
El factor chino detrás de los drones Shahed que Rusia utiliza contra Ucrania
INTERNACIONALES
Agencia 24 NoticiasLa expansión de los drones Shahed utilizados por Rusia en sus ataques contra Ucrania vuelve a poner bajo la lupa una pieza clave de su cadena de producción: China. Una investigación reciente sostiene que empresas y proveedores vinculados al gigante asiático se convirtieron en una fuente fundamental de motores, componentes electrónicos y otros insumos necesarios para que Irán desarrollara y modernizara estos drones.

El entramado se habría mantenido activo pese a las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países occidentales. Parte de los componentes de uso dual —con aplicaciones civiles y militares— habría llegado a Irán mediante intermediarios y compañías utilizadas para ocultar el destino final de las mercancías.
Los Shahed se transformaron en una de las armas más utilizadas por Rusia durante la guerra en Ucrania debido a su costo relativamente bajo, su capacidad de producción a gran escala y la dificultad que supone interceptarlos cuando son lanzados en grandes cantidades.
Un desarrollo que comenzó con tecnología extranjera
La historia del programa iraní se remonta varios años y está vinculada a la necesidad de Teherán de desarrollar una industria aeronáutica capaz de funcionar bajo un régimen de fuertes restricciones internacionales.
Uno de los elementos fundamentales fue el sistema de propulsión. Para sus primeros desarrollos, los ingenieros iraníes recurrieron al motor L550 E, diseñado en Alemania y producido por Limbach Flugmotoren.
Según documentos diplomáticos estadounidenses difundidos años atrás, Irán habría conseguido acceder a estos motores mediante una red de intermediarios que utilizó documentación aduanera adulterada para sortear los controles internacionales.
Con el paso del tiempo, la tecnología fue adaptada y modificada dentro de Irán, mientras el país avanzaba hacia una mayor producción propia.
China ganó peso en la cadena de suministros
La evolución del programa llevó a que los componentes occidentales fueran progresivamente reemplazados por alternativas provenientes de China. Investigadores y funcionarios ucranianos detectaron en ejemplares de los drones piezas relacionadas con motores, servomotores, sistemas de navegación y distintos elementos electrónicos.
La importancia de China no se limitaría a un único componente. El país se habría convertido en un punto central de una compleja red internacional mediante la cual piezas fabricadas en distintos lugares pueden terminar llegando a las instalaciones iraníes.
Según la investigación, empresas de menor tamaño y compañías intermediarias desempeñaron un papel importante para mantener el flujo de materiales a pesar de las restricciones comerciales.
Los Shahed evolucionaron y son cada vez más difíciles de interceptar
El desarrollo tecnológico permitió que las nuevas generaciones de estos drones incorporaran sistemas más sofisticados de navegación y comunicaciones.
Especialistas ucranianos señalaron que algunos ejemplares recuperados presentan una mayor cantidad de antenas, módems y tarjetas SIM, elementos que pueden utilizarse para mejorar la corrección de trayectoria mediante redes locales. Una parte creciente de esos componentes procede de proveedores chinos.
También aparecieron versiones equipadas con motores a reacción, capaces de alcanzar velocidades muy superiores a las de los modelos originales. Esa evolución incrementó el desafío para los sistemas de defensa aérea y convirtió a los drones en armas todavía más difíciles de neutralizar.
Una guerra tecnológica detrás del campo de batalla
El caso Shahed expone una de las características centrales de la guerra moderna: armas relativamente económicas pueden combinar componentes fabricados en distintos países y terminar modificando el equilibrio en el campo de batalla.
Para Rusia, la disponibilidad de estos drones permitió sostener ataques masivos contra Ucrania sin depender exclusivamente de misiles mucho más costosos. Para Irán, en tanto, el programa representó una forma de desarrollar capacidades militares pese al aislamiento internacional.
Y para China, su posición dentro de las cadenas de suministro se convirtió en un factor de creciente importancia geopolítica. Las investigaciones occidentales sostienen que, pese a las sanciones, distintos proveedores continúan encontrando mecanismos para colocar en el mercado componentes que posteriormente pueden terminar integrados en sistemas militares.
El resultado es una cadena difícil de desarticular: mientras Occidente intenta bloquear el acceso de Irán y Rusia a tecnología estratégica, los fabricantes buscan nuevos proveedores, rutas comerciales e intermediarios para mantener en funcionamiento una industria de drones que ya se convirtió en una pieza central de la guerra en Ucrania.



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