El nuevo “China Shock” reabre el debate sobre tecnología, seguridad y desarrollo en la Argentina

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El “China Shock 2.0” traslada la competencia desde productos básicos hacia industrias tecnológicas estratégicas.
  • China busca liderar sectores clave como inteligencia artificial, semiconductores, vehículos eléctricos y energías renovables.
  • La disputa por los chips se convirtió en uno de los principales ejes del enfrentamiento entre Beijing y Washington.
  • Los especialistas plantean que la Argentina debe evaluar cada vínculo con China considerando sus efectos de largo plazo.
  • Ricardo Hausmann atribuyó el rezago argentino a la escasa conexión entre ciencia, empresas y producción.
  • La innovación aplicada a desafíos productivos fue presentada como una condición esencial para impulsar el desarrollo económico.

La creciente competencia tecnológica entre China y Estados Unidos volvió a ocupar un lugar central en el debate sobre el futuro del comercio internacional y el desarrollo económico. Durante el XXI Seminario Internacional de Techint, especialistas internacionales advirtieron que el desafío ya no pasa únicamente por la expansión comercial del gigante asiático, sino por su avance sobre sectores estratégicos que podrían redefinir el equilibrio económico y geopolítico de las próximas décadas.

El economista estadounidense Leland Miller, fundador de China Beige Book e investigador de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China del Congreso norteamericano, sostuvo que el mundo atraviesa una nueva etapa del denominado “China Shock”, distinta a la que marcó las primeras décadas del siglo XXI.

Según explicó, la primera ola estuvo impulsada por el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio, cuando el país logró dominar industrias de bajo valor agregado como textiles, juguetes, muebles e indumentaria gracias a costos laborales muy competitivos. Sin embargo, desde la presentación del plan “Made in China 2025”, el objetivo de Beijing cambió radicalmente.

La nueva estrategia apunta a convertir a China en líder mundial de industrias intensivas en capital y tecnología, muchas de ellas estrechamente vinculadas con la seguridad nacional. Miller señaló que para 2030 el país asiático podría concentrar cerca del 45% del valor agregado industrial mundial, consolidando una posición dominante en sectores considerados críticos.

Entre las áreas priorizadas aparecen los semiconductores, la robótica avanzada, la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos, la energía renovable, la biofarmacia, la aviación, los drones y los nuevos materiales, entre otras. Un documento elaborado por la comisión estadounidense identifica 250 objetivos específicos dentro de esas diez industrias estratégicas.

El especialista consideró inviable que economías como la argentina puedan desvincularse comercialmente de China, pero advirtió que cada acuerdo financiero, productivo o tecnológico debería analizarse considerando sus consecuencias dentro de diez, quince o veinte años.

La disputa por los semiconductores aparece como uno de los frentes más sensibles de esta competencia global. Aunque China todavía mantiene una brecha respecto de Occidente en los chips más sofisticados, logró avances significativos mediante un fuerte respaldo estatal.

La empresa Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC) ya ocupa el tercer lugar mundial entre las fundiciones de chips, detrás de TSMC y Samsung, tras superar a la estadounidense GlobalFoundries en ingresos durante 2024. Además, consiguió fabricar el procesador Kirin 9000S para Huawei utilizando tecnología de litografía menos avanzada, una muestra de la capacidad china para sortear parcialmente las restricciones impuestas por Washington.

Estas limitaciones comenzaron en 2022, cuando Estados Unidos restringió la exportación de equipos y tecnologías para producir chips de última generación y coordinó medidas similares con Japón, Países Bajos y Corea del Sur.

En ese contexto también se inscriben las advertencias realizadas por funcionarios estadounidenses sobre la expansión internacional de Huawei y su participación en redes de telecomunicaciones 5G. Desde Washington sostienen que la estructura legal y política china genera interrogantes sobre el acceso estatal a información estratégica administrada por compañías del país asiático.

Más allá del diagnóstico geopolítico, el seminario también puso el foco sobre los desafíos internos de la Argentina. Ricardo Hausmann, director del Growth Lab de la Universidad de Harvard, planteó que América Latina logró avances sociales importantes sin traducirlos en un desarrollo económico sostenido.

Como ejemplo mencionó el retroceso relativo argentino respecto del ingreso por habitante estadounidense, una evolución que atribuyó principalmente al atraso tecnológico y a la débil articulación entre universidades, empresas, Estado e investigación científica.

Hausmann cuestionó además el modelo tradicional de innovación aplicado en la región y propuso observar la experiencia de Corea del Sur, donde la investigación aplicada orientada a resolver problemas productivos precedió al fortalecimiento del sistema científico y universitario.

Las diferencias resultan contundentes. Corea posee siete veces más investigadores por millón de habitantes, invierte casi diez veces más de su producto en investigación y desarrollo y genera más de doscientas veces la cantidad de patentes por millón de habitantes que la Argentina.

Como punto de partida para revertir esa situación, el economista propuso orientar la investigación hacia desafíos concretos como mejorar la extracción directa de litio, potenciar Vaca Muerta mediante nuevas tecnologías, desarrollar la industria alimentaria basada en innovación, incorporar inteligencia artificial a la producción y fortalecer las redes eléctricas sustentadas en energías renovables.

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