La inversión acumula ocho caídas consecutivas y crecen las dudas sobre la capacidad del RIGI para impulsar la recuperación

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La inversión acumuló ocho caídas interanuales consecutivas durante junio.
  • En el primer semestre registró una contracción del 7,6% respecto del mismo período de 2025.
  • Los equipos durables de producción volvieron a mostrar los descensos más pronunciados, tanto en bienes nacionales como importados.
  • La construcción fue el único sector que exhibió una leve mejora interanual.
  • Los especialistas consideran que el RIGI podría moderar la caída, pero no alcanzar para generar una recuperación generalizada en el corto plazo.
  • La baja inversión continúa siendo uno de los principales desafíos para consolidar un crecimiento económico sostenido.

La inversión en la Argentina continúa atravesando un escenario de marcada debilidad y sumó en junio su octava caída interanual consecutiva, consolidando una tendencia que mantiene en alerta a analistas y economistas. Durante el primer semestre del año, la Inversión Bruta Interna registró una contracción acumulada del 7,6% respecto del mismo período de 2025, reflejando las dificultades que enfrenta el aparato productivo para recuperar dinamismo.

Las estimaciones privadas muestran que en junio la inversión retrocedió un 6,2% en comparación con igual mes del año pasado y también exhibió una baja del 0,4% frente a mayo en términos desestacionalizados. De esta manera, la actividad continúa mostrando un comportamiento irregular, alternando leves recuperaciones con nuevas caídas, sin lograr consolidar una tendencia sostenida de crecimiento.

Los datos revelan que el segmento más afectado volvió a ser el de los equipos durables de producción. La inversión en maquinaria y equipamiento de origen nacional cayó un 9,5% interanual, mientras que los bienes importados registraron un descenso aún mayor, del 12,7%. Estos indicadores reflejan la cautela que mantienen las empresas al momento de realizar desembolsos destinados a ampliar o modernizar su capacidad productiva.

La única excepción dentro del panorama general fue la construcción, que consiguió una leve mejora del 0,4% respecto de junio de 2025. También se observaron pequeños avances en algunos indicadores vinculados al patentamiento de vehículos comerciales pesados, aunque los especialistas consideran que estos movimientos todavía resultan insuficientes para modificar la tendencia general.

Los informes coinciden en señalar que la inversión permanece en niveles históricamente bajos. De hecho, la medición desestacionalizada ubicó al registro de junio como el tercero más reducido desde octubre de 2024, superando únicamente a los observados en noviembre del año pasado y abril de este año.

Las perspectivas para el segundo semestre tampoco muestran señales contundentes de recuperación. Si bien algunos analistas consideran que la velocidad de la caída podría moderarse, advierten que todavía no existen factores suficientemente sólidos que permitan proyectar un cambio de tendencia en el corto plazo.

En ese contexto, buena parte de las expectativas oficiales están depositadas en el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), diseñado para atraer proyectos de gran escala, especialmente en sectores estratégicos. Sin embargo, diversos especialistas sostienen que el impacto del programa será limitado debido a que los cronogramas de ejecución de las inversiones son extensos y dependen de decisiones empresariales que pueden modificarse con el tiempo.

Las estadísticas oficiales también reflejan la magnitud del desafío. Durante el primer trimestre de 2026, la inversión retrocedió un 11% interanual y acumuló cuatro bajas consecutivas en términos desestacionalizados. Además, su participación dentro del Producto Bruto Interno se ubicó en apenas el 14,3%, un porcentaje considerablemente inferior al nivel que distintos especialistas consideran necesario para sostener un proceso de crecimiento económico de largo plazo.

Entre las principales causas de esta situación se mencionan la debilidad del mercado interno, la pérdida de poder adquisitivo, la paralización de gran parte de la obra pública, el escaso dinamismo de la construcción privada, las restricciones de acceso al crédito y la incertidumbre respecto de la evolución futura del esquema económico.

Los analistas también advierten que, aunque sectores como la minería, la energía y el agro continúan generando proyectos de inversión, su peso relativo dentro del conjunto de la economía resulta insuficiente para impulsar una recuperación amplia. En consecuencia, consideran que el desafío pasa por generar condiciones que permitan extender ese proceso hacia el resto de las actividades productivas mediante mayores encadenamientos industriales y un incremento sostenido de la inversión privada.

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