De Loredo y Bornoroni, frente a una pulseada clave: ¿encuestas, internas o unidad para enfrentar al peronismo?

POLÍTICAAgencia 24 NoticiasAgencia 24 Noticias

La carrera por definir quién encabezará la oposición cordobesa rumbo a 2027 sumó un nuevo capítulo con un cruce indirecto entre Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni. El dirigente radical elogió al libertario al considerarlo un “gran intendente”, aunque detrás de esa definición amable volvió a aparecer una disputa de fondo: cuál debería ser el mecanismo para elegir al candidato opositor a la Gobernación.

Consultado sobre cómo debería organizarse la oposición para enfrentar a Hacemos Unidos por Córdoba, De Loredo sostuvo que actualmente es quien obtiene mejores resultados en las mediciones. Su propuesta contempla dos caminos para resolver una candidatura común: primero mencionó las internas y, como alternativa, planteó recurrir a encuestas.

Bornoroni, por su parte, evitó entrar en una confrontación pública. Sin embargo, desde La Libertad Avanza apareció una respuesta indirecta mediante la difusión de una encuesta que ubica al jefe de la bancada libertaria en Diputados con posibilidades de imponerse tanto en un escenario de enfrentamiento directo con el oficialismo como en una elección con la oposición dividida.

La encuesta como herramienta de posicionamiento

La difusión del estudio puede interpretarse como un intento de instalar una idea concreta dentro de la discusión opositora: que la unidad de todos los sectores no necesariamente sería imprescindible para que LLA pueda disputar con éxito el Gobierno provincial.

En otras palabras, el mensaje libertario apunta a relativizar la necesidad de una alianza con sectores radicales y, particularmente, con De Loredo.

Sin embargo, el resultado de las últimas elecciones municipales en Marcos Juárez funciona como una advertencia para esa estrategia. La fragmentación opositora y la falta de participación de buena parte del electorado ubicado hacia la derecha facilitaron una contundente victoria del peronismo.

El antecedente obliga a tomar con cautela la hipótesis de que una candidatura libertaria pueda imponerse sin necesidad de construir acuerdos con otros sectores opositores.

El problema de medir una elección que todavía no existe

Otro aspecto de la discusión pasa por la utilidad de las encuestas en esta etapa. Con una elección provincial que todavía ni siquiera tiene fecha definida, las mediciones de intención de voto pueden tener un valor más político que predictivo.

A muchos meses de la elección, los estudios sirven para instalar nombres, fortalecer posiciones y condicionar las negociaciones internas, pero difícilmente puedan ofrecer una fotografía confiable del escenario que finalmente habrá en las urnas.

Los antecedentes recientes de Marcos Juárez vuelven especialmente relevante esta advertencia. Antes de los comicios, distintas mediciones anticipaban una elección mucho más pareja de la que finalmente se produjo. Germán Font terminó imponiéndose por una diferencia cercana a los 26 puntos.

Algo similar había ocurrido en la elección anterior, cuando algunas encuestas ubicaban a Verónica Crescente por encima de Sara Majorel, quien finalmente ganó con claridad.

La situación tiene además un antecedente político significativo: en aquella oportunidad, sectores opositores vinculados a De Loredo y Luis Juez también habían planteado la utilización de encuestas como mecanismo para definir candidaturas.

Bornoroni busca evitar ese camino

El libertario cuenta además con argumentos propios para cuestionar ese método. A diferencia de De Loredo, todavía no encabezó una lista electoral en una elección provincial.

En 2023, la boleta de La Libertad Avanza en Córdoba estuvo encabezada por María Celeste Ponce, mientras que en 2025 el primer lugar correspondió a Gonzalo Roca.

Por eso, una eventual menor instalación de Bornoroni no necesariamente debería ser interpretada como una debilidad definitiva. Una campaña electoral podría modificar sustancialmente su nivel de conocimiento y convertir ese margen de crecimiento en una ventaja.

Además, el recorrido tradicional dentro de la política partidaria ya no necesariamente representa un activo. En el escenario actual, la renovación y el nivel de identificación con las nuevas fuerzas también pueden convertirse en factores competitivos.

El verdadero problema: quién maneja los tiempos

Más allá de la pelea entre nombres y métodos, la principal dificultad que enfrenta la oposición cordobesa es que no controla el calendario político.

Una candidatura exclusivamente libertaria necesitaría llegar a la elección con un Gobierno nacional fortalecido y con buenos niveles de respaldo. Ese es justamente uno de los escenarios que el Centro Cívico intentará evitar.

El oficialismo provincial tendrá incentivos para elegir el momento electoral que considere más conveniente, mientras la oposición deberá tomar decisiones sin conocer todavía el contexto político, económico y nacional que marcará la campaña.

Por eso, la discusión sobre quién será el candidato no puede quedar completamente postergada. Los distintos sectores opositores necesitan comenzar a construir acuerdos antes de conocer todas las variables de la elección.

La incógnita central será si esos acuerdos desembocarán en una interna, una encuesta o una candidatura consensuada. Pero una cosa parece cada vez más clara: la definición del candidato opositor será tan importante como el mecanismo utilizado para elegirlo.

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