La receta del FMI para que Argentina acumule reservas mientras el Banco Central supera los US$3.000 millones en compras

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El Banco Central compró más de 3.000 millones de dólares en los primeros meses de 2026
  • El ritmo de adquisiciones se desaceleró en marzo en medio de tensiones internacionales
  • Javier Milei advirtió sobre el riesgo de que la compra de divisas impacte en la inflación
  • El FMI remarcó la importancia de acumular reservas para fortalecer la estabilidad financiera
  • Pierre-Olivier Gourinchas recomendó que la acumulación sea gradual y basada en fundamentos sólidos
  • El desafío para la economía argentina es fortalecer reservas sin desestabilizar el equilibrio macroeconómico

La acumulación de reservas volvió a instalarse en el centro del debate económico argentino. En los primeros meses de 2026, el Banco Central logró comprar más de 3.000 millones de dólares en el mercado cambiario, una cifra que en principio fue bien recibida por analistas e inversores que venían reclamando una mayor recomposición del stock de divisas.

Las cifras oficiales muestran un ritmo significativo de compras durante el arranque del año. En enero, la autoridad monetaria incorporó alrededor de 1.158 millones de dólares, mientras que en febrero el saldo positivo ascendió a unos 1.557 millones. En lo que va de marzo, en cambio, el ritmo se moderó y las adquisiciones se ubican por debajo de los 300 millones de dólares.

Ese cambio en la velocidad de acumulación ocurre en un contexto internacional atravesado por nuevas tensiones geopolíticas, particularmente por el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente. Al mismo tiempo, dentro del propio Gobierno persiste un debate sobre cuál debe ser el ritmo adecuado para fortalecer las reservas sin generar efectos colaterales en la economía.

El propio presidente Javier Milei dejó entrever esa preocupación durante una exposición realizada en Nueva York en el marco del Argentina Week. Allí, frente a empresarios e inversores, se dirigió al titular del Banco Central, Santiago Bausili, y lo instó a prepararse para una eventual mayor llegada de divisas, aunque advirtió sobre los riesgos de que esa dinámica se traslade a la inflación.

El comentario presidencial reflejó una de las tensiones centrales de la política económica actual: cómo aumentar el nivel de reservas sin provocar una expansión monetaria que complique el proceso de desinflación que impulsa el Gobierno.

El debate no se limita al plano local. Desde el ámbito internacional, el economista francés Pierre-Olivier Gourinchas, director de investigaciones del Fondo Monetario Internacional, planteó recientemente una serie de criterios sobre la importancia de la acumulación de reservas para las economías emergentes.

Durante un encuentro económico realizado en Arabia Saudita, el funcionario del organismo destacó que contar con niveles adecuados de reservas constituye un factor clave para proteger a los países frente a crisis financieras o shocks externos. Según explicó, las economías con mayores colchones de divisas suelen mostrar mayor capacidad de resistencia frente a episodios de volatilidad global.

Gourinchas señaló además que, si bien las reservas internacionales han crecido considerablemente en las últimas décadas, su distribución sigue siendo desigual. Algunos países acumulan montos muy superiores a los necesarios para enfrentar crisis, mientras que otras economías continúan operando con niveles insuficientes de liquidez externa.

Para ilustrar esa situación, el economista apeló a una comparación clásica: la fábula de la cigarra y la hormiga. Así como los hogares necesitan ahorrar recursos para afrontar imprevistos, sostuvo, los países también requieren activos líquidos que puedan utilizarse rápidamente en momentos de tensión financiera.

El funcionario del organismo multilateral advirtió, sin embargo, que la acumulación de reservas debe realizarse de manera gradual y con fundamentos sólidos. Entre otras recomendaciones, señaló que los países deberían evitar construir esos colchones mediante endeudamiento en moneda extranjera o a través de mecanismos financieros de corto plazo.

La experiencia histórica, agregó, muestra que los programas de estabilización más exitosos fueron aquellos que lograron acumular reservas a lo largo de períodos prolongados, generalmente respaldados por superávits fiscales y comerciales sostenidos.

En ese sentido, el economista recordó que varios intentos de estabilización en décadas pasadas fracasaron justamente por no haber logrado fortalecer el balance externo de manera genuina. Cuando los flujos de capital se interrumpieron, esos programas quedaron expuestos a crisis abruptas.

La acumulación de reservas, sin embargo, también tiene costos. Mantener activos líquidos suele implicar rendimientos más bajos que otras inversiones posibles, lo que genera un costo de oportunidad para los países. Además, si el proceso no se acompaña con mecanismos de esterilización adecuados, puede alimentar presiones inflacionarias.

Por ese motivo, desde el FMI también se planteó la necesidad de avanzar en mecanismos internacionales que reduzcan el costo de mantener reservas. Entre las alternativas mencionadas figura ampliar las opciones de inversión disponibles para los bancos centrales o crear esquemas de inversión conjunta que permitan mejorar la rentabilidad de esos activos sin sacrificar liquidez.

En el caso argentino, el desafío sigue siendo encontrar el equilibrio entre fortalecer las reservas y sostener la estabilidad macroeconómica. Mientras el Banco Central continúa sumando divisas en el mercado, el debate sobre el ritmo y la forma de hacerlo permanece abierto tanto dentro del Gobierno como entre los analistas.

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