naturalmente, desconfían.
Pero hay una pregunta que debería ordenar toda la discusión:
¿Quién puede ganarle a Martín Llaryora?
No quién quiere ser candidato.
No quién tiene más ganas.
No quién tiene más estructura partidaria.
No quién se siente más importante.
Quién puede ganar.
Y ahí aparece una realidad que algunos seguramente preferirían no escuchar: Luis Juez es hoy el único dirigente opositor que aparece realmente en condiciones de enfrentar a Llaryora y disputarle el poder.
Juez es quien más mide. Es quien tiene mayor conocimiento. Es quien mejor posicionado está. Y es quien ya demostró electoralmente que puede poner al peronismo contra las cuerdas.
Entonces la pregunta vuelve a ser inevitable:
¿Para qué inventar otra cosa?
Si el objetivo es ganar Córdoba, la respuesta parece bastante sencilla.
Juez.
Pero claro, en política muchas veces la lógica dura menos que una conferencia de prensa.
Porque De Loredo quiere jugar. Y está en todo su derecho. El problema aparece cuando la ambición personal empieza a confundirse con una estrategia electoral.
El radicalismo tiene una enorme responsabilidad. Si pretende construir una alternativa al peronismo, deberá decidir si quiere ser protagonista de una victoria o simplemente conservar el protagonismo de una interna.
Porque una candidatura que no tenga posibilidades reales de ganar puede terminar siendo mucho más útil para Llaryora que para quien la presenta.
Y lo mismo vale para Bornoroni.
La Libertad Avanza tiene una oportunidad enorme de disputar el poder en Córdoba, pero eso no significa que necesariamente deba poner un candidato propio si los números dicen otra cosa.
La política también consiste en saber cuándo conducir y cuándo acompañar.
Si Bornoroni puede aportar votos, estructura y el respaldo libertario a una fórmula competitiva, ¿por qué convertir esa fortaleza en una candidatura que termine dividiendo el voto opositor?
Eso no sería estrategia.
Sería vanidad.
Y Córdoba ya tuvo suficiente de eso.
Porque mientras Juez, De Loredo y Bornoroni se preguntan quién será el candidato, hay alguien que probablemente esté bastante tranquilo mirando la escena.
Martín Llaryora.
El peronismo cordobés conoce perfectamente el valor de una oposición dividida. Lo hizo durante décadas. Sabe que no siempre hace falta conquistar una mayoría aplastante cuando enfrente hay varios candidatos que se encargan de repartirse los votos.
Por eso el verdadero enemigo de la oposición no debería ser el dirigente que está sentado al lado.
El verdadero adversario está enfrente.
Y se llama Llaryora.
Córdoba tiene una oportunidad histórica de cambiar de signo político después de casi tres décadas de predominio peronista. Pero para hacerlo necesita inteligencia electoral.
Y la inteligencia electoral indica algo muy concreto:
si Luis Juez es quien más mide, si es quien mejor está posicionado y si es quien tiene mayores posibilidades de derrotar a Llaryora, entonces no hay demasiadas vueltas que darle.
El resto puede discutir lugares.
Puede discutir ministerios.
Puede discutir bancas.
Puede discutir quién encabeza la lista de legisladores.
Puede discutir hasta el color de la boleta.
Pero hay una discusión que no debería existir:
quién debe enfrentar a Llaryora.
Hoy, la respuesta es Luis Juez.
Y si alguno insiste en competir solamente para demostrar que también puede ser candidato, deberá asumir una responsabilidad política enorme.
Porque si la división opositora termina permitiendo que Llaryora conserve el poder, después no habrá encuesta, conferencia de prensa ni explicación política que alcance.
Los cordobeses podrán recordar perfectamente quién hizo posible la derrota.
La política exige grandeza.
A veces ganar significa encabezar.
Y otras veces, ganar significa saber acompañar.
En 2027, la oposición cordobesa tiene que decidir qué quiere.
Si quiere sacarle Córdoba al peronismo, hoy hay un solo nombre capaz de encabezar esa pelea: Luis Juez.
Todo lo demás puede esperar.
Porque primero hay que ganar.
Y para ganar, hay que dejar de jugar para uno mismo y empezar a jugar para derrotar a Llaryora.


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