
Encajes altos y crédito caro: la liquidez que amenaza con frenar la recuperación
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- El BCRA sostiene que el nivel actual de los encajes es adecuado y por ahora no contempla reducirlos.
- La política de liquidez restrictiva contribuyó a elevar el costo del crédito y llevó el spread entre tasas activas y pasivas a 2,8 veces durante 2026.
- Los préstamos personales mantienen tasas muy superiores a las ofrecidas por los depósitos, dificultando el acceso al financiamiento de familias y empresas.
- La morosidad del crédito familiar mostró una leve mejora en junio, aunque los préstamos personales continúan registrando elevados niveles de incumplimiento.
- El crédito argentino representa cerca del 15% del PBI, una proporción muy inferior a la de otras economías de la región y del mundo.
- El desafío consiste en sostener la estabilidad cambiaria y monetaria sin que la restricción de liquidez termine convirtiéndose en un obstáculo para la recuperación económica.
La discusión sobre los encajes bancarios volvió a instalarse en el centro del debate económico porque detrás de una herramienta que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) considera necesaria para ordenar la cantidad de dinero circulante aparece un problema cada vez más visible: el costo del crédito. La estrategia oficial busca mantener contenida la liquidez para evitar que una eventual presión dolarizadora se transforme en una corrida cambiaria, pero esa misma decisión tiene un efecto directo sobre las tasas que pagan familias y empresas.
El presidente del BCRA, Santiago Bausili, defendió el esquema vigente y descartó, al menos por ahora, una reducción de los encajes. Su argumento parte de una comparación histórica: sostuvo que el sistema financiero argentino funcionó en otros períodos con encajes promedio superiores a los actuales y remarcó que el análisis debe concentrarse en el encaje efectivo, es decir, en cuánto dinero queda realmente inmovilizado en relación con los depósitos y según las características de cada instrumento.
Desde la autoridad monetaria entienden que los encajes no constituyen únicamente una reserva destinada a respaldar los depósitos. También son una herramienta de política monetaria. En un contexto en el que la demanda de pesos permanece contenida, mantener una parte significativa de los fondos fuera del circuito prestable permite evitar una expansión excesiva de la liquidez que pueda trasladarse al mercado cambiario.
El problema aparece cuando esa estrategia se prolonga y comienza a impactar sobre el financiamiento. Menos dinero disponible para prestar significa mayores costos para quienes necesitan crédito. Y cuando las tasas activas aumentan considerablemente más que las tasas que reciben los depositantes, se produce una brecha que termina afectando tanto a quienes buscan financiamiento como a quienes ya están endeudados.
Los números muestran la dimensión de esa diferencia. Durante julio, la BADLAR se ubicó en torno al 21% y 22% nominal anual, mientras que los préstamos personales alcanzaron aproximadamente el 66%. Esa distancia llevó al spread entre tasas activas y pasivas a un promedio de 2,8 veces durante 2026, el nivel más elevado de los últimos 14 años.
La explicación oficial es que la política monetaria necesita preservar el equilibrio cambiario. La demanda de dólares fue compensada mediante diferentes instrumentos financieros y operaciones oficiales, mientras la compra de reservas inyectó pesos que, en determinados momentos, fueron absorbidos nuevamente. El resultado es una plaza monetaria más ajustada, que contribuye a contener las tensiones sobre el dólar pero deja un costo significativo sobre el sistema crediticio.
Algunos analistas advierten que esa tensión puede transformarse en un obstáculo para la recuperación económica. Si el crédito se encarece demasiado, las familias reducen el consumo financiado y las empresas postergan inversiones o proyectos de expansión. El problema se vuelve todavía más delicado cuando la economía necesita recuperar actividad y empleo.
El BCRA realizó modificaciones en los mecanismos de integración de encajes, entre ellas la reducción del piso de integración diaria y de la exigencia correspondiente a los depósitos a la vista. Sin embargo, desde sectores privados consideran que el esquema continúa siendo restrictivo y limita la capacidad de los bancos para transformar depósitos en préstamos.
La consecuencia más preocupante aparece en la morosidad. Después de 19 meses consecutivos de aumento, la irregularidad del crédito a las familias mostró una leve mejora en junio, al pasar del 12,8% al 12,7%. La señal puede ser alentadora, pero todavía no alcanza para hablar de un cambio de tendencia definitivo.
El segmento de préstamos personales continúa concentrando la mayor proporción de incumplimientos entre los créditos destinados a personas, con una mora del 15,9%. Las tarjetas de crédito se ubican detrás, con 11,7%, mientras que los adelantos registran un 6,4%. Al mismo tiempo, el stock de préstamos personales volvió a disminuir en términos reales durante julio y acumuló diez meses consecutivos de retroceso frente a la inflación.
La fragilidad del mercado crediticio argentino se vuelve todavía más evidente cuando se lo compara internacionalmente. El crédito representa alrededor del 15% del PBI local, una proporción muy inferior a la observada en Brasil, Chile, Estados Unidos y las principales economías europeas. La diferencia no responde solamente a los encajes: también influyen el riesgo, la inflación, la tasa real y la incertidumbre sobre el futuro.
En ese escenario, el nivel de liquidez se convierte en una variable decisiva. Un sistema financiero que presta poco y caro tiene dificultades para acompañar una recuperación económica. La política monetaria puede conseguir estabilidad cambiaria, pero si el costo de esa estabilidad consiste en bloquear el crédito durante demasiado tiempo, el beneficio financiero puede terminar chocando con el objetivo de crecimiento.
Existe, además, un problema adicional en el crédito no bancario. Las billeteras virtuales y plataformas fintech ampliaron el acceso al financiamiento de sectores que históricamente quedaron fuera del sistema tradicional, pero esa inclusión también expuso a una población con menor historial crediticio a tasas elevadas. La morosidad en este segmento llegó a niveles preocupantes, especialmente entre quienes utilizan estos instrumentos para refinanciar deudas anteriores.
El desafío para el segundo semestre será encontrar un punto de equilibrio. El BCRA necesita evitar una expansión monetaria que vuelva a generar presión sobre el dólar, pero también deberá observar cuánto puede tensar el sistema financiero sin comprometer el crédito y la actividad. La propia autoridad monetaria dejó abierta la posibilidad de que la morosidad haya alcanzado un máximo durante el segundo trimestre, lo que permitiría una recuperación gradual del financiamiento.
La cuestión central será entonces determinar cuándo la restricción deja de ser una herramienta de estabilización y comienza a convertirse en un freno. La Argentina necesita moneda estable, pero también necesita crédito. Necesita contener la inflación, pero no puede hacerlo indefinidamente a costa de asfixiar a quienes producen, invierten o consumen.
La recuperación económica requiere que el dinero vuelva a circular por canales productivos. Si los bancos reciben depósitos pero encuentran cada vez menos margen para prestarlos a tasas razonables, el sistema puede conservar estabilidad financiera y, al mismo tiempo, quedarse sin capacidad para impulsar el crecimiento.
El Gobierno y el BCRA sostienen que los encajes actuales son adecuados. El mercado, en cambio, advierte que el precio de esa decisión ya se observa en las tasas, en la caída real de los préstamos y en una morosidad todavía elevada. La discusión, por lo tanto, no pasa solamente por saber si los encajes son altos o bajos en términos históricos, sino por determinar cuánto tiempo puede sostenerse una política de liquidez restrictiva sin que sus efectos terminen pesando sobre la recuperación que la propia estrategia económica busca consolidar.



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