
Ricardo Arriazu advirtió que la apertura económica puede generar nuevos focos de desempleo y pobreza
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- Los cambios productivos podrían afectar especialmente al Gran Buenos Aires por la pérdida de peso de algunos sectores industriales.
- Arriazu advirtió que la baja movilidad de la población podría generar nuevos focos de desempleo, pobreza y conflictividad social.
- El economista destacó que el equilibrio fiscal y el superávit externo constituyen la principal diferencia respecto de programas económicos anteriores.
- Anticipó que el próximo año podría registrarse presión sobre el mercado cambiario, aunque estimó que sería hacia el tramo final del calendario electoral.
- Identificó a la minería, Vaca Muerta, el agro y la economía del conocimiento como algunos de los principales motores del crecimiento futuro.
- Estimó que la economía crecerá alrededor del 3,5%, aunque remarcó que la confianza y la demanda de dólares seguirán condicionando la evolución de la actividad.
La apertura económica impulsada por el Gobierno continúa generando análisis sobre sus efectos de mediano y largo plazo. En ese contexto, el economista Ricardo Arriazu sostuvo que el proceso de transformación que atraviesa la Argentina modificará el mapa productivo del país, con consecuencias muy diferentes según la región y la actividad económica.
Durante una exposición, Arriazu explicó que la mayor competencia internacional favorecerá a sectores vinculados con los recursos naturales, mientras que parte de la estructura industrial tradicional, especialmente la radicada en el Gran Buenos Aires, enfrentará mayores dificultades para sostener su competitividad. A su juicio, este reordenamiento implicará la existencia de actividades ganadoras y otras que perderán participación dentro de la economía nacional.
Sin embargo, el economista consideró que el principal desafío no será exclusivamente productivo, sino social. Explicó que, aunque la actividad económica se desplace hacia otras regiones del país, la población no suele acompañar esos movimientos con la misma velocidad. Esa falta de movilidad laboral y geográfica podría provocar la aparición de importantes focos de desempleo, pobreza y malestar social en zonas densamente pobladas, particularmente en el conurbano bonaerense.
Según Arriazu, ese escenario requiere políticas específicas que permitan amortiguar los efectos de la transición. En ese sentido, sostuvo que el fenómeno no se resolverá por sí solo y que demandará planificación para evitar que los cambios económicos profundicen las desigualdades territoriales.
En materia macroeconómica, el economista destacó que el principal rasgo distintivo del actual programa económico respecto de experiencias anteriores es la eliminación del déficit fiscal. Consideró que ese equilibrio permitió alcanzar simultáneamente superávit fiscal y superávit externo, una combinación que definió como poco frecuente en la historia económica argentina y prácticamente inexistente en el resto de América Latina.
Respecto del mercado cambiario, Arriazu volvió a insistir en que la Argentina continúa funcionando como una economía bimonetaria, donde el dólar conserva un papel central tanto como referencia de valor como instrumento de ahorro. Bajo esa lógica, señaló que la demanda de divisas seguirá siendo una de las variables más importantes para evaluar la evolución económica durante el próximo año.
El economista recordó que durante el último año los argentinos adquirieron aproximadamente 40.000 millones de dólares y estimó que esa demanda continuará siendo elevada, aunque inferior, en un contexto atravesado por el calendario electoral. En ese marco, anticipó que podrían registrarse episodios de tensión cambiaria, aunque consideró que llegarían hacia la parte final del proceso electoral, otorgándole previamente al Gobierno margen para fortalecer sus reservas.
Al proyectar el futuro de la economía argentina, Arriazu identificó siete factores que, a su entender, impulsarán una transformación estructural de largo plazo. Entre ellos mencionó la estabilidad macroeconómica, el desarrollo de Vaca Muerta, la expansión de la minería, una eventual mejora en las condiciones para el agro, el crecimiento de la economía del conocimiento, la apertura comercial y una reducción sostenida del tipo de cambio real.
En relación con la minería, destacó especialmente el potencial de los yacimientos de cobre ubicados entre San Juan y La Rioja, que consideró capaces de convertir al país en uno de los principales productores mundiales. No obstante, advirtió que semejante expansión exigirá importantes inversiones en infraestructura y logística, ya que la capacidad instalada actual podría resultar insuficiente para abastecer la demanda de insumos y transporte.
Sobre la evolución de la actividad económica durante este año, Arriazu proyectó un crecimiento cercano al 3,5%, impulsado por la recuperación de la cosecha, el incremento de la producción de hidrocarburos y el efecto estadístico favorable. Sin embargo, aclaró que ese desempeño dependerá, en gran medida, del comportamiento de la demanda de dólares por parte de los ahorristas.
Finalmente, reconoció que aún no encuentra una explicación concluyente para la caída registrada por el Estimador Mensual de Actividad Económica durante abril y mayo. Asimismo, sostuvo que la evolución de la confianza social será un elemento decisivo durante el año electoral y afirmó que esa percepción estará estrechamente vinculada con la continuidad de la desaceleración inflacionaria y la recuperación del salario real.


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